monforte / la voz

Luis Lillo Pérez fue uno de los estandartes de la cantera del fútbol local, y además tuvo el privilegio de enfrentarse en un partido amistoso a Johan Cruyff. Fue a mediados de la década de los setenta. El monfortino era jugador del Lleida y el holandés se había convertido en el auténtico referente del FC Barcelona. Precisamente, esa instantánea es una de las que el exfutbolista del Club Lemos guardará siempre en su retina

Lillo se inició en el fútbol con 10 años, y lo hizo en el Morín, el equipo del barrio en el que nació y que jugaba sus partidos en el campo que estaba ubicado en lo que hoy es el cuartel de la Guardia Civil. Pronto comenzó a destacar, lo que propició que fueran varios los equipos que quisieran enrolarlo en sus filas. También jugó en el conjunto de la Peña y del Arenas en la liga local, que organizaba el Frente de Juventudes.

«Era una liga complicada, y el Calasancio se había convertido en el rival a batir, porque muchos de los internos que había en los Escolapios tenían mucha calidad», indica Lillo.

El lateral monfortino reforzó al Escairón en el torneo de modestos y fichó por el Juventud, un equipo de la Estación que presidía el venezolano Madarnás, dueño del restaurante Galicia. «Era un hombre que quería hacer un equipo potente para ganar todos los trofeos y no regateaba esfuerzos en fichar. Nos entrenaba Kiss», recuerda Lillo.

Su fichaje por el Lemos

Con tan solo 18 años dio el salto al Club Lemos. Fue en la década de los sesenta. «Primero empezamos entrenando y a jugar los partidos de los jueves, y a los que veían con proyección los fichaban. Y a mí me incorporaron al equipo», señala.

Lillo comenzó jugando como delantero y extremo, pero ya en el Lemos, el técnico, Leardi, lo colocó de extremo. Eso sí, sin darle ninguna explicación. A él no le importó, porque se adaptó perfectamente a su nueva posición. «Pero con Pontoni volví a jugar de delantero, y recuerdo que una temporada marqué nueve goles en esa posición», añade.

El futbolista monfortino destacaba por su polivalencia, rapidez y técnica. Su compromiso era total. «Me gustaba dar caña», afirma Lillo.

Estuvo un lustro en el Club Lemos, equipo en el que despuntó y que le valió para despertar el interés de muchos equipos en ficharlo. Recuerda con cariño los partidos que disputaba en el Luis Bodegas. «Era espectacular ver las gradas llenas. Los partidos contra el Ourense y el Lugo eran intensos por la rivalidad que existía. Pero recuerdo, sobre todo un partido contra el Ensidesa, el gran favorito para llevarse la liga, al que le ganamos por 2-1», dice.

Como a cualquier otro niño de Monforte, su sueño siempre fue jugar en el Club Lemos. «Lo máximo ya era que te llevaran a los desplazamientos. Jugar en el Lemos te daba mucho prestigio», apunta. Precisamente, Lillo recuerda esos viajes. «Íbamos en el coche sin calefacción, y recuerdo que mi madre me preparó una manta para combatir el frío. Además, las carreteras eran tercermundistas y nos llevaba mucho tiempo ir de un lado para otro. Cuando llegabas a Monforte no te daba tiempo a descansar y ya ibas directo al trabajo», comenta.

El monfortino guarda gratos recuerdos de los desplazamientos a Bilbao, Sestao, Santander y Baracaldo, entre otros.

A punto de llegar a Primera

En el último año en el Lemos le surgió la oportunidad de probar por el Granada, «Cogí el expreso a Madrid y desde allí el coche-cama a Granada. Estuve quince días y me salió todo bien, pero al final no me cogieron, y aún no sé las razones. Es verdad que no iba tutelado por nadie», asegura. Aquí coincidió con De La Cruz y Barros, que posteriormente ficharon por el FC Barcelona.

Al regresar de tierras andaluzas, su siguiente parada fue el Ourense, donde estuvo dos temporadas. «Fichar por este club suponía hacerlo por el Real Madrid de Galicia. Pero una grave lesión en el tendón de Aquiles me tuvo una temporada sin jugar», indica.

En el equipo ourensano coincidió con Manolo Tomé, Mantecón, Merichinaga, García, Ibarrondo, Barros y Echevarría. La siguiente parada de Lillo fue el Lleida. «Un chico de Monforte llamado Buján que jugaba allí me dijo si quería irme para Cataluña, y no me lo pensé, porque iba a competir a una Tercera muy potente», asegura.

Se fue cobrando 200.000 pesetas, y disputó un partido en el Camp Nou contra el Barcelona Atlético. «Me adapté bien, pero no tuve demasiada suerte con el entrenador, y además después surgieron problemas en el seno del club», puntualiza.

Tras dos temporadas regresó a Galicia y fichó por la SD Sarriana. En este equipo coincidió con los monfortinos Torres, Mosquito, Guillermo, Xaneco y Roberto. «La mayoría de los jugadores de Monforte se marchaban para Sarria porque se acababan cabreando con los directivos del Lemos, que sí trabajaban, pero no eran profesionales». afirma.

Con tan solo 28 años, Lillo colgó las botas. Lo hizo porque en ese momento se empleó en la Renfe. No siguió como entrenador, pero sí estuvo siempre atento a la trayectoria del Club Lemos, al que difícilmente ve en Tercera División. «Monforte bajó bastante y no hay suficiente respaldo ni gente que se involucre para llevar al equipo a Tercera División. Considero que la Preferente ahora mismo es la categoría natural del Lemos», indica.

Lillo recuerda que antiguamente solo cobraban los futbolistas que venían de fuera. «Se cobraba hasta diciembre, pero después ya no había. Recuerdo que entonces entrenábamos con la misma ropa y usábamos la misma toalla toda la semana. Antes de entrenar, Leardi nos mandaba coger la carretilla y recoger todas las piedras del campo Luis Bodegas. Entonces socializábamos mucho, porque salíamos de ejercitarnos e íbamos todos al Seis a comer el bocadillo, y yo esto no se da», afirma.

Ahora, la atención de Lillo es para su nieto, Lucas, futbolista del Calasancio. «Lo veo bien, es muy técnico, y yo lo animo mucho», concluye.

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Lillo, el monfortino que jugó contra Cruyff