El mejor portero gallego jugó en el Lemos

El vigués Fernando Rey Tapias dejó su impronta en el club monfortino a principios de los setenta


monforte / la voz

Los aficionados del Club Lemos siempre tendrán un gran recuerdo de uno de los porteros más destacados que pasó por Monforte. Ese fue Fernando Rey Tapias, cuya aportación al equipo fue fundamental en su primera temporada, en la que el Lemos logró la novena plaza de Tercera División.

El guardameta llegó con 25 años en la campaña 73-74 procedente del Compostela. Fernández decidió fichar por el Lemos tras el descenso del equipo santiagués. Renunció al profesionalismo, apostando por el fútbol aficionado. Fue clave en su incorporación la presencia de Biesca en el banquillo lemista -el técnico ya lo conocía de su etapa en el Compostela-. «La directiva del Lemos se dirigió a mí y aceptó una serie de condiciones que le puse para ficharme. La primera era que solo podría entrenar un día a la semana, que fue los jueves, y viajar en coche a todos los desplazamientos», indica el guardameta.

Sus estudios de Económicas y el tenis fueron las razones que provocaron esas peticiones, que fueron aceptadas por el entonces presidente, Toledo. «Salíamos el sábado después de comer y regresábamos al terminar el partido. Fue fútbol romántico, y tengo que decir que todo resultó bien, ya que el resto de futbolistas de la plantilla aceptaron mi situación y la de José Antonio, Mundo y Tucho de la Torre», añade.

Rey Tapias recuerda con mucho cariño su etapa en el Lemos, sobre todo la primera temporada. «Fue fantástica. Acabamos novenos a tan solo tres puntos del sexto. Aquella Tercera tenía un nivel de la Segunda B actual. Ahí estaban Racing de Ferrol, Pontevedra, Ourense, Deportivo y Lugo. Precisamente acabamos delante de este último equipo. El Lemos era el quinto equipo de Galicia», afirma Rey.

Las anécdotas

El buen ambiente reinaba en la plantilla del Lemos, pero de vez en cuando había piques. «Quico, Gaona y Albino eran nuestros tres centrales y se llevaban muy mal. Cuando les tocaba jugar a los tres juntos ni se hablaban. Jugaban para si pero no corregían los errores de los compañeros», dice.

Tiene elogios para Tucho de la Torre, el más veterano del Lemos en su época. «Era un futbolista con clase, expeditivo y con anticipación, que jugaba de líbero. tenía 35 años, pero era nuestro referente», afirma. También recuerda los viajes, que califica de «heroicos». «Íbamos cuatro en coche y la condición era que condujera yo. Cuando íbamos al País Vasco ibas con miedo, ya que era la época de ETA, y en los cruces estaba la Guardia Civil. te paraban y te metían la metralleta en el coche para identificarte. Al regresar de madrugada había niebla, te entraba el sueño, te jugabas el pescuezo», apunta.

En la segunda temporada compartió vestuario con Vita, un joven portero, con el que mantuvo una gran relación a pesar de la competencia por la titularidad. «Era un chaval fantástico, hacía vestuario y simbolizaba la gente que se quedaba en Monforte, como Porral, Nando, José Antonio y Mundo», asegura.

Rey Tapias destaca el apoyo incondicional de la afición lemista. «Llenaban el Luis Bodegas y se dejaban oír en todos los campos que visitábamos. Incluso se acercaban a los hoteles en los que nos concentrábamos. No me puedo olvidar de aquellos Lemos-Lugo, que eran a muerte y en los que el público nos llevaba en volandas», comenta.

Su segunda campaña en Monforte no fue tan buena, puesto que se lesionó en un triangular que jugaron Lemos, Lugo y Deportivo en la inauguración del Anxo Carro. A pesar de sus 1,77 metros, su agilidad y sus reflejos lo convirtieron en uno de los mejores porteros de España, solo superado por Iríbar. Pudo fichar por el Real Madrid, pero la negativa del Bouzas -fue el equipo en el que se formó- a dejarle acudir con el Celta a disputar un amistoso contra el equipo blanco, hizo que los vigueses optaran por el ourensano Miguel Ángel, que fue quien fichó. También lo quiso el Español, e incluso llegó a desplazarse a Barcelona para firmar, pero al final no quiso.

Su idilio con el fútbol comenzó en los Jesuitas con 8 años, donde coincidió con el exjugador del Barça, Quique Costas. En el Celta se reencontraron años más tarde. Con 18 años debutó en Tercera. Explica como optó por la portería. «Me puse de portero en los recreos en los Jesuitas, porque había mucha demanda para ser jugador de campo, pero para la portería no iba nadie, y fui yo», indica Fichó por el Celta, donde estuvo una temporada en la que jugó seis partidos. Llegó a una semifinal de la copa del Rey contra el Real Madrid. En Balaídos ganaron 3-2 y en el Bernabéu sucumbieron por 3-0.

Mientas estaba en el Lemos fueron varios los ojeadores del Valencia, Atlético de Madrid y Real Madrid que lo siguieron. También lo quiso el Racing, que vino a verlo a Monforte, y finalmente se llevó al delantero lemista, Cucala. Desde el Celta se fue al Turista para después fichar por el Compostela. Luego, vino el Lemos. Después pasó al Turista para acabar en el Pontevedra, donde coincidió con Fernando Castro Santos y Gaby Leis. En Pasarón colgó las botas con 29 años.

En la temporada 77-78 fue delegado de Galicia de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE). Pudo ser gerente del Celta. «Fue después del asesinato de Quinocho cuando estuve cerca de poder asumir la gerencia, pero no valoré esa posibilidad. A mí lo que realmente me entusiasmó era el fútbol por fuera, porque viendo las entrañas lo de dentro no me gustaba. De ahí mi romanticismo», señala.

Pudo llegar a Primera. «No tengo esa espina clavada. Quizás me habría gustado para demostrarme a mí mismo mi valía», dice. Su otra gran pasión es el tenis. Fue campeón gallego y sacó a Óscar Burrieza y a Lourdes Domínguez. Ahora dirige la Escuela Náutica de Vigo, con más de 300 niños. Su apuesta es por la formación y define al deporte como «un estilo de vida». Fue campeón provincial de atletismo.

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