Ribeira Sacra comienza a suplir con temporeros la falta de mano de obra

Bodegas como Rectoral o Abadía da Cova recurrieron a esa fórmula

Jornaleros en la vendimia de una de las viñas de Adega Guímaro
Jornaleros en la vendimia de una de las viñas de Adega Guímaro

monforte / la voz

Las complicaciones para encontrar vendimiadores en Ribeira Sacra no son de ahora. Las estadísticas del consejo regulador ofrecen alguna pista sobre el porqué de la escasez de mano de obra. En el año 2018, de un total de 2.397 viticultores censados en la denominación de origen solo 150 habían nacido antes de 1970. Las bodegas fueron capeando hasta ahora el temporal demográfico, pero en la cosecha de la pandemia las cosas se han puesto cuesta arriba. Por vez primera, el recurso a los temporeros se impone como solución para un número significativo de empresas del sector a la hora de recolectar la uva.

Rectoral de Amandi, la mayor bodega de la denominación de origen, tuvo que recurrir a ese tipo de trabajadores. No era lo habitual, pero «cada vez hai menos xente e este ano posiblemente influíse o medo ao covid-19», apunta Antonio Lago, técnico de la bodega. Los temporeros que recogen la uva en sus viñedos proceden en buena parte de Rumanía y compaginan los contratos de vendimia y de recogida de almendra y aceituna en diferentes puntos de España.

A la filial de grupo Bodegas Gallegas en Ribeira Sacra llega uva diariamente durante la vendimia de los cerca de quinientos viticultores a los que compra en toda la Ribeira Sacra. Pero también dispone de 130 hectáreas de viñedos propios, situados en el entorno de sus instalaciones en Sober y en plantaciones en los municipios de Quiroga y A Peroxa, que debe recolectar por su cuenta.

Al menos en un primer momento, en Rectoral de Amandi no eran demasiado partidarios de invertir en plantar viñedo propio. Pero el relevo generacional se presenta complicado en Ribeira Sacra y optaron por no supeditar la producción exclusivamente a la uva comprada. Manuel Vázquez, hijo del fundador de la bodega, dejó clara la trascendencia de este cambio de criterio durante la visita que realizaron el lunes a la bodega el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, y el conselleiro de Medio Rural, Javier González.

Sin el paraguas de la uva propia, explicó Vázquez, la bodega tendría serias dificultades para poder cumplir con sus exigencias comerciales en una cosecha escasa como la actual. Incluso sugirió que podrían llegar a replantearse su actividad en otras denominaciones de origen si no prosperan sus planes para disponer de un mínimo de viñedo propio. El responsable de la bodega también se refirió durante ese acto a la contratación de temporeros, circunstancia que el presidente de la Xunta asoció al crecimiento experimentado por el sector en Ribeira Sacra.

Un sistema mixto

No solo Rectoral de Amandi trata de garantizar un porcentaje de la producción sin depender de la disponibilidad de uva en el mercado. Tampoco es la única bodega de Ribeira Sacra que tuvo que echar mano de trabajadores foráneos. Abadía da Cova recurrió esta vendimia a una fórmula mixta. «Combinamos traballadores propios e outros contratados a través dunha empresa de servizos», apunta Evaristo Rodríguez, gerente de la bodega.

Por su parte, Adega Guímaro recurrió en la recolección a una empresa ourensana de servicios a la que contrata otros trabajos a lo largo del año. «Saben xa das viñas e o que teñen que facer en cada unha delas», dice el bodeguero, Pedro Rodríguez.

Las empresas foráneas adecúan su oferta a las peculiaridades de la zona

La superficie de viñedo y el número de bodegas registradas ha ido en aumento o se mantiene en Ribeira Sacra desde la puesta en marcha de la denominación de origen. No sucede lo mismo con el censo de viticultores. El año pasado eran 2.353, casi 500 menos que en el 2010. Esta tendencia negativa es la que mueve a las bodegas a reunir viñedo. También refleja la situación demográfica que empuja a las bodegas a buscar mano de obra en otros lugares. «Pasouse de cero a algo novo, a pandemia acelerou o proceso», opina el presidente del consejo regulador, José Manuel Rodríguez.

Desde hace años, Rodríguez aboga por la concesión de ayudas directas por el mantenimiento del paisaje a los que trabajen viñas en bancales, fórmula que ya se aplica en otros puntos de Europa en las zonas donde se mantiene la denominada «viticultura extrema». Esta discriminación en positivo, con la que se busca garantizar el relevo generacional, no tuvo eco hasta la fecha en las administraciones.

Las empresas de servicios son contadas en la zona y no todas tienen disponibilidad de personal para hacerse cargo de vendimias. Algunas de las firmas foráneas que llegaron esta campaña a la Ribeira Sacra buscan abrir mercado y ofrecen incluso la contratación de grupos reducidos de jornaleros para las bodegas de menor tamaño.

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