El Cabe sufre a diario vertidos de aguas fecales del arroyo Zapardiel

Los piragüistas que entrenan en ese tramo lo denunciaron hace un mes

El vertido se apreciaba con claridad este miércoles en la desembocadura del arroyo
El vertido se apreciaba con claridad este miércoles en la desembocadura del arroyo

MONFORTE / LA VOZ

Los vertidos de aguas residuales asoman con regularidad en el Cabe cada vez que se registran precipitaciones cierta importancia, debido sobre todo al colapso de los aliviaderos de la red de saneamiento que jalonan su curso entre las instalaciones del club fluvial y el Parque dos Condes. Menos habitual es que ese tipo de episodios se produzcan con tiempo seco, pero está sucediendo prácticamente a diario en la recta final del verano en la desembocadura del arroyo Zapardiel. Una llamativa mancha de tonalidad lechosa procedente de ese riachuelo se extendía este miércoles por el Cabe a la altura del paseo fluvial.

El sendero que discurre por ambas márgenes del río en su tramo urbano comenzó a construirse en el año 2003, tras la firma de un convenio que garantizaba su financiación y en el que participaban el Ayuntamiento, la Diputación de Lugo y el Ministerio de Medio Ambiente a través de la entonces Confederación Hidrográfica del Norte. La inversión en las obras entre el puente de la variante y el Parque dos Condes fue cuantiosa. A la remodelación de las riberas del Cabe se destinaron más de 2,5 millones de euros, pero en las reformas primó claramente el aspecto estético sobre el ecológico.

Desagües camuflados

El problema de los vertidos no desapareció por mucho que se camuflasen los desagües que salpicaban ese tramo de río. El foco principal se sitúa en el Parque dos Condes, aguas arriba del pantalán que sirve de base de los paseos en barca por el Cabe. Pero el que tiene su origen en el arroyo Zapardiel, que desemboca a la altura del geriátrico Hogar de San José, no le anda a la zaga este verano. La prolongación del paseo fluvial hasta Piñeira restó tránsito al tramo que discurre por el casco urbano. Los que aún lo tienen como referencia para sus caminatas están familiarizados con estos vertidos. «En mayor o menor medida, se ve suciedad todos los días. A veces, el río es una verdadera cochambre», denuncia una paseante.

Para los piragüistas del Quixós, el tramo urbano del Cabe sigue siendo punto de referencia obligado a la hora de entrenar. En el Facebook del club se puede ver algún vídeo grabado a comienzos del mes de agosto en el que se aprecia la contaminación que sufre el río por los vertidos del Zapardiel. «Los desagües se taparon con bloques de piedra cuando se construyó el paseo, pero siguen estando ahí. Ya informamos más de una vez de este y de otros vertidos al Ayuntamiento», señalan en la directiva. La contestación que reciben esas quejas es siempre la misma: «Lo vamos a mirar».

Este diario consultó este miércoles a la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil si existe algún expediente abierto por los vertidos del arroyo Zapardiel. Al cierre de esta edición, no se había producido respuesta. Tampoco consta denuncia alguna por parte de los agentes del servicio de Medio Ambiente de la Xunta de Galicia.

Fallos en el Caneiro

El Zapardiel no es el único foco contaminante que sufre el río Cabe en el tramo urbano. Según pudieron comprobar los piragüistas que lo utilizan para sus entrenamientos, se siguen produciendo vertidos puntualmente en el Caneiro -junto al Club Fluvial- a pesar de las obras de mejora que llevó a cabo el pasado año el Ayuntamiento. Los problemas se plantean, al parecer, cuando rebosa el depósito de decantación. Un vertido registrado a comienzos del 2018 en Cobas puso de relieve problemas similares en el sistema de bombeo que había instalado en esta zona el anterior equipo de gobierno.

El presidente de la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, José Antonio Quiroga, y el alcalde de Monforte, José Tomé, llegaron, por otro lado, a un acuerdo para la supresión de aliviadero del colector de la calle Cardenal que desemboca en el Parque dos Condes. La financiación para eliminar ese foco contaminantes está garantizada, según avanzó Tomé, que calcula que el problema podría estar resuelto en el plazo de dos años. Es el tiempo que precisará la realización de la obras y los trámites previos relacionados con su contratación y la redacción del proyecto.

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