La casa en el pueblo cotiza al alza en la Ribeira Sacra por la pandemia

Las inmobiliarias constatan una creciente demanda de viviendas en zonas rurales

Un cartel anuncia el alquiler de una casa en una aldea de la zona
Un cartel anuncia el alquiler de una casa en una aldea de la zona

MONFORTE / la voz

Da igual que esté situada en la periferia de Monforte o en una aldea de algún municipio de la comarca. Lo importante es que sea vivienda unifamiliar y que disponga de un terreno a su alrededor para echar el cierre. La casa en el pueblo se revaloriza como un refugio seguro desde el comienzo de la pandemia. Los que no la tenían, y se la pueden permitir, andan a su caza. «En el confinamiento hubo un bum en la demanda de ese tipo de propiedades y se mantiene desde entonces», apuntan en la inmobiliaria Jara.

El filón que generó en su día el regreso de jubilados con raíces en la zona, verdadero motor de la construcción en sus tiempos de apogeo, hace mucho que se daba por agotado. Pero el coronavirus parece impulsar un nuevo retorno entre los descendientes de los que en su día tuvieron que coger las maletas para ganarse la vida. «La mayoría de los que buscan una casa tienen raíces aquí y son personas de cierta edad que compran pensando en volver en cuanto se jubilen», señalan en Jara.

Barcelona destaca entre los lugares de procedencia de ese tipo de clientes, entre los que no abunda demasiado la gente joven. Ni la oferta laboral de la zona ni la implantación del teletrabajo dan juego para ello. La tranquilidad y la sensación de seguridad asociada a la Ribeira Sacra también atrae, aunque en un menor porcentaje, a compradores sin vínculos familiares que descubrieron su atractivo en alguna escapada a estas tierras. Ese turismo impulsa, por otro lado, un creciente mercado de alquileres de viviendas alternativas a los pisos más urbanitas.

Los precios de las casas varían en función de su accesibilidad, de su tipología constructiva y sus condiciones de habitabilidad, y de las posibilidades de la finca como lugar de esparcimiento. Hay casas en núcleos rurales en condiciones para entrar vivir por 50.000 o 60.000 euros. Si hablamos de la periferia de Monforte, el precio puede subir a 150.000 o 160.000 euros.

Hornos y barbacoas

A diferencia de anteriores generaciones más vinculadas al mundo rural, los modernos compradores de casas con finca no piensan en plantar un pequeño huerto. La utilidad del terreno está enfocada ahora a albergar una piscina o una barbacoa de obra. Al levantarse el confinamiento, los constructores de la zona no daban abasto para poder atender ese tipo de encargos. «Ó pechar a hostalería, a todo o mundo lle deu por facer fornos», dice un empresario del sector. A los alcaldes de la comarca no les sorprende esta demanda. «As aldeas están cheas de xente. O normal é que se recollan dous mil quilos diarios de lixo, en no verán estivemos entre cinco mil e seis mil», señala José Luis Álvarez, regidor de Pantón.

Lo mismo sucedió este verano en Sober, donde el alcalde, Luis Fernández Guitián, destaca que el número de viviendas turísticas y con ese uso en temporada se ha disparado a raíz de la pandemia. «Fixo que se desen moitas altas e tamén que se vendesen un montón de casas. Estamos dando licencias de obras a patadas», afirma Guitián.

Una moda que también atrae a gente joven a la que no le importa hacer kilómetros

Entre los gestores de la compra-venta de propiedades existe consenso sobre el creciente interés por la adquisición de viviendas unifamiliares. «El mercado de la venta de casas con finca se movió más que cualquier otro este verano», indican en la inmobiliaria Monfortina, donde más que de «bum» prefieren hablar de «tendencia». En Fincas Saviñao comparten ese matiz al valorar el repunte. «Es un mercado que se está moviendo y que genera muchas consultas. Luego, no todas se concretan. Hay quien viene buscando una casa y acaba por comprar un piso. Lo que es indudable es que la vivienda con terreno está de moda» señalan en esa agencia.

Antes de la crisis económica, el comprador tipo de pisos y casas en esta zona era una familia en una buena situación económica originaria de la zona cuyos integrantes se habían ido a trabajar en su día a Madrid, Barcelona o el País Vasco. Pero ni la economía ni las condiciones de acceso de los préstamos bancarios son las mismas de entonces.

«Muchos ahora tienen que ayudar económicamente a sus hijos o a sus nietos», comentan en Fincas Saviñao. De ahí que se mire con lupa la ubicación de la vivienda unifamiliar, sus condiciones de habitabilidad y, sobre todo, su precio. El perfil del cliente, sin embargo, no siempre responde al de un retornado entrado en años, según la experiencia de esta agencia «También viene a preguntar mucha gente joven, de entre treinta y cuarenta y pocos años, que quiere disponer de una segunda vivienda para pasar aquí temporadas más largas. A ellos les cuesta menos coger el coche y escapar desde los lugares en los que residen».

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