De Monforte a Berlín, el triste viaje de «La Adoración» de Van der Goes

Arias Sanjurjo, destacado intelectual y galleguista, quiso parar la venta del cuadro, consumada a finales de 1913

Reproducción del cuadro «La Adoración de los Reyes», de Van der Goes, expuesto en Monforte hasta finales de 1913
Reproducción del cuadro «La Adoración de los Reyes», de Van der Goes, expuesto en Monforte hasta finales de 1913

monforte / la voz

Abogado y destacado intelectual, Joaquín Arias Sanjurjo, marqués de Pardiñas, desempeñó un importante papel en el movimiento galleguista de la primera mitad del siglo pasado. Nacido en Santiago, donde también fallecería, estuvo vinculado buena parte de su vida a la comarca de Lemos. En Monforte ejerció su profesión mientras participaba en diferentes iniciativas y contribuía a estudiar y divulgar el patrimonio local. A su inquietud cultural se debe uno de los trabajos más interesantes sobre la controvertida venta del cuadro La adoración de los Reyes, de Van der Goes, hasta entonces conservado en el Colegio del Cardenal, que se consumaría en diciembre de 1913.

En su etapa monfortina, en la que residió y tuvo despacho en el antiguo hotel Victoria, Arias Sanjurjo abanderó la oposición a la venta a un museo alemán de la célebre obra de arte. En marzo de 1913 publicó en Lugo la monografía El cuadro de Monforte, en la que criticaba la operación y advertía de que ni Monforte ni Galicia ganarían nada con ella. Según se encargó de subrayar, el cardenal Rodrigo de Castro, arzobispo de Sevilla y tío abuelo del séptimo conde de Lemos, había dejado establecido en el documento de fundación del colegio monumental que lleva su nombre -las obras comenzaron en 1593- que nada de su legado se podría «ni vender, ni sacar por poco ni mucho tiempo». La obra de Van der Goes probablemente fuese adquirida por el cardenal en un viaje que hizo a Flandes en 1588.

Pese a ese documento, el Ministerio de Instrucción Pública terminaría por resolver el expediente sobre «el cuadro de Monforte» autorizando al patronato del colegio para que pudiese hacer «lo que estime más conveniente» con el retablo perteneciente a la colección del cardenal Rodrigo de Castro. De un lado estaba la comunidad de los Escolapios, que aspiraba a venderlo, y el Gobierno alemán, empeñado en adquirir el cuadro. Del otro, dice Arias Sanjurjo, «Galicia y toda la España culta».

Arias Sanjurjo, tercero por la derecha en la fila inferior, con sombrero, en una foto en Santiago del Seminario de Estudos Galegos en 1928
Arias Sanjurjo, tercero por la derecha en la fila inferior, con sombrero, en una foto en Santiago del Seminario de Estudos Galegos en 1928

El descubridor de la autoría del cuadro fue el crítico monfortino Antonio Méndez Casal, miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El elevado valor artístico de esta obra ya había sido reconocido en el siglo XIX, pero en un principio los expertos no consiguieron identificar claramente al autor. Algunos estudiosos la atribuyeron a Peter Paul Rubens y otros a Hans Memling. La cuestión se aclaró definitivamente en 1909 gracias a Méndez Casal, que con la ayuda de varios expertos extranjeros determinó que La Adoración de los Reyes había sido pintada por Van der Goes. Desde entonces la paternidad del cuadro no se ha vuelto a poner en duda.

Un reducido número de personajes influyentes e importantes intelectuales, entre los que figuraban Guillermo de Osma, Madrazo, Cossío, Castelar, Vicenti o Murguía repararon en el valor artístico del cuadro conservado en Monforte. «Nuestros ancestros monfortinos, aunque sin conocimientos artísticos, lo admiraban y se sentían orgullosos de esta obra, y es que el pueblo monfortino se llevaba deleitando con ella, al encontrarse expuesta al público desde hace tres siglos en una iglesia tan visitada», relata Arias Sanjurjo en 1913.

El primer estudio

A Murguía se debe el primer estudio que se publicó sobre este retablo, en el año 1888. Con posterioridad, el historiador de arte Émile Bertaux le dedicó un amplio trabajo que tuvo difusión en Francia. Méndez Casal firmó un artículo en La Ilustración Española y Americana, en septiembre de 1910, que no pasaría desapercibido para escritores como Garnelo, Oneca, Pallares, Balsa de la Venga, Vicenti o César Borja. El camino para que la obra de Van der Goes se conociese en toda Europa estaba despejado. A otro nivel, también jugó un importante papel en esa difusión el fotógrafo monfortino Juan Nuevo. Las imágenes que tomó del cuadro recalaron en los despachos de expertos de varios países.

El Colegio del Cardenal, en una foto del año 1910, cuando todavía albergaba el cuadro
El Colegio del Cardenal, en una foto del año 1910, cuando todavía albergaba el cuadro

Todo el mundo se creía dueño del retablo cuando se conoció su verdadero valor: el patronato del colegio, la comunidad escolapia, el Ayuntamiento de Monforte... Desde el colegio se encargaron de divulgar entre los monfortinos que, una vez vendido, se fundaría una universidad como la de los jesuitas de Deusto. En el Ayuntamiento esperaban que el dinero de la venta permitiría realizar importantes obras. Por su parte, el duque de Alba, patrono de la fundación, abrigaba la esperanza de llevárselo al Palacio de Liria.

Todos ellos pasaban por alto, denunciaba Arias Sanjurjo, que en realidad el cuadro era propiedad del Colegio del Cardenal, cuyas escrituras de fundación dejaban claro que los Escolapios son una comunidad al servicio del colegio, con personalidad jurídica distinta. Tampoco el Ayuntamiento tenía más derecho a intervenir en las cosas del colegio que en las de cualquier otro vecino. El patronato, por su parte, era solo el encargado de velar por que se cumpliese la voluntad del fundador y no el dueño del legado del cardenal.

Una tentativa de compra de un coleccionista de Londres

El primero que quiso llevarse de Monforte el cuadro de Van der Goes fue el patrono del Colegio del Cardenal, Jacobo Fitz-James Stuart y Falcó, que se lo pidió con insistencia al entonces rector, padre Santonja. Posiblemente hubiese accedido a los deseos del duque de Alba, presidente del patronato como heredero del título de conde de Lemos, si no se hubiesen opuesto enérgicamente el padre Eloy y otros religiosos escolapios. El patronato ofrecía entonces por esta obra de arte la cantidad de «20.000 duros». Aunque no prosperó, esta proposición hizo germinar la idea de vender el cuadro.

 Uno de los primeros y más entusiastas valedores de la venta fue Méndez Casal, a poco de regresar de Madrid. Antes de que se comenzase a negociar con coleccionistas y museos, el cuadro había sido sacado del altar en el que estaba expuesto desde hacía tres siglos para proceder a su lavado y barnizado. En esas operaciones que supervisaron Méndez Casal y el padre Eloy, que facilitarían su identificación, sufrió algún daño, a juicio de los especialistas que lo estudiaron y que en algunos casos acudieron a Monforte como intermediarios para su adquisición.

La primera tentativa formal de compra fue realizada por un coleccionista de Londres, que encargó del asunto a Méndez Casal. «Teniendo en cuenta el carácter de la fundación, redacté una instancia al Ayuntamiento de Monforte por considerarlo como representante legítimo de los vecinos a cuyo favor se había hecho la fundación. Indicaba que se reuniese la corporación municipal en sesión extraordinaria para tomar en cuenta la oferta de 20.000 libras», escribía el critico de arte en una publicación de la época.

Veto inicial del ministerio

El Ayuntamiento tomó en consideración la oferta y una comisión de concejales, de la cual formaba parte el propio Méndez Casal como asesor, empezó a realizar gestiones sobre la venta. Arias Sanjurjo encabezaría un movimiento contra la opinión de los que se imaginaban que con ese dinero «iban a fundarse universidades, escuelas de escritura, terminarse el edificio del Colegio, construir cuarteles y embaldosar calles». Esta campaña llamó la atención de la prensa madrileña y el entonces ministro de Instrucción, Rodríguez Sampedro, prohibió que se pudiese sacar el cuadro del colegio y comunicó su decisión al duque de Alba.

El cuadro del pintor flamenco salió  de noche en un carro de bueyes

«Es una cuestión candente la del cuadro de La Adoración de los Reyes. Tratan ahora de venderlo como cosa propia los PP Escolapios que se hallan al servicio del Colegio y el Ayuntamiento de este pueblo… En manos de V. E. y del Estado se halla el asunto, porque siendo el Colegio una persona jurídica, a este y no a los Escolapios corresponde el cuadro». Así comienza una carta remitida por Arias Sanjurjo al duque de Alba, a la sazón conde de Lemos, el 12 de noviembre de 1909. «Si prevaleciese la opinión de los que aspiran a venderlo al extranjero -prosigue la misiva-, creo que valiendo más de tres millones de pesetas, dado el precio cada vez mayor que de poco tiempo a esta parte alcanzan las obras de arte, sería una candidez enajenarlo en 30.000 o 40.000 libras al primer chamarilero que se presente».

La carta de Arias Sanjurjo no mereció contestación de la casa de Alba, aunque sí llegó a oídos de valedores de la venta del cuadro como Guillermo de Osma -diplomático, arqueólogo e influyente político de la época-, Méndez Casal o el padre Santonja. Poco después se iniciaba una campaña de desprestigio del autor del escrito, que era tachado de «enemigo de Monforte». El duque de Alba delegaría en Guillermo de Osma, diputado en Cortes por el distrito de Monforte, las gestiones para la venta de la obra de arte que se conservaba en el Colegio de Cardenal.

 Los Escolapios se le adelantaron. Sin la autorización del patrono, adquirieron el compromiso de venderlo por 1.180.000 pesetas de la época a un agente del Museo de Berlín. Sobre esa operación, Méndez Casal se pronuncia en La Voz de Galicia. «Puedo decir positivamente, sin que nadie pueda desmentirlo, que a algunos postores de suma importancia se les ha ocultado, por todos los medios imaginables, la celebración de la subasta, alguno de los cuales ha ofrecido recientemente la cantidad de 2.000.000 pesetas», escribe en un artículo. Profundamente molesto, Guillermo de Osma se desentiende del asunto.

Busto dedicado al cardenal Rodrigo de Castro, con el colegio que fundó al fondo
Busto dedicado al cardenal Rodrigo de Castro, con el colegio que fundó al fondo

Arias Sanjurjo siempre cuestionó la validez jurídica del contrato suscrito por la comunidad escolapia con el Gobierno alemán. El cardenal Rodrigo de Castro -advertía- había dejado estipulado «que no se pudiera empeñar ni vender, ni sacar ni por poco ni por mucho tiempo cuanto constituyera patrimonio del Colegio de Humanidades, como cuadros, alhajas y reliquias». El patronato, que de entrada se había negado, acabó por permitir la enajenación del cuadro.

Todos los beneficios que iba a generar la venta quedaron reducidos a un escueto párrafo en la escritura otorgada en Madrid el día 8 de junio de 1910, entre el patrono y la comunidad encargada del colegio. Esta última quedaba obligada a continuar dando la primera y segunda enseñanza y a ampliarla «con la del manejo de la máquina de escribir, de la taquigrafía, del dibujo lineal, y la aritmética mercantil».

Abogados sin pleitos

«Nada en beneficio de la clase obrera y de la labradora, más necesitadas de instrucción y cultura; todo para unos cuantos desorientados, que aspiran a conseguir un título de bachiller que les sirva de patente para concurrir a las universidades, a fin de aumentar la enorme falange de abogados sin pleitos y médicos sin enfermos; contra la voluntad del fundador del Colegio, que pretendió extender su benéfico influjo a todas las clases sociales, conforme al espíritu amplio y generoso del siglo XVI», denunciaba Arias Sanjurjo.

Las supuestas necesidades económicas de la comunidad eran desmontadas por este intelectual: «El Colegio -escribía- dispone para mantenerse de recursos muy superiores a los de la mayor parte de los colegios particulares. No paga impuestos; tiene casa grande y una magnífica huerta, le da el ayuntamiento 24.000 reales anuales de subvención; la diputación 6.000; el conde de Lemos, 14.000; cobran otros 200.000 productos de unas láminas intransferibles; perciben todavía algunas rentas, que no fueron enajenadas lo que pagan los alumnos del Colegio y los regalos de las familias de los chicos».

Presidente del patronato, el duque de Alba no quiso sufragar las reformas del Colegio del Cardenal que sirvieron de excusa para la venta del cuadro. La operación se cerró en octubre del 1913 por 1.200.000 pesetas, que no se gastaron por completo en las obras ulteriores en el edificio que culminarían en 1919. El 18 de diciembre de 1913 la pintura fue sacada en un carro de bueyes de un vecino del barrio monfortino de Carude -conocido por el mote de O Rato- ayudado por su hijo y varios empleados del colegio. Salió de noche, custodiada por varios guardias civiles de paisano, y fue llevada a la estación de Canaval, donde sería cargada en un tren hasta Vigo.

Allí aguardaba el director del Museo de Berlín, Max Friedrandler. Al día siguiente, el cuadro de Monforte viajaba hacia Alemania en un buque de una naviera de Hamburgo. Lo único positivo de tan lamentable suceso es que el Gobierno se vio obligado años después a legislar para proteger el patrimonio nacional.

Sobrevivió a los bombardeos que incendiaron el museo de Berlín

 El cuadro de Hugo van der Goes La Adoración de los Reyes, que había estado guardado durante siglos en el Colegio del Cardenal y que fue enviado tras su venta a un museo de Berlín, salió de Monforte en medio de una enorme polémica. La célebre pintura continúa en la capital alemana y es conocida como Monforte-Altar o Retablo de Monforte, denominación que le asignan numerosos historiadores y críticos de arte. En los últimos años la pieza se exhibió en una galería pública de reciente construcción situada en el gran centro cultural Kulturforum, en la plaza de Postdam. Allí se reunieron en 1997 los fondos de la histórica Gemäldegalerie, una gran colección artística en la que se integró La Adoración de los Reyes desde su traslado a Alemania.

Tras su salida, casi clandestina de Monforte, el cuadro del famoso pintor flamenco pasó por múltiples peripecias. Cuando recaló en Alemania, fue guardado en el Kaiser Friedrich Museum, o Museo del Emperador Federico, que había sido construido en 1904. Allí seguía en mayo de 1945, cuando los grandes bombardeos que sufrió Berlín provocaron en el museo un incendio que destruyó cerca de un centenar de pinturas. La Adoración de Van der Goes se salvó de las llamas.

Captura de pantalla de un vídeo divulgativo sobre el cuadro (en el centro), que aparece en el museo berlinés en el que se expone actualmente
Captura de pantalla de un vídeo divulgativo sobre el cuadro (en el centro), que aparece en el museo berlinés en el que se expone actualmente

Al término de la segunda guerra mundial, la Gemëldegalerie fue dividida y sus obras se guardaron por separado en dos lugares diferentes. El cuadro monfortino siguió expuesto en el mismo lugar, que pasó a llamarse Bodemuseum. En tiempos recientes, el retablo —pintado hacia 1472— fue sometido a una compleja restauración que duró dos años.

La celebridad del Monforte Altar fue en aumento desde la identificación del retablo hace más de un siglo por el experto monfortino Antonio Méndez Casal. La obra de su autor, Hugo van der Goes, sigue gozando de una valoración muy alta entre los especialistas de todo el mundo. Por tratarse de una de sus obras más destacadas, La Adoración de los Reyes figura en todos los trabajos y publicaciones dedicadas al gran pintor flamenco que siguen apareciendo en la actualidad.

En la iglesia de Nuestra Señora la Antigua del Colegio del Cardenal se puede ver una réplica del cuadro original de Van der Goes que viajó en 1913 a Alemania. La comisión organizadora de la muestra Galicia, un relato en el mundo valoró la posibilidad de exponerla este año en Santiago, pero quedó descartada por las grandes dimensiones del retablo.

 

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