La letra de médica de Eloísa Rivadulla

Esta pediatra hija de un represaliado del franquismo da nombre en Chantada a un colegio y un parque

Eloísa Rivadulla, «Lilita», ejerció como pediatra en Chantada hasta los anos ochenta
Eloísa Rivadulla, «Lilita», ejerció como pediatra en Chantada hasta los anos ochenta

chantada / la voz

Una sala de espera con cuadros de temática infantil y alguna fotografía con rapaces de familias amigas, sillas y una mesa con revistas componían la sala de espera. Una sala de espera como todas las salas de espera de los médicos. No recuerdo si la orla estaba allí o en la consulta. La consulta, en el medio una mesa de despacho y una camilla al lado del ventanal. Siempre era igual, la médica preguntaba sobre el motivo de la visita y seguidamente a la camilla, unos golpecitos con su dedo índice en mi barriga y una exploración en la garganta con un objeto metálico que dejaba en la boca el sabor del alcohol, usado para desinfectar. Hasta ahí todo bien, pero en mi mente acechaba el peligro.

Lilita, mi madre y yo volvíamos a la mesa del despacho. Ella siempre muy seria, explicando posologías de mi tratamiento griposo o lo que fuera. La pediatra se disponía a coger un bolígrafo y escribir en unas cuartillas para recetas, un bolígrafo gordo con apariencia de estilográfica que al primer contacto con el papel en blanco hacía que aumentase mi ritmo cardíaco esperando ya con dolor que apareciese la primera B mayúscula seguida de minúsculas e, n, z…, y no, no me iba a comprar un Mercedes de juguete. Ya estaba perdido, sabía que no había nada que hacer. Tenía cinco años, suficientes para intuir que me iba a administrar Benzetacil, una dolorosa inyección. Entonces, uno o dos o tres exclamativos noes que emitían con fuerza mis cuerdas vocales se perdían la penumbra del despacho clamando en el desierto. Era por mi bien.

El segundo acto

Entre tranquilizadoras y cariñosas palabras de mi madre cuyo fin era sosegarme, pasábamos al segundo acto unos portales después, tras un recorrido fácil cuesta abajo, entre el número 10 de la avenida José Antonio -hoy avenida de Ourense- y el número 22. Allí, en el primer piso otra sala de espera, esta menos infantil. Estaba decorada con un tapiz con unos moros a caballo raptando hermosas doncellas. No, no era delirio del miedo, otros chantadinos podrán confirmar la temática de aquel tapiz.

Ahí no me importaba que que el tiempo se detuviera, pero se oía a través de la pared el continuo murmullo del agua que hervía en un hornillo eléctrico para la desinfección del utillaje de Alfonso Piñeiro. Las afiladas, gruesas y huecas hipodérmicas se calentaban junto a las jeringuillas de cristal. «Hombre, a quién tenemos por aquí». El bigote de Alfonso era muy chulo, puntiagudo en los extremos, aunque yo en ese momento no quería ver nada puntiagudo. Un tío impecable con su bata blanca, un hombre bueno, con carácter, mucho carácter, algo que hacía falta para que un niño presa del pánico relajase la nalga y evitar así que se doblase la hipodérmica y que el flujo cementoso penetrara en el cada vez más dolorido glúteo.

Así la llamaban todos

Volvamos a Eloísa, o mejor Lilita, pues ese era el nombre con el que toda Chantada se refería a ella. Es muy probable que ya ninguno de los alumnos y algunos profesores del colegio de enseñanza primaria de la avenida de Monforte, bien sea por su edad o porque no son de Chantada, sepan quién era Eloísa Rivadulla, la mujer que le da nombre a su centro desde los años noventa, ya que en 1978 se inauguró con la fría y oficial denominación de Colegio Nacional Mixto Comarcal Número 2 de Chantada. Además, un parque que antes fue recinto ferial también lleva su nombre.

Lo sé muy bien, aprendí a leer antes que a escribir y no con aquel famoso silabario, el Palau, ese que enseñaba las vocales con dibujos: A araña, E elefante, I iglesia... Aprendí con la dificultosa letra de médica en el recetario de Lilita.

Una vida dedicada a la pediatría

Eloísa Cristina de la Concepción Margarita Rivadulla Álvarez nació el 26 de enero de 1911 en Sada, A Coruña, concretamente en la parroquia de Osedo. Hija de Eloísa Álvarez Nieves, natural de Celanova y de Benito Rivadulla Pascual, natural de Meirás, comerciante, político y periodista, director del Banco Pastor en Chantada en 1929, director del periódico La Voz del Agro y redactor del Heraldo de Galicia en su etapa de emigrante en Cuba. Presidente del Partido Galeguista en Chantada y militante de Izquierda Republicana, fue sancionado por responsabilidades políticas después del golpe del 18 de julio de 1936.

Eloísa Rivadulla comienza a estudiar Medicina en 1930 y termina, con un expediente muy bueno, en 1940 para cubrir en Chantada una plaza vacante del Seguro Obligatorio de Enfermedad como especialista en pediatría, como cuenta en su tesis la investigadora Xoana Pintos Barral.

Lilita murió en Chantada el 19 de septiembre de 1987.

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