El monte de San Vicente, refugio de monjes tras la invasión musulmana

El actual monasterio fue levantado tras la destrucción de uno anterior que se ubicaba cerca del puente medieval

El monte de San Vicente visto desde la calle Doctor Casares. en una foto del año 1936 del aleman Erich Andres
El monte de San Vicente visto desde la calle Doctor Casares. en una foto del año 1936 del aleman Erich Andres

monforte / la voz

Transcurría el año 1613, cuando el cronista, archivero y documentalista oficial de la orden benedictina fray Mancio de Torres realiza un exhaustivo inventario de las escrituras custodiadas en el archivo de San Vicente do Pino.

Dentro del apartado Abades que ha tenido este monasterio como consta por las escrituras del archivo, tras registrar a un «Don Dagraredo. Abad antiguo», elabora una relación de todos los abades que tuvo el nuevo monasterio levantado en la cima del monte donde esta semana tendrán lugar los actos religiosos de las fiestas de Monforte.

Don Dagraredo es el único abad de los que se guarda nombre de entre los que tuvo el cenobio religioso con anterioridad a la destrucción a la que fue sometido tras el paso de los musulmanes a comienzos del siglo VIII. Los monjes se refugiarían como consecuencia de ello en el monte de San Vicente, donde se levantó posteriormente el nuevo monasterio. En esta nueva etapa, detalla Fray Mancio de Torres, «el primer abad que se halla por las escrituras es Espasandus, concilio de Oviedo».

El documentalista oficial de la orden benedictina recoge algunos detalles sobre este episodio histórico. «San Vicente que llaman del Pinol o Pino por estar en lo más alto y empinado de los peñascos y ruinas de este monte y castro que entonces llamaba Actonio, y después le añadieron una L y le llamaron castro Lactonio, como consta en las escrituras de este archivo, que entonces no había pueblo, ni condado, ni se llamaba Monforte», dice del monte en el que se levantó el nuevo cenobio.

«Parece que se fundó en lo perdido [referencia a la destrucción musulmana de comienzos del siglo VIII] por esto se escondieron en un lugar tan angosto y inaccesible y tan desacomodado para la vida humana como consta que entonces lo era según las escrituras y lo que hemos visto por nuestros ojos que se ha labrado y allanado», detalla Fray Mancio en su inventario.

El castro en ruinas sobre el que se levanta el nuevo monasterio de San Vicente do Pino, una vez es destruido y arruinado aquel primer cenobio benedictino tras el paso de los musulmanes, es con toda certeza el castro Dactonium en tantas ocasiones mencionado. Los documentos que se remontan al siglo VIII, hoy perdidos y en el siglo XVII supervisados y registrados por fray Mancio de Torres, así lo afirmaban. El castro en ruinas llamado Actonium, al que luego le añaden una «L» y pasa a denominase Lactonium sería al castro Dactonio, capital de los Lemavos.

El primer centro religioso «benito» monfortino, según la documentación consultada, se emplazaba en el llano, inmediato al puente medieval. Estaría en el luego denominado Coto das Cortes, inmediato al puente medieval, lugar que con el paso de los siglos, pasó a denominarse barrio de San Antonio. El coto abarcaba el mencionado barrio, así como una parte del actual barrio de Ramberde. Arrasado y destruido por los musulmanes, los monjes escapan y se esconden de los musulmanes en lo más alto del monte, empinado y peñascoso, «desacomodado para la vida humana», según las notas de Fray Mancio de Torres.

Tanto el desaparecido convento de franciscano, de San Antonio, como buena parte de la zona que ocupan actualmente las religiosas de Santa Clara formaba parte en aquellos tiempos del Coto das Cortes y eran propiedad de los «benitos». El segundo conde de Lemos y sus hijas fueron destinatarios de las denuncias de los monjes benedictinos por levantar el desaparecido convento franciscano de San Antonio sin permiso ni contraprestaciones.

Primeros abades

Fray Mancio realiza, por otra parte, un inventario de abades del monasterio edificado en San Vicente, en el que figuran los nombres de Galindo o Kalendono, Emerindo, Censerio, Kintilano y Arianon. En la mayoría de los casos van acompañados de la anotación «sin año», salvo Kintiliano, del que se detalla que era abad en el año 915.

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