La popularidad obliga al Oso de Salcedo a trabajar a destajo

El festejo congregó una de las mayores multitudes que se vieron en la localidad en los últimos años

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La popularidad obliga al Oso de Salcedo a trabajar a destajo El festejo congregó una de las mayores multitudes que se vivieron en la localidad en los últimos años

MONFORTE / LA VOZ

El personaje más singular del carnaval del sur lucense volvió a hacer gala de su popularidad en las fiestas de la parroquia de Salcedo, en el municipio de A Pobra do Brollón. Aunque el cielo gris no parecía en principio muy favorable para animar a la gente a acudir al festejo, la localidad se abarrotó de visitantes y obligó al Oso y a sus numerosos ayudantes a trabajar a destajo. A pesar del tiempo nublado, las condiciones meteorológicas se mostraron finalmente muy propicias a la celebración y ni siquiera llegó a lloviznar

La salida de la mítica fiera carnavalesca estaba anunciada para las cinco de la tarde y la cita se cumplió con toda puntualidad. A partir de ese momento, el Oso no dejó de recorrer el centro de la localidad en uno y otro sentido sin apenas detenerse -tan solo unos breves momentos para refrescarse con un trago de agua entre carrera y carrera- y sin cesar de tiznar las caras de los presentes con la mezcolanza oscura y pestilente cuya composición siempre ha sido un secreto bien guardado.

Víctimas por docenas

La afluencia de visitantes, de las mayores que se vieron en Salcedo en los últimos años, le proporcionaron un elevado número de víctimas, de forma que el Oso casi no podía andar dos o tres metros seguidos sin que sus ayudantes enmascarados le trajesen a alguien con la faz todavía sin embardunar. Pero el trabajo intenso y sistemático hizo su efecto y en poco tiempo las caras inmaculadas se fueron volviendo cada vez más escasas entre la muchedumbre. Como es habitual, en algunos casos -sin duda con los espectadores de mayor confianza- el Oso no se contentó con pintarrajear las caras y también dejó bien embardunadas las barrigas.

A pesar de la multitud que llenó las calles de Salcedo, el acceso al pueblo no presentó muchos problemas durante el festejo. Muchos visitantes optaron por dejar los coches estacionados en los prados de los alrededores y recorrer a pie el último tramo hasta el escenario de las divertidas hazañas del Oso más popular de Galicia.

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