Cómo saber cuántos osos pardos rondan por la sierra de O Courel

Análisis genéticos servirán para censar los ejemplares que entran en territorio lucense


quiroga / la voz

Determinar el número de osos pardos que se adentran cada año en las sierras lucenses no resulta una tarea fácil, pero dentro de algún tiempo se espera disponer al menos de un censo aproximado gracias al análisis genético de una serie de muestras que fueron recogidas en este territorio durante el 2018. La investigación se está llevando a cabo dentro del plan Life para la conservación de esta especie en Galicia, en el que colaboran la Fundación Oso Pardo (FOP), la Asociación Galega de Custodia do Territorio y la Xunta.

Los análisis genéticos se realizan sobre excrementos y pelos de oso que fueron recogidos en diferentes puntos de la montaña lucense, incluyendo la sierra de O Courel, considerada como un área de presencia esporádica de la especie. Según explica Guillermo Palomero, presidente de la FOP, los estudios de este tipo resultan notablemente costosos, por lo que solo pueden hacerse en contadas ocasiones. Computar el número exacto de ejemplares de oso pardo que se mueve por un territorio cualquiera en una época determinada -puntualiza- no es posible, pero sí se puede obtener una estimación más o menos fiable. «Los análisis genéticos son hoy la mejor herramienta para realizar estos censos», añade.

La entidad terminó recientemente un muestreo genético de la denominada población cantábrica oriental -situada entre los territorios de Cantabria, León y Palencia- en el que participaron investigadores de las universidades de Oviedo y Oporto. En la actualidad se están revisando los datos recogidos en otro estudio sobre la población occidental, a la que pertenecen los osos que entran habitualmente en Galicia desde hace años. Los resultados del estudio se darán a conocer previsiblemente en febrero.

Cerca de 280 individuos

De acuerdo con los datos correspondientes al año pasado, se calcula que la población occidental cantábrica de osos pardos -cuyo territorio se extiende desde los Ancares lucenses y leoneses hasta la zona central de la cordillera entre León y Asturias- puede estar formada en total por unos 280 ejemplares. En este mismo territorio se detectó en el 2017 la presencia de 35 hembras con crías. La población oriental es considerablemente menos numerosa, puesto que se estima que consta de unos cincuenta ejemplares.

Hasta tiempos recientes, estas dos poblaciones del área cantábrica estuvieron totalmente aisladas una de otra -debido a la deforestación y a las barreras físicas que suponen las carreteras y líneas de ferrocarril-, por lo que no se producían intercambios genéticos entre ellas. Esta fragmentación de las poblaciones, según los expertos, supone la mayor amenaza para la conservación de la especie junto con la mortalidad directa provocada por el hombre. Sin embargo, un plan Life coordinado por la Fundación Oso Pardo consiguió abrir una serie de corredores que han permitido que los dos núcleos oseros cantábricos quedasen conectados de nuevo.

Un otoño abundante en bellotas que puede beneficiar a las hembras a la hora de criar

Desde la Fundación Oso Pardo señalan que las condiciones meteorológicas del pasado otoño favorecieron la brotación de muchas bellotas de roble en toda el área osera cantábrica, lo que se considera muy favorable para que las hembras puedan reproducirse y criar durante el invierno. «Las osas suelen parir en la oseras durante el mes de enero y para que puedan alimentar sus crías es necesario que estén bien alimentadas, por lo que la proliferación de bellotas que se dio en otoño seguramente les resultó muy beneficiosa», apunta Guillermo Palomero.

En caso de que las osas no hayan conseguido suficiente alimento antes de empezar la época invernal, existe el riesgo de que no puedan producir leche para alimentar sus crías e incluso de que el feto sea reabsorbido por el cuerpo de la madre durante la gestación. Teniendo en cuenta la abundancia de bellotas que se registró durante el otoño -agrega Palomero-, se supone que las osas han podido nutrirse de forma satistactoria y por lo tanto cabe esperar que la población occidental experimente algún incremento esta primavera. Sin embargo, para comprobarlo habrá que esperar a que las crías empiecen a salir de las oseras y se puedan hacer recuentos sobre el terreno. «Por el momento, decir que este año habrá más osos en el área cantábrica occidental y más incursiones en Galicia no pasaría de una mera especulación», precisa el presidente de la FOP.

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