«El vino friki genera mucho ruido, pero es raro ver una botella acabada»

La guía de Luis Paadín llega a la séptima edición consecutiva gracias a la fórmula del micromecenazgo


MONFORTE / LA VOZ

No solo la viticultura puede ser heroica. Luis Paadín (A Coruña, 1960) recurre a ese adjetivo para referirse a su Guía de Vinos Destilados y Bodegas de Galicia. Van siete ediciones ininterrumpidas, sin contar las dos que fueron editadas con anterioridad por Xerais. En medio, otras dos entregas no llegaron a ver la luz. Paadín consiguió darle un nuevo rumbo a su publicación gracias a la fórmula del micromecenazgo. Los socios protectores se mantienen y crece el número de ejemplares que reservan para garantizar la edición. Y algo más heroico aún de esta guía: no está prevista una versión digital.

-En los tiempos que corren, ¿no es mucho renunciar?

-Con una edición digital llegaría a otro público más efímero, más banal. No es el que me interesa para la guía. Sí me gustaría, y mucho, poder sacar una versión en inglés en el formato actual. Creo que funcionaría muy bien para la promoción de las bodegas en el exterior. En eso andamos, pero aún hay que resolver la financiación.

-¿Son fieles los mecenas?

-Cuando me preguntan cuántos mecenas tiene la guía suelo decir que son doscientos. Arrancamos hace siete años con cerca de 240 y siempre pensé que iban a ir a menos. Si redondeo a la baja es por curarme en salud, pero la verdad es que la fidelidad es altísima. En la anterior edición, se reservaron seiscientos ejemplares para garantizar que la guía pudiese ser editada. Este año estaban vendidos antes de ir a imprenta 1.100 ejemplares.

-Concede medallas de plata, oro y gran oro, sin puntos. ¿Es una forma de no pillarse los dedos?

-Me parece más honesto asignarle una medalla a que el vino aparezca en la guía con una determinada puntuación. Yo puedo darle 9,5 puntos en una cata y 8,5 dos horas después. Las medallas implican que se alcanzó una determinada puntuación, pero para mí son más justas y fiables que los puntos para ilustrar una jerarquía. Este mismo sistema se utiliza en los principales concursos de vinos, que por cierto resisten mejor que las guías.

-Un gran oro es un vino que obtuvo entre 92 y cien puntos. ¿Cómo lo definiría sin echar mano de la aritmética?

-Un gran oro identifica un vino sin defectos, con virtudes palpables, intenso y con la tipicidad propia de la zona. Yo siempre les digo a los catadores que además debe tener profundidad, porque eso delata que detrás hay una viña vieja o una buena viticultura.

-Sostiene que su guía no se deja llevar por modas o «frikadas». ¿Qué es el «frikismo» en el vino?

-Son vinos en los que el carácter del que los elabora prima sobre todo lo demás. Generan mucho ruido en las redes sociales, pero es raro ver una botella acabada en la mesa de un restaurante. Eso si es posible encontrarlos en la carta, porque la mayoría es como si no existiesen.

-¿Influye el volumen de producción en las medallas?

-No, en absoluto. No tengo nada contra las pequeñas producciones. Todo lo contrario, creo en el futuro de los vinos de finca. Pero también defiendo hay que ser coherentes y si un año -por lo que sea- no pueden salir, pues no salen y punto.

-Defiende el tinto de verano para iniciarse en el vino. Un tanto fuerte viniendo de un catador.

-Con los años, me hice más permisivo [risas]. El consumo de vino en España es muy bajo en comparación con otros países europeos y no se va a recuperar con postureo. Yo empecé bebiendo vino con gaseosa, no creo que haya que demonizar ni el bag in box ni el Don Simón. La gente tiene que acercarse al vino sin complejos. De lo contrario, pedirá cerveza.

-Pero ese vino asequible y sin pretensiones no parece entrar en la estrategia de las bodegas.

-Prada a Tope, con todas sus cosas, fue de los primeros en apostar por el enoturismo. En la fiesta del vino nuevo reúne a más de 2.000 personas en el Palacio de Canedo. Yo echo en falta aquí esos tintos de maceración carbónica, para consumir en los primeros meses después de la vendimia. Supongo que todo llegará. En esto, como en otras cosas, el sector del vino en Galicia todavía está naciendo.

Tinto en barrica de la añada del 2015, arquetipo del «gran oro» en Ribeira Sacra

Dieciséis vinos de Ribeira Sacra obtienen un «gran oro» -la máxima calificación- en la última edición de la guía que edita Luis Paadín. Todos son tintos y solo tres responden al prototipo de tinto joven. Los trece restantes tienen una crianza más o menos prolongada en barrica y son de añadas distintas al 2017. La del 2015 sobresale con mucha diferencia entre los vinos mejor calificados de esta denominación de origen. Esa cosecha fue valorada como «muy buena» por el comité de cata del consejo regulador, aunque se quedó a solo dos décimas de alcanzar la calificación de «excelente».

En cuanto a bodegas, Algueira es la única de Ribeira Sacra que sitúa tres de sus marcas en lo más alto del podio.

Paadín da su nombre a la guía, pero en la calificación de los vinos colabora un amplio grupo de catadores, integrado por sumilleres, enólogos y profesionales de la distribución. En la edición del 2019, hay dieciocho vinos de Ribeiro y otros tantos de Valdeorras que obtienen el «gran oro». En Rías Baixas son veinticinco los que obtienen esa máxima calificación.

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