Una mina romana a cielo abierto vista desde su interior

En Ribas de Sil fue acondicionado el acceso a una antigua explotación que será la estrella de una ruta arqueológica


quiroga / la voz

La mina a cielo abierto de O Covallón, en Ribas de Sil, es uno de los rastros más espectaculares que dejó en el sur lucense la minería aurífera romana, pero durante mucho tiempo no fue posible visitarla por dentro. La maleza hacía impracticable el acceso al gran socavón -cuyas paredes se elevan hasta unos setenta metros de altura en algunos puntos-, por lo que solo era posible contemplar la mina desde fuera. En actualidad es posible acceder a su interior, ya que el Ayuntamiento desbrozó el camino de entrada. Sin embargo, aún habrá que esperar un tiempo hasta que este singular paraje se integre en una nueva ruta de turismo cultural dedicada a los yacimientos mineros romanos, un proyecto que el gobierno local considera prioritario.

Según explica el teniente de alcalde Roberto Castro, el Ayuntamiento solicitó recientemente a la agencia Turismo de Galicia una ayuda económica para acondicionar esta ruta, pero la subvención no fue concedida. «Turismo non tivo con este proxecto a sensibilidade que pensabamos que iría ter», apunta Castro. En vista de la falta de apoyo de la Xunta, los responsables municipales pretenden financiar la iniciativa con fondos propios, pero eso no podrá hacerse hasta el 2019, ya que los remanentes de que dispone el Ayuntamiento para este año ya están dedicados a otros fines. El gobierno local calcula que la actuación tendrá un coste aproximado de 30.000 euros

La ruta fue trazada por el arqueólogo monfortino Iván Álvarez Merayo, será de carácter circular y tendrá una longitud de entre seis y siete kilómetros. La mina de O Covallón será la estrella de este itinerario, dadas sus grandes dimensiones, pero está lejos de ser su único atractivo. El recorrido pasará por otras antiguas explotaciones a cielo abierto de menor tamaño y probablemente también por un túnel minero de la misma época histórica que fue descubierto a comienzos de los años 90 en las cercanías de O Covallón.

A pie y en automóvil

El nuevo itinerario se ha planeado con la intención de que pueda ser recorrido a pie o en automóvil. Para que sea accesible a los turismos -hoy solo lo es para los todoterrenos- será necesario acondicionar algunas de las pistas por las que discurre. Además de su interés arqueológico e histórico, Castro y Álvarez resaltan su especial valor paisajístico, ya que discurre por la orilla del cañón del Sil.

La creación de esta ruta se encuadra en las iniciativas que impulsan actualmente los ayuntamientos de Ribas de Sil, Quiroga y Folgoso do Courel con el fin de incrementar los recursos del proyectado parque geológico Montañas do Courel. En el primero de estos municipios también se maneja un proyecto para convertir la ruta de senderismo de A Cubela -de 14,7 kilómetros de longitud- en un itinerario de interpretación de la geología del cañón del Sil.

Un espectacular ejemplo de la «ruina montium»

El yacimiento de O Covallón fue excavado en un macizo rocoso formado principalmente por cuarcitas. En las labores mineras se utilizó el sistema conocido como ruina montium, que empleaba la fuerza del agua para demoler grandes porciones de monte y extraer el oro. El mismo método fue usado en las minas romanas de A Toca, Millares y Torubio -situadas en el municipio de Folgoso do Courel- y en las de Las Médulas, en la comarca leonesa de El Bierzo.

Las explotaciones auríferas romanas de la comarca quiroguesa -de las que también forman parte los túneles mineros de Montefurado y Pena Furada, en Quiroga, y Romeor, en O Courel- constituyen una importante parque del patrimonio del futuro geoparque. El Ayuntamiento de Ribas de Sil tiene en proyecto un museo dedicado en exclusiva a la minería romana.

 

catalogación tardía

La galería minera situada en las proximidades de O Covallón -en la imagen de la derecha- fue mencionada por primera vez en un estudio sobre la minería romana de Ribas de Sil realizado por arqueólogo

Luis Francisco López, que se basó en observaciones efectuadas entre 1993 y 1994. Sin embargo, tanto esta mina como la mucho más visible explotación a cielo abierto tardaron años en ser inventariadas por Patrimonio, lo que no se hizo hasta el 2011

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