Monforte recuperará un monumento fúnebre olvidado durante siglos

En San Vicente se restaurará un gran mural dedicado al cuarto conde de Lemos que los monjes cubrieron con cal


MONFORTE / LA VOZ

El plan de rehabilitación del interior de la iglesia monfortina de San Vicente do Pino que será llevado a cabo por el Ministerio de Cultura comprenderá la restauración de un mural renacentista de grandes dimensiones que fue descubierto en el 2010 y que había estado oculto posiblemente desde el siglo XVII. Según todos los indicios, el monumental conjunto pictórico -que alcanza unos doce metros de altura- formó parte de la sepultura del cuarto conde de Lemos y su esposa, y quedó tapado con cal después de que los sepulcros fuesen trasladados al hoy desaparecido convento de San Antonio.

El delegado de patrimonio histórico del obispado lucense, César Carnero, señala que el traslado de las sepulturas se debió seguramente a la ruptura de un acuerdo establecido en su día entre la familia condal y la abadía de San Vicente do Pino, a la que pertenecía el templo. «A igrexa proxectouse como un panteón para os condes de Lemos a cambio que o mosteiro recibise unhas partidas económicas para o seu mantemento», explica.

Sepulturas bajo arcos

Mediante este acuerdo, las tumbas del conde Fernando Ruiz de Castro Osorio y Portugal -muerto en Madrid en 1576- y de su mujer, Teresa de Andrade Zúñiga y Ulloa, fueron instaladas al pie del muro norte del crucero de la iglesia, bajo dos arcos que actualmente acogen dos capillas dedicadas respectivamente a santa Escolástica y santa Gertrudis. El muro situado por encima de estos arcos fue decorado entonces con las pinturas, que simulan una fachada renacentista. En determinado momento, apunta Carnero por otro lado, la abadía dejó de recibir las ayudas económicas estipuladas en el mencionado acuerdo. «A comunidade relixiosa pediu entón á familia dos condes que retirase as sepulturas da igrexa, porque as condicións esixidas non se cumpriron», añade. Una vez cambiadas de lugar las tumbas de los condes, el monumento funerario dejó de cumplir su función y fue probablemente en esa época cuando los monjes decidieron tapar el muro.

El proyecto comprende la rehabilitación de las pinturas de la cabecera del templo

La intervención que llevará a cabo el Ministerio de Cultura en el interior de la iglesia monfortina no empezará hasta que terminen las obras de enfoscado y pintado del muro sur, que corren a la cargo de la Dirección Xeral de Patrimonio y que se realizarán en verano. César Carnero señala que esta primera operación «é unha condición imprescindible para poder restaurar o interior, porque se non se protexe previamente ese muro non se podería garantir a conservación dos murais».

La rehabilitación proyectada por el Ministerio de Cultura, apunta Carnero por otro lado, también afectará a los murales del presbiterio o cabecera, pintados por Lesmes López Pérez y Salvador Albérich en la década de 1920. Carnero señala que fueron realizadas con materiales de escasa calidad, lo que ha perjudicado su conservación, pero considera que ofrecen un notable interés. «Merecen ser rehabilitadas pola súa calidade artística e porque son dun tipo particular de pintura do que hai poucas mostras en Galicia», dice. Lesmes López, fallecido en Manila en 1943, dejó otras obras de arte religioso en el monasterio de Samos, en la abadía catalana de Montserrat -donde fue monje-, en Filipinas y en Australia.

Retablo mayor

El plan de rehabilitación comprenderá además el retablo mayor de la iglesia, una importante obra de estilo barroco. Con estas actuaciones, en opinión de Carnero, quedará prácticamente completada la restauración del patrimonio artístico que conserva la iglesia. Con anterioridad, entre el 2008 y el 2009, la Consellería de Cultura de Cultura financió la rehabilitación de otros dos retablos barrocos pertenecientes al templo, los de San Benito y el Cristo, de un singular valor artístico e histórico.

Una obra de alto valor artístico y bien conservada

La existencia del gran mural renacentista, una vez oculto bajo la cal, quedó prácticamente olvidada. Se sabía que el muro norte del crucero había sido decorado con pinturas, gracias a algunos desconchados en la capa de cal causados por la humedad en su parte baja, pero se ignoraba que hubiese un mural de semejante tamaño. Las obras de rehabilitación realizadas hace ocho años en la cabecera y el crucero del templo revelaron sus verdaderas dimensiones, pero la restauración del mural quedó aplazada por no estar prevista en el presupuesto de aquel proyecto.

Las catas que se han realizado en el muro norte indican que las pinturas presentan un estado satisfactorio de conservación y que consisten en motivos arquitectónicos combinados con figuras de diversos tipos, como calaveras, ángeles y peces. Carnero señala a este respecto que el conjunto pictórico se conservó en buenas condiciones debido a que el muro en el que se encuentra está adosado al edificio del antiguo convento, ahora convertido en parador. «Foi grazas a esa protección que se salvaron de ser destruídas pola humidade», comenta. En su opinión, en caso de encontrarse en el muro sur -abierto su parte exterior y desprovisto de enfoscado- no se habrían conservado hasta hoy.

«Un conxunto único»

Carnero cree que cuando la restauración del mural haya concluido, la iglesia de San Vicente se afianzará como una de las más notables de ese período histórico en todo el territorio gallego. «O mural é sen dúbida un conxunto único en Galicia», dice.

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