Las vides brotan en Ribeira Sacra un mes más tarde que hace un año

Los cambios radicales entre vendimias descolocan por completo a los viticultores


MONFORTE / la voz

El viñedo se ha vuelto loco en Ribeira Sacra. Al menos eso es lo que opinan muchos viticultores, desconcertados por los cambios radicales que experimenta el ciclo de la vid. Tras una vendimia anormalmente precoz, con bodegas recogiendo la uva a mediados de agosto, todo indica que esta campaña la recolección se retrasará hasta finales de septiembre o comienzos de octubre. Eso en las riberas del Sil, las de maduración más temprana. En las viñas habitualmente más adelantadas del Miño, todavía deberán pasar quince días para que las vides despunten.

«O ano pasado, por estas mesmas datas, os brotes tiñan unha cuarta», dice un viticultor de la ribera chantadina de San Fiz. Esta primavera apenas se ven hinchados. Entre los bancales de su viña, bien abrigada y próxima al cauce del Miño, la brotación se presenta tardía y muy desigual. «Estamos diante de ciclos moi cambiantes, con movementos de zume anómalos. Son fenómenos complexos e difíciles de explicar pola ausencia de investigacións», apunta Victoriano Pérez, ingeniero agrónomo.

El enólogo Luis Buitrón visitaba ayer los viñedos de una de las bodegas que asesora en la zona ourensana del Bibei. El retraso en el ciclo vegetativo de la vid también es patente allí, pero Buitrón lo relativiza al recurrir a una perspectiva temporal más amplia. «Este año se puede considerar normal. Anormal era lo que pasó en las últimas cosechas. Comenzar a vendimiar a finales de septiembre no debería considerarse raro en Ribeira Sacra, lo que es una salvajada es hacerlo a mediados de agosto», señala.

José María Prieto, de la bodega Régoa, colgó ayer en su muro de Facebook unas fotos que ponen de relieve el retraso en la brotación de las vides en la ribera de Amandi, donde están situados sus viñedos. «Llevo veinte años en esta ribera y nunca había visto una brotación tan tardía», afirma Prieto. Las yemas de las que deberán salir los racimos despuntan con timidez mediado el mes de abril en una de las laderas más precoces de la denominación de origen.

«Supongo que volvemos a otros tiempos, cuando lo habitual era que la vendimia no empezase hasta finales de septiembre», sugiere el bodeguero. Más que la tardanza en la recogida de la uva, a Prieto le preocupan los efectos del retraso en el ciclo vegetativo en la calidad de la uva. El refranero avisa: «vino de mayo, poco y malo».

 

efectos del retraso

Un lado bueno

La brotación tardía permitirá que los racimos tomen cuerpo después del período crítico de las heladas primaverales, que va de finales de abril a la primera semana de mayo

Los problemas

Una brotación tardía retrasa a su vez el comienzo de la vendimia. Cuanto más tarde se recoge la uva, mayor es el riesgo de que coincida con las lluvias otoñales. En esas condiciones, no todas la viñas alcanzan un punto óptimo de madurez

Las cepas ya mostraban los racimos por estas fechas la pasada primavera

Las bajas temperaturas en el arranque de la primavera explican en parte el retraso en la brotación de las vides. Pero podría haber otros factores detrás de estos fenómenos. Hay viticultores que asocian esa demora al debilitamiento que habrían causado en las cepas los fenómenos extremos de los últimos años. «Levamos unha serie de colleitas moi complicadas, con ataques de mildeu, xeadas, unha seca histórica... Hai cepas que aguantaron e que van acabar por morrer. Vese nos brotes, non teñen forza», opina Victoriano Pérez.

«La planta sufrió mucho el último verano por lo prolongado de la sequía», corrobora Luis Buitrón. El año pasado, en algunas de las viñas que asesora ya se había dado un primer tratamiento fitosanitario a estas alturas. Tal y como va la brotación, aún habrá que esperar para poder aplicarlo. «Hay que ver el lado bueno, con este retraso te quitas de encima el riesgo de las heladas», destaca este enólogo.

Puede ser problemático

Las heladas que arrasaron la cosecha en el 2017 amplias zonas de Ribeira Sacra se produjeron los días 27 y 28 de abril, cuando los racimos estaban muy desarrollados en todas las subzonas de la denominación de origen. Este año habrá que esperar a bien entrado mayo para ver un estado similar del ciclo vegetativo de la vid en la mayoría de las viñas. «Si lo que está pasando es bueno o malo para la cosecha, dependerá del tiempo que venga a partir de ahora. Para las zonas donde la uva tarda más en madurar, puede ser un problema», afirma José María Prieto.

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