Adiós a la histórica pastelería Trébol

Uno de los negocios más conocidos de Monforte acaba de cerrar sus puertas tras más de 38 años de trayectoria

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monforte / la voz

A partir de ahora, muchos vecinos de la comarca de Lemos echarán de menos la pastelería Trébol, uno de los negocios más veteranos y populares de Monforte, que acaba de cerrar sus puertas. Sus dos locales ostentan ahora el cartel de «Se traspasa», ya que sus propietarios no encontraron aún a nadie que se hiciese cargo de ellos. «Nuestros hijos no están por seguir con esto y por ahora no tuvimos una oferta que nos convenciese», dice Elisa Varela Domínguez, que regentó el negocio desde sus inicios junto con su marido Adolfo López Castro.

El pasado agosto se cumplieron 38 años desde que abrieron el más antiguo de estos locales, situado en la calle Comercio. Tenían por entonces, respectivamente, 27 y 26 años y acababan de llegar de Barcelona -los dos son naturales de O Saviñao-, donde Adolfo se formó profesionalmente como pastelero. Hasta entonces no habían tenido un negocio propio. Pocos años después el obrador se les quedó pequeño e instalaron otro más grande en un bajo de la avenida de Galicia, donde más adelante abrirían otra pastelería.

Una demanda elevada

De sus primeros años recuerdan que la demanda era muy elevada y que muchas veces no daban abasto con los encargos, aunque entonces todavía funcionaba La Pimienta -en la calle Roberto Baamonde-, otra pastelería histórica con una numerosa clientela. «En esa época no había tantos supermercados en los que se encuentra de todo y ni entre las dos pastelerías dábamos atendido a todo lo que nos pedían», apunta Elisa. Era habitual que se formasen colas en el local. «Además, había muchas más bodas, porque había más gente joven y no pasaba como ahora, que muchas parejas ya ni se casan, así que teníamos un montón de encargos de ese tipo», añade.

Durante todos estos años, el matrimonio dio trabajo a un buen número de empleados, en su mayoría mujeres. «También vinieron algunos chicos, pero lo acabaron dejando porque no les convencía tener que trabajar los sábados y domingos, además de que había que madrugar mucho para empezar a cocer los pasteles a las seis de mañana», explican. En su larga trayectoria se hicieron con una clientela fiel que les expresó su pesar al saber que estaban a punto de cerrar. «Los últimos días hubo personas que hasta lloraron y yo lloré con ellas -dice Elisa-, pero después de tantos años de trabajo duro tenemos que descansar un poco».

Un estilo propio que apenas cambió desde los inicios

En sus inicios, la pastelería Trébol llamó la atención por ofrecer cafés a sus clientes, algo que no había hecho hasta entonces ninguna otra en el sur lucense. Sus productos también eran algo diferentes de la oferta tradicional. «Mi marido se formó en una pastelería más ligera, de tipo francés, y nuestros pastelitos eran más pequeños que los que la gente estaba acostumbrada a consumir», dice Elisa Varela. «También usábamos mucho las natas, que por aquí casi no se conocían», agrega.

Pero la clientela no tardó en adaptarse y el negocio también se amoldó en cierta medida a los gustos locales. «La gente era muy aficionada a los hojaldres de La Pimienta, que eran realmente muy buenos, y nosotros empezamos a trabajar mucho con los hojaldres, aunque a nuestra manera», señalan. Desde sus orígenes hasta su última época, por otro lado, la pastelería Trébol se mantuvo fiel a su propia tradición y prácticamente no cambió nada en su estilo culinario. «Hasta el último momento seguimos preparando los pasteles, las tartas y la bollería tal como lo hacíamos al principio, porque era lo que le gustaba a nuestros clientes», comenta Elisa. «La verdad es que nos sentimos siempre muy bien acogidos y estamos encantados de haber trabajado aquí todos estos años», concluye.

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