El Crismón de Quiroga, más visible que nunca en los últimos 130 años

En la reforma del Museo Diocesano de Lugo se puso un especial cuidado en la presentación de esta pieza excepcional


Los responsables del Museo Diocesano de Lugo, en la amplia reforma que terminó recientemente, dedicaron un especial cuidado a la presentación de una de sus piezas más destacadas, el Crismón de Quiroga, descubierto hace ahora 130 años en la iglesia de la parroquia de A Ermida. «Es sin duda el elemento más valioso de la colección arqueológica del museo y una de las piezas más notables de la arqueología cristiana europea, así que nos preocupamos mucho para mostrarla de una forma adecuada», dice César Carnero, delegado de patrimonio histórico del obispado. «Somos muy conscientes de que merecería estar en cualquiera de los museos más importantes del mundo», añade.

El crismón está guardado en el museo lucense desde 1925 y fue expuesto de diferentes maneras, a veces colgado en los muros. En los últimos tiempos se mostraba en posición casi vertical en una vitrina que, según Carnero, «no era lo más indicado para exhibir una pieza de este valor». Ahora se encuentra en posición inclinada sobre un amplio soporte diseñado según las directrices estéticas seguidas en toda la reforma del museo y está sostenido por dos discretos pernos de bronce.

Posición original

El equipo que diseñó la nueva museografía, dirigido por la restauradora Carolina Casal, barajó la posibilidad de mostrar el gran disco de mármol en posición horizontal, ya que algunos expertos piensan que originalmente pudo servir de altar o de mesa de ofrendas. Eso es lo que suponía su descubridor, el arqueólogo alemán Helmut Schlunk. «Pero entre los especialistas no hay un consenso acerca de esto y por otro lado pensamos que en posición horizontal quizá pasaría más desapercibido», señala Carnero.

Tras realizar diversos ensayos, se decidió que la posición inclinada era la más idónea para que el público aprecie los detalles de esta excepcional muestra de arte paleocristiano, datada entre los años 420 y 450 de la era actual. Un aspecto en el que se invirtió un gran esfuerzo -apunta César Carnero- fue el diseño de una iluminación que permita distinguir los casi imperceptibles vestigios de pintura roja que resaltaba las letras grabadas en el borde del disco. Esta decoración es típica de las inscripciones latinas de la última etapa del Imperio Romano.

La nueva instalación, agrega Carnero, fue concebida para que dure mucho tiempo. «Algún día puede decidirse exhibir el crismón de otra manera, porque hay que pensar que el museo no tendrá que esperar un siglo para conocer otra reforma, pero es seguro que la presentación actual es la mejor que ha tenido esta pieza desde que se descubrió», concluye.

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