Tres mil gracias, hoy, a los monfortinos


C uando dentro de unos días se haga llegar al padre provincial de la orden de los escolapios las ya más de tres mil firmas que piden se reconsidere la marcha de los tres escolapios que hoy integran en Monforte la comunidad religiosa, y son el alma viva del colegio por lo que representan, significan y simbolizan, será un motivo de enorme orgullo y emoción para con los monfortinos. Semejante ola de cariño, de apoyo decidido y de gratitud atestiguan el reconocimiento, el sentimiento y las ansias de agradecimiento de un pueblo entero a lo que los escolapios hoy representan y ayer representaron.

No se trata de hacer un balance. No es hora de reproches ni de vanaglorias. Todas ellas se las lleva el viento, en ocasiones, el viento de la desmemoria, la ingratitud, el silencio. Nada hay más terrible que el olvido. Con ello, sin darnos cuenta, morimos todos un poco.

Tres mil firmas son muchas firmas. Somos conscientes que no siempre es fácil, ni tampoco sencillo que todos firmen. Ponderan y pesan muchas cosas. Muchos testimonios. No se ha querido rogar una mesa pública para que nadie se sienta comprometido. Tampoco se ha involucrado a ningún miembro del claustro profesoral del colegio, aunque a veces los silencios también hablan. En todos los sentidos. Menos, se ha querido involucrar a los tres padres escolapios que se deben a su comunidad, a su orden y a sus votos en definitiva.

Respuesta de la sociedad civil

Ha sido y es una respuesta que ha articulado una parte de la sociedad civil. De muchos exalumnos que sienten y quieren al colegio. De muchas familias que han tenido a sus miembros en el mismo o aún los tienen. De muchas gentes anónimas y de bien que agradecen lo que simbolizan, lo que los padres escolapios han dado e importado a la ciudad. La educación. La disciplina. Los principios. Los valores. No quiere ello decir que, como toda obra humana, no existan sombras, como también luces. Somos perfectibles. Hombres y mujeres de barro y arcilla. Con nuestros defectos y virtudes, miserias y grandezas. Pero una más que otra, la entrega, el servicio a los demás. Y en esto, han sido y son ejemplares.

El apoyo ha sido unánime desde instancias representativas y políticas, con el alcalde a la cabeza. Un clamor, una voz, una petición, humilde, que se reconsidere, en la medida de lo posible, la permanencia, la convivencia entre los monfortinos de estos tres padres escolapios que han vivido entre veinte y cuarenta y cuatro años entre nosotros. Porque ser profesor y maestro es vivir, penetrar, convivir, interactuar con la comunidad, con la sociedad, con los niños, con los padres, no encerrarse en un aula o en un pasillo. Tampoco estar unas horas. Como dijo aquel jesuita asesinado en El Salvador, encargarse de la realidad, es cargar con ella. Vivirla. Sentir los problemas y alegrías de los monfortinos, respirar por sus poros, llorar por sus tristezas y amarguras, o ser esa palabra de consuelo y esperanza, para todos, tengan o no fe.

Tres mil gracias hoy a los monfortinos. Orgulloso de ser de esta tierra que es capaz de dejar a un lado sus ideas o sus creencias y reconocer, agradecer y admirar la labor humana de unos escolapios a lo largo de 144 años. Así es como deben y solo pueden entenderse estas firmas. Gratitud y amistad hacia lo que simbolizan. Un pueblo al lado y detrás de unos hombres que se lo han ganado. Nadie les ha preguntado qué han hecho o no por Monforte, no se lo demanda nadie, simplemente, se lo están reconociendo. Ojalá estas firmas sean vistas así. Gracias Monforte.

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