El último reducto de la construcción tradicional en tierra está en Monforte

Los expertos echan en falta medidas para preservar un tipo de edificación que ahora rescata la bioarquitectura


MONFORTE / LA VOZ

Monforte es una referencia en congresos y publicaciones especializadas, tanto nacionales como internacionales, cuando se aborda la construcción tradicional en tierra. El último reducto de una técnica que en tiempos fue habitual en otras zonas de Galicia. «Igual que no norte de Portugal, área similar á galega, as técnicas de construción estrutural en terra desenrolaranse de maneira extensiva unicamente nos lugares onde o achado de pedra de calidade se tornaba máis dificultosa», explica el arquitecto e investigador Alejandro Fernández Palicio.

La comarca de Terra de Lemos, y especialmente su cabecera, fue uno de esos lugares donde los habitantes recurrieron «ao material máis dispoñible e económico do entorno no seu momento». Según detalla Fernández Palicio en su estudio Arquitectura de terra en Galicia, este tipo de construcción -denominada también «en tapia»- estuvo difundida por toda la comarca de Monforte hasta comienzos del siglo XX. Fue entonces cuando quedó relegada por la aparición de otros materiales como el ladrillo, que se fabricaba en las cerámicas que comenzaron a funcionar en la zona en esa época.

«Este patrimonio en terra é descoñecido para a maioría dos profesionais e da poboación», destaca el autor. La ausencia de medidas de protección patrimonial para la construcción en tapia, llamativa en el contexto de un casco antiguo que es conjunto histórico artístico desde el año 1973, tiene a su juicio mucho que ver con esa falta de aprecio. Tampoco parece que vaya a tener un papel destacado en el plan especial de protección del casco histórico, pese a que en pocos meses el documento podría estar en condiciones de ser aprobado inicialmente por el pleno.

Similitud con Castilla

Esa tipología constructiva, destaca Fernández Palicio, llamó la atención de la escritora inglesa Catherine Gasquoine Hartley en el libro de viajes dedicado a Galicia que escribió a comienzos del pasado siglo. Monforte le pareció entonces una ciudad más próxima por su estética a Castilla que a Galicia debido a la presencia de construcciones de barro. La tierra era en esa época material habitual en la fabricación de tabiques interiores y exteriores. Todavía se pueden ver viviendas construidas íntegramente con paredes de tierra sobre una planta inferior edificada en piedra. En estos casos suelen presentar una estructura principal con maderos diagonales y verticales que sirven de trabazón al muro y de soporte al tabique de tierra.

Esta técnica presente en viviendas del entorno de la muralla, se extendió históricamente a los barrio que marcaron la expansión del núcleo original, caso de Ramberde, Os Abeledos, Os Chaos, O Morín o Carude. Todo cambió a partir del año 1909, con la implantación del ladrillo como material de construcción, que comenzó a fabricarse industrialmente en diferentes puntos de la comarca. Ese año echó a andar en Sober la cerámica La Galaica. En 1926 se le sumaron la fábrica García Rey en Canaval, y la cerámica de Rubián. Un siglo después las edificaciones en tierra vuelven a despertar el interés de los arquitectos más sensibles a la bioconstrucción, que ven en ellas un aislamiento de calidad y acorde con la sostenibilidad que piden los nuevos tiempos.

La edificación

en tapia proliferó hasta la llegada

de las cerámicas,

a partir de 1909

Diferentes tipos de tabiques y tipologías urbanas que hablan de la historia reciente

Los expertos en bioconstrucción consideran que técnicas tradicionales como la construcción en tierra, asociadas habitualmente a la falta de medios económicos, son más adecuadas y eficaces que otras en las que se emplean materiales más modernos. La construcción en tapia, característica en Monforte hasta comienzos del siglo XX, está siendo recuperada actualmente por muchos arquitectos por su carácter ecológico y su bajo impacto ambiental.

Las edificaciones levantadas con esa técnica que aún se conservan en la comarca de Monforte presentan tres tipos de tabiques de tierra, que se diferencian por el tipo de relleno, pero también por la madera y las distintas formas de trabazón. Hay tabiques de trenzado o encestado -los más primitivos-, de pallabarro -sobre un armazón vertical de tablas de madera- y de barrotes o de barrotillo, que en esta zona se denominaban de corres. Estos últimos consistían en un entramado de listones y barrotes de poca anchura que se rellenaban de paja o viruta, antes de ser cubiertos de barrio y posteriormente encalados.

Nuevas comunicaciones

En su estudio Arquitectura da Terra en Galicia, Fernández Palicio distingue por otra parte diferentes tipologías urbanas entre las construcciones en tapia que sobreviven en Monforte. En el casco histórico y en los barrios por los que primero se expandió el antiguo burgo, suelen ser edificaciones provistas de corredores o galerías. Hay también una tipología más moderna, de finales del siglo XIX o comienzos del XX, muy presente en O Morín y en calles del entorno de la Estación, surgidas como consecuencia del crecimiento de la ciudad en torno a las nuevas vías de comunicación.

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