«La losa que suponía hasta ahora el mapa de las denominaciones de origen se está rompiendo»


MONFORTE / LA VOZ

Antonio Portela está al otro lado del teléfono, Se le nota risueño. Por ratos semeja ser una sonrisa nerviosa, quizás terapéutica ante el lío que se le viene encima con la mudanza de A Emoción dos Viños. «En Tui todo estaba medido y controlado. El espacio, el tiempo de montaje... Al ser un sitio nuevo, es como si empezases de nuevo. Saldrá bien, seguro», dice. Otras veces parece sonreír para restar trascendencia a sus opiniones. Como si quisiera quitarse importancia, aunque la tenga. Sin la reunión que organiza desde el 2011 en Tui -y que este año viaja hasta Valença- no sería fácil entender el devenir más reciente del vino gallego.

-Hay más de setenta participantes este año. ¿Se mantiene la emoción?

-Al principio eran poco más de veinte. Queríamos hacer algo diferente por el lugar y el tipo de vinos. Y echamos mano de los amigos, de Algueira, Luis Anxo Rodríguez, José Luis Mateo. Luego se ha ido apuntando gente de toda Galicia, de Portugal y de otras muchas zonas de España. Siempre buscando carácter, identidad, que es la clave para poder emocionar.

-¿Cómo surgió la idea?

-Salió del blog en el que escribo [O viticólogo dos bagos]. Buscaba una forma de plasmar un interés y una filosofía del mundo del vino, más allá de la calidad, los puntos y todo eso. Organizar una reunión en un sitio especial y con vinos diferentes. Sin masificaciones, dándole a la gente la posibilidad de hablar y comentar los vinos.

-¿Y la vertiente comercial?

-Tampoco en eso buscamos una feria al uso. A veces invitamos a gente que prácticamente no tiene que vender. Pero llegan con sus microvinificaciones, ven que gustan y se animaban a dar un paso adelante. Ahora recibimos mensajes de elaboradores de toda la península, te llaman de muchos sitios de fuera de Galicia e incluso de Portugal. No deja de ser curioso, porque no es una gente muy dada a salir de su país.

-¿Qué público va a la Emoción dos Viños?

-Vienen frikis del vino, gente que se mueve en las redes sociales, distribuidores que buscan cosas nuevas de pequeñas producciones.... Toda gente muy metida en el tema.

-¿Ha cambiado mucho el vino gallego en estos seis años?

-A mí me resulta ya imposible seguir los cambios de una añada a otra. Lo veo complicadísimo con tanta marca nueva. Es como una expansión nuclear. Ahora puede salir un vino de calidad en cualquier zona de Galicia. Barbanza, Morrazo, Negueira de Muñiz... La losa que suponía el mapa de las denominaciones de origen se está rompiendo.

-¿Se siente partícipe de todo ese cambio?

-Siempre me gustó lanzarme, jugar un poco a hacer de gurú, esa posición de ver qué se cuece. Me siento partícipe de haber visto lo que venía. Pero eso no da de comer ni nada [risas].

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