monforte / la voz

El estudio recientemente realizado por la paleontóloga Ana García Vázquez sobre los osos pardos prehistóricos de O Courel -que señala que la especie se reasentó en la sierra hace 9.000 años, tras la última glaciación- es el episodio más reciente de un largo proceso de investigación de la fauna fósil de las montañas lucenses que comenzó hace alrededor de tres décadas. Una gran parte de este trabajo ha corrido a cargo de científicos del Instituto Universitario de Xeoloxía de A Coruña, al que pertenece la mencionada investigadora. Hace ahora diez años, en abril del 2006, se puso en marcha el plan de investigación de los yacimientos paleolíticos de la zona -coordinado por la Universidade de Santiago-, que también ha proporcionado numerosos descubrimientos en este campo.

Con anterioridad, los hallazgos de fauna antigua en la provincia fueron muy escasos y dispersos. Las primeras menciones se deben al anticuario e historiador José Villaamil y Castro, que en la década de 1870 localizó algunos huesos de animales en las cuevas del Rei Cintolo y Furada dos Cas, en Mondoñedo. Casi un siglo más tarde, en 1961, aparecieron de manera fortuita en una cantera de O Incio los únicos restos de mamut descubiertos hasta ahora en Galicia. Unos años después, en 1966, el historiador Manuel Vázquez Seijas encontró en la cueva de A Valiña -en Castroverde- numerosos fragmentos de fósiles de diversas especies.

Primeros casos

La búsqueda sistemática de fósiles empezó en los años ochenta del siglo pasado. Entre 1983 y 1985 se publicaron los primeros hallazgos realizados por los investigadores del Instituto Universitario de Xeoloxía en las cuevas de Praducelos -municipio de Pol- y Valdeabraira -en Pedrafita do Cebreiro-, con especies como el oso de las cavernas (Ursus spelaeus) y el bisonte estepario (Bison priscus). Los descubrimientos se intensificaron a finales de esa década y a lo largo de la siguiente. En la sierra de O Courel, los primeros que se publicaron fueron de restos de oso pardo prehistórico en las cuevas de Tarelo -que se dio a conocer en 1995- y de Ceza, en el 2000.

A medida que se incrementaron los hallazgos, los investigadores empezaron a utilizar técnicas de análisis -en algunos casos desarrolladas en tiempos muy recientes- que en las décadas precedentes no se habían aplicado al estudio de los fósiles en Galicia. Además de la dataciones por carbono 14, se han realizado estudios isotópicos que permiten determinar con precisión la composición de la dieta alimentaria de los animales. En los últimos años se han realizado importantes avances gracias a la secuenciación del ADN de los restos orgánicos que presentan un mejor grado de conservación del material genético. Este método ha permitido, entre otros aspectos, determinar que los osos pardos que viven actualmente en el noroeste ibérico no descienden directamente de los que ocuparon el mismo territorio en el Pleistoceno.

Especies que van desde los rinocerontes, bisontes y osos hasta los roedores y anfibios

Las cuevas calizas de las montañas lucenses y ourensanas son lugares privilegiados para el estudio de la fauna fósil, algo que no es posible en la mayor parte del territorio gallego, donde los suelos ácidos no permiten la conservación de restos biológicos antiguos. Gracias a estas condiciones favorables, en las últimas décadas se han descubierto en la zona oriental de la provincia restos prehistóricos de diversas especies de carnívoros que hoy siguen presentes en el norte de la península -oso pardo, lobo, zorro, gato montés, marta- junto con otras que formaron parte de la fauna europea pero que se extinguieron hace miles de años, como la hiena, el oso de las cavernas, el león de las cavernas y el leopardo europeo.

Lo mismo ocurre en el caso de los herbívoros. Por un lado, en las cuevas lucenses se han podido registrar fósiles de diversos animales que continúan viviendo hoy en el noroeste ibérico, como el ciervo común, el jabalí, el corzo, la cabra, el caballo y el conejo común. Por otra parte, también se recuperaron restos de especies desaparecidas hace mucho tiempo de este territorio -es el caso del el reno y el castor europeo- y de otras totalmente extinguidas, como el bisonte estepario, el uro o toro salvaje, el rinoceronte de Merck, el rinoceronte estepario y el rinoceronte lanudo.

Junto con los animales de mayor tamaño, los yacimientos de la zona -especialmente los de Valdavara y Cova Eirós- también han proporcionado un gran número de restos de microfauna, es decir, pequeños roedores e insectívoros, reptiles, anfibios y murciélagos. Estos animales resultan de especial interés para los investigadores, ya que son muy sensibles a los cambios ambientales y climáticos. Su presencia o su ausencia en un yacimiento son por lo tanto de gran ayuda para reconstruir las condiciones medioambientales que se dieron en la zona en distintas épocas del pasado.

Lugares que destacan por la cantidad y el especial valor de los hallazgos

Estas son algunas de las cuevas de la montaña lucense que han destacado especialmente por la cantidad o la singularidad de los fósiles hallados en ellas durante las últimas décadas.

Arcoia. Esta cueva de O Courel es uno de los escasísimos lugares de Europa donde se encontraron a la vez fósiles de oso pardo y oso de las cavernas.

Cova do Uro. También en O Courel, ofrece un especial interés por ser el primer lugar de Galicia donde se hallaron fósiles del extinto uro o toro salvaje, acompañando unos restos humanos de hace 9.000 años.

Cova Eirós. Los primeros hallazgos de fósiles en esta cueva de Triacastela -de oso cavernario- datan de 1993. En 1997 empezaron las excavaciones que siguen realizándose hoy, que han proporcionado valiosos hallazgos de industrias paleolíticas y también muchos fósiles de animales.

Valdavara. El yacimiento paleolítico de esta gruta de Becerreá se encontraron numerosos restos de animales pequeños. En una cantera próxima apareció en el 2009 el mayor depósito de fósiles descubierto en Galicia.

Liñares. Situada en Pedrafita do Cebreiro, conservó una gran variedad de fósiles. El paleontólogo Fernando López dedicó a este yacimiento un libro entero en inglés publicado en el 2003.

A Valiña. Fue descubierta accidentalmente en la voladura de una cantera en 1962. Desde entonces, diferentes equipos de investigadores encontraron en ella fósiles de especies muy variadas.

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Tres décadas de rastreo de fósiles en las cuevas de la montaña lucense