Una bodega de Portomarín abre el primer furancho de la provincia

Funciona los fines de semana y lo abrieron para vender excedentes de la cosecha

El local está en consonancia con la tipología tradicional de las casas de la zona.
El local está en consonancia con la tipología tradicional de las casas de la zona.

lugo / la voz

Los furanchos, bodegas en las que los cosecheros sirven su propio vino acompañado de tapas caseras y en el que los clientes también pueden llevar su propia comida, son muy populares en Pontevedra, pero en Lugo no existía ninguno hasta que hace unas semanas Sandra Rodríguez decidió abrir uno en la aldea de Cabanas, en el Concello de Portomarín al que llamó A Adega de Cabanas. «Me pareció una buena opción al no haber ninguno en Lugo y decidimos abrirlo basándonos únicamente en la idea de vender nuestra producción de vino».

El local abre desde el viernes por la tarde hasta el domingo y los comienzos fueron esperanzadores. «La verdad es que de momento estamos desbordados con la afluencia de gente de lugares como la zona de Sarria, Portomarín, Lugo o Palas de Rei, así como de otros puntos de Galicia. La clientela nos está demandando abrir más días y según vayan las cosas lo pensaremos», manifestó Sandra Rodríguez.

La idea de esta joven emprendedora siempre fue la de poder trabajar en algo que le ofreciera libertad. «Siempre me tiró el viñedo, ya que la leche es muy esclava y cada vez el sector se está poniendo peor. Por eso optamos por plantar alrededor de 23.000 metros cuadrados de viñedo con uva variedad mencía y comenzar con el negocio del vino. De momento estamos muy satisfechos», expresó Sandra Rodríguez.

Poco y bien

El vino es el eje central del negocio, que se complementa con una oferta gastronómica que Sandra Rodríguez pretende que sea «corta pero de muchísima calidad. La idea es ofrecer cuatro cosas elaboradas con productos de casa, sobre todo derivados del cerdo, los huevos y la leche. No somos un restaurante y queremos hacer las cosas poco a poco y bien».

Sandra Rodríguez no puede ocultar la ilusión que tiene por este nuevo proyecto. «Es la primera vez que elaboramos vino para vender al público y nos hace mucha ilusión ofrecerle a la gente algo nuestro», dijo, para añadir que uno de los pasos que piensan en dar en el futuro es realizar visitas guiadas en las que mostrarán la bodega, el viñedo y un caneiro que tienen en su propiedad.

La madera y la piedra son la base del furancho, decorado con un estilo muy personal y en el que destacan las obras de la artista de la familia, Josefa Vázquez, la madre de Sandra, una apasionada de la pintura y de las manualidades cuyos trabajos dan un toque personal al local. «Sin mis padres esto no hubiera sido posible», dice con orgullo Sandra.

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