El oso pardo volvió a la sierra de O Courel hace 9.000 años

Un estudio reconstruye la compleja historia de la presencia de esta especie en la montaña lucense en épocas prehistóricas


quiroga / la voz

Desde hace años, en la sierra de O Courel y otras zonas de la montaña lucense se producen incursiones esporádicas de ejemplares jóvenes de oso pardo (Ursus arctos) procedentes de León y Asturias. Pero la presencia de la especie no es de ningún modo un hecho nuevo en este territorio, según explica la tesis doctoral Caracterización del oso pardo fósil en el NW de la Península Ibérica, presentada en diciembre en la Universidade de A Coruña por la paleontóloga Ana García Vázquez. El estudio de los restos fósiles hallados en diferentes cuevas indica que los osos pardos recolonizaron la sierra hace unos 9.000 años, después de la última glaciación. Anteriormente, durante el período más frío de la Edad de Hielo -conocido como Último Máximo Glacial-, habían abandonado la zona, donde con toda seguridad ya no podían encontrar fuentes de alimento debido a la escasez de vegetación y fauna.

El trabajo de García Vázquez señala por otra parte que la desaparición del oso pardo en O Courel se produjo hace alrededor de 27.000 años, coincidiendo con el inicio de esa larga etapa de frío extremo. Pero la especie ya estaba presente en la zona desde muchos milenios antes de esa época, al igual que el extinto oso de las cavernas (Ursus spelaeus). En las cuevas de la sierra se descubrieron fósiles de ambas especies con una antigüedad superior a los 40.000 años -el límite temporal de las dataciones por carbono 14-, pero que no es posible precisar con más exactitud. La investigadora apunta que con los datos actuales no se puede saber con certeza si las dos especies compartieron el territorio de la sierra en un mismo período, pero añade que es muy probable que haya sucedido así.

Diferentes zonas

La paleontóloga explica a este respecto que el oso cavernario y el oso pardo parecen haber ocupado diferentes zonas, según se deduce de la ubicación de las cuevas donde se encontraron sus restos fósiles. Durante el Pleistoceno, los osos cavernarios se refugiaban en grutas situadas en las zonas más bajas, orientadas al sur y con una orografía más suave. Por el contrario, los osos pardos tenían preferencia por las zonas más altas y abruptas, situadas en laderas de umbría. Esta misma pauta de distribución por el territorio se ha registrado en otras regiones de Europa. A ello se une la diferencia en la dieta: el oso de las cavernas era totalmente herbívoro, mientras que el oso pardo -por término medio- se alimenta de vegetales en un 80% y de animales en un 20%. «Estas diferencias pueden haber permitido a ambas especies coexistir en el mismo hábitat sin excesiva competencia por los recursos alimenticios», indica García.

La tesis indica además que el oso de las cavernas abandonó O Courel durante un período de recrudecimiento del frío -menos intenso que el Último Máximo Glacial- que comenzó hace unos 35.000 años. Los glaciares que cubrían entonces las zonas más altas de la sierra experimentaron un avance y el territorio se volvió más inhóspito. Sin embargo, el Ursus spelaeus continuó viviendo en otras partes más bajas de las sierras orientales gallegas situadas lejos de la influencia glaciar, como Cova Eirós -en Triacastela- y O Rebolal, en la sierra ourensana de Enciña da Lastra. El oso pardo, mientras tanto, siguió presente en las montañas de O Courel y no se marcharía hasta que el clima se volviese todavía más riguroso.

Un retorno tardío

Después de la glaciación -que acabó hace unos 12.000 años-, el oso de las cavernas no pudo volver a ocupar este territorio porque ya se había extinguido. El oso pardo aún tardó mucho tiempo en hacerlo, lo que se debió probablemente a unas condiciones ambientales desfavorables. La fusión de los glaciares hizo que en la sierra fluyesen durante siglos grandes cantidades de agua y que la recuperación de la cubierta vegetal fuese muy lenta.

El estudio de Ana García sobre los osos pardos prehistóricos se basa en los fósiles hallados en seis cuevas de O Courel: Arcoia, O Eixo, Pena Paleira, Longo de Meu, A Tara y Tarelo. La paleontóloga también ha utilizado datos recogidos en yacimientos situados en las grutas de Purruñal y Sumio de Casares -en Pedrafita do Cebreiro-, Saballeiros -en Láncara- y A Valiña, en Castroverde.

Un pariente extinguido

Los estudios paleontológicos indican que las poblaciones de oso de las cavernas empezaron a declinar hace unos 50.000 años y desaparecieron hace 24.000. La sierra de O Courel es la única zona del norte peninsular donde se ha podido registrar a la vez la presencia de esta especie y del oso pardo durante el Pleistoceno Superior. 

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