El oso pardo volvió a la sierra de O Courel hace 9.000 años

Francisco Albo
francisco albo QUIROGA / LA VOZ

LEMOS

ANA GARCÍA VÁZQUEZ

Un estudio reconstruye la compleja historia de la presencia de esta especie en la montaña lucense en épocas prehistóricas

01 abr 2016 . Actualizado a las 07:53 h.

Desde hace años, en la sierra de O Courel y otras zonas de la montaña lucense se producen incursiones esporádicas de ejemplares jóvenes de oso pardo (Ursus arctos) procedentes de León y Asturias. Pero la presencia de la especie no es de ningún modo un hecho nuevo en este territorio, según explica la tesis doctoral Caracterización del oso pardo fósil en el NW de la Península Ibérica, presentada en diciembre en la Universidade de A Coruña por la paleontóloga Ana García Vázquez. El estudio de los restos fósiles hallados en diferentes cuevas indica que los osos pardos recolonizaron la sierra hace unos 9.000 años, después de la última glaciación. Anteriormente, durante el período más frío de la Edad de Hielo -conocido como Último Máximo Glacial-, habían abandonado la zona, donde con toda seguridad ya no podían encontrar fuentes de alimento debido a la escasez de vegetación y fauna.

El trabajo de García Vázquez señala por otra parte que la desaparición del oso pardo en O Courel se produjo hace alrededor de 27.000 años, coincidiendo con el inicio de esa larga etapa de frío extremo. Pero la especie ya estaba presente en la zona desde muchos milenios antes de esa época, al igual que el extinto oso de las cavernas (Ursus spelaeus). En las cuevas de la sierra se descubrieron fósiles de ambas especies con una antigüedad superior a los 40.000 años -el límite temporal de las dataciones por carbono 14-, pero que no es posible precisar con más exactitud. La investigadora apunta que con los datos actuales no se puede saber con certeza si las dos especies compartieron el territorio de la sierra en un mismo período, pero añade que es muy probable que haya sucedido así.

Diferentes zonas

La paleontóloga explica a este respecto que el oso cavernario y el oso pardo parecen haber ocupado diferentes zonas, según se deduce de la ubicación de las cuevas donde se encontraron sus restos fósiles. Durante el Pleistoceno, los osos cavernarios se refugiaban en grutas situadas en las zonas más bajas, orientadas al sur y con una orografía más suave. Por el contrario, los osos pardos tenían preferencia por las zonas más altas y abruptas, situadas en laderas de umbría. Esta misma pauta de distribución por el territorio se ha registrado en otras regiones de Europa. A ello se une la diferencia en la dieta: el oso de las cavernas era totalmente herbívoro, mientras que el oso pardo -por término medio- se alimenta de vegetales en un 80% y de animales en un 20%. «Estas diferencias pueden haber permitido a ambas especies coexistir en el mismo hábitat sin excesiva competencia por los recursos alimenticios», indica García.