Mucho ruido y pocas uvas... todavía

Luis Díaz
LUIS DÍAZ MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

La demanda de vinos elaborados con variedades alternativas a la mencía se dispara en la Ribeira Sacra

14 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Al menos en sus inicios, Ribeira Sacra era sinónimo exclusivo de una uva. El horizonte de sus vinos se agotaba en la mencía, variedad con la que salió del anonimato de los graneles. Sus principales competidores atravesaban entonces horas bajas. Pero Bierzo y Valdeorras no tardarían en cargarse las pilas. El socorrido «póngame un mencía» pronto se convirtió en un problema para las bodegas de Ribeira Sacra. Porque «el mencía» -así, a secas- llegaba a bares y restaurantes desde otras zonas a menos de la mitad de precio. Si la viticultura heroica quería ser diferente, se imponía con urgencia un cambio de rumbo.

El giro se inició a finales de los noventa. Fue entonces cuando Ribeira Sacra comenzó a desprenderse tímidamente del reclamo de la mencía, al menos en la estrategia promocional del consejo regulador. Mencías había muchos y de variadas procedencias. Lo importante era vender Ribeira Sacra. Por vez primera, la denominación de origen sacaba pecho de su singularidad. Apelaba a las características que hacen que sus tintos sean distintos a los que producen otras zonas cercanas con una misma variedad. Aquello que da sentido, precisamente, al sello de una denominación de origen.

La estrategia fue calando en el mercado a base de folletos, vídeos, catas y demás iniciativas promocionales. Ribeira Sacra era diferente, aunque la mencía siguiese siendo principio y fin de su horizonte vitícola. Según las estadísticas del consejo regulador, en el año 2000 las otras variedades tintas tradicionales -en su mayoría brancellao y merenzao- sumaban siete mil kilos, sobre una producción total de casi dos millones. El camino de la singularidad todavía tenía mucho que desbrozar.