Vacas de la época del reino suevo en una cueva de O Courel

El estudio de unos huesos de hace unos 1.500 años indica que en la zona se practicó ganadería extensiva en la alta Edad Media


monforte / la voz

La cueva de Tara, en la sierra de de O Courel -que fue visitada el pasado fin de semana por un grupo de espeleólogos- conserva un singular testimonio de las prácticas ganaderas en la montaña lucense en la alta Edad Media. En esta cavidad se descubrió un conjunto de restos de animales que, según un estudio publicado recientemente por el Instituto Universitario de Xeoloxía de A Coruña, son un indicio de la existencia de pastoreo extensivo en esta zona durante la época del dominio suevo en Galicia.

El estudio, realizado por los investigadores Aurora Grandal, Mónica Pérez Rama y Marcos Vaqueiro, se centra en unos huesos de vaca hallados en la cueva junto con diversos vestigios de otras especies domésticas y salvajes, como cabras, ovejas y ciervos. Todo apunta a que los animales cayeron accidentalmente por la boca de la gruta, que tiene unas dimensiones reducidas y queda fácilmente tapada por la nieve, de modo que funciona como trampa natural.

Los científicos descartan que las reses hayan sido sacrificadas y consumidas, ya que en los huesos no se hallaron huellas de corte o quemado. Tampoco se cree que fuesen arrojadas a la sima ya muertas, puesto que los restos fueron encontrados en partes de la cueva situadas lejos de la entrada, por lo que se supone que los animales sobrevivieron a la caída y deambularon por la cavidad buscando una salida.

Dos ejemplares distintos

El análisis de los huesos probó que pertenecen a dos animales distintos. Una datación por radiocarbono les asignó una antigüedad de entre 1.540 y 1.488 años, los que los situaría entre los años 410 y 585 de la era actual, es decir, en pleno reino suevo. La cueva está en una zona aislada a 1.025 metros sobre el nivel del mar y en su entorno no hay restos de edificaciones de las épocas castreña, romana o medieval. Pero en un radio de diez kilómetros hay asentamientos de épocas antiguas, como el castro del monte Cido. Según los investigadores, se puede suponer que en la época sueva hubo poblaciones relativamente cercanas a la gruta y que la zona pudo ser visitada de forma regular u ocasional, lo que es coherente con su posible uso como área de pastoreo.

Por otro lado, el análisis de la dentición de las reses indica que en su dieta había un porcentaje importante de alimentos poco abrasivos, como hojas, hierbas jóvenes, helechos o arbustos. Según los investigadores, esto «concuerda con el tipo de alimentación que podrían tener animales no estabulados que pastasen libremente durante la mayor parte del día». Los dos ejemplares superan los tres años de edad, por lo que se piensa que no se destinaban al consumo, sino que se trataría de animales de cría o para proporcionar otros recursos, como productos lácteos o fuerza de trabajo.

La investigación, por otra parte, mostró que las dos reses eran de una talla reducida. A una de ellas se le calculó una alzada en la cruz de 1,14 metros y a la otra, de solo 97,6 centímetros. Este porte está por debajo de la media que tenía esta especie doméstica en la época romana, aunque son de una época posterior. Si bien la talla media de las reses aumentó en general en todos los territorios romanizados -al introducirse animales de mayor porte-, el estudio señala que «la cabaña ganadera local, de menor tamaño, no tuvo necesariamente que ser sustituida por completo durante la romanización, o todas las poblaciones sometidas a cruces». En determinadas condiciones, las reses más pequeñas pudieron ser preferidas por su menor coste de mantenimiento. En un yacimiento de la alta Edad Media del País Vasco se comprobó que las tallas de las reses disminuyeron tras el fin del Imperio. Y hoy en día -añaden los investigadores- hay varias razas domésticos gallegas de zonas montañosas, como las conocidas cachenas, que tienen un tamaño similar a los que se podrían encontrar en la época romana y prerromana.

trampas naturales

Los autores del estudio inciden en el interés que tiene las cavidades que funcionan como trampas naturales en las zonas calizas de Galicia para obtener restos de animales capaces de proporcionar información científica de épocas prehistóricas e históricas. En la mayor parte del territorio gallego, donde predominan los suelos ácidos, no se conservan restos orgánicos tan antiguos. A la derecha, uno de los cráneos de vaca encontrados en la cueva de Tara.

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