QUIROGA / LA VOZ

La laguna de Lucenza, uno de los parajes más emblemáticos de la sierra de O Courel, conocerá previsiblemente cada vez más popularidad a raíz de la homologación por parte de la Federación Galega de Montañismo -que se está tramitando en la actualidad- de la ruta que lleva a este lugar desde la aldea de A Seara. Pero los visitantes que se acerquen a ella en las diferentes épocas del año no la encontrarán siempre en el mismo estado, ya que el nivel de sus aguas experimenta importantes cambios en función de las condiciones meteorológicas y se reduce mucho en los períodos de pocas precipitaciones.

Gracias a las intensas nevadas que cayeron en la zona en los pasados meses, la laguna está ahora llena, aunque su nivel estuvo bastante más alto en invierno. Según indica Guillermo Díaz, coordinador del albergue de Quiroga -que la visitó en los pasados días guiando una excursión-, el depósito de agua tiene en la actualidad tiene una profundidad de en torno a cuarenta centímetros. En las épocas en que está más llena, el nivel es de algo más de un metro.

Incidentes con el ganado

Díaz apunta por otro lado que la laguna podría contener bastante más agua que ahora si no fuese porque una buena parte de ella escapa por un canal de drenaje que algunos vecinos de la zona construyeron de forma artesanal en un momento difícil de determinar, entre los años cuarenta y cincuenta. En esa época era habitual llevar el ganado a pastar a la zona y en algunas ocasiones hubo reses que se ahogaron en la laguna o que se quedaron presas en el terreno pantanoso, por lo que se decidió llevar a cabo un intento de desecación. El canal está hoy casi tapado por la maleza, pero sigue llevando agua.

El drenaje no acabó con la laguna, pero redujo considerablemente su nivel. «Originalmente pudo tener varios metros de profundidad y sin duda estaba llena todo el año, lo que no sucede ahora», apunta Díaz.

Herencia de los glaciares prehistóricos y del derrumbe de una gran cueva

Una de las principales peculiaridades de la laguna de Lucenza es su estrecha relación con los glaciares que cubrieron las partes altas de la sierra de O Courel durante el Pleistoceno. Según explica el geólogo Juan Ramón Vidal Romaní, la zona donde se encuentra este depósito natural de agua estuvo cubierta de una gran capa de hielo que pudo alcanzar un espesor de entre treinta y cuarenta metros en los períodos más fríos de la glaciación.

Las huellas que los investigadores han detectado en los terrenos situados por encima de la laguna indican que estas masas se hielo se formaron hace en torno a 80.000 años, en la primera etapa de la era glacial. Por debajo de la laguna, por otro lado, se conservan restos de morrenas, las características pilas de sedimentos originadas por los glaciares. Los efectos de la acción erosiva de los antiguos ríos de hielo también se perciben en el relieve del vecino valle de A Seara.

Últimos restos de hielo

Cuando se fundieron los glaciares de la sierra, hace unos 17.000 años, la cubeta en la que se encuentra hoy la laguna albergó probablemente uno de los últimos depósitos de hielo de la zona, reemplazado más tarde por el humedal que perdura hasta hoy. Vidal Romaní señala por otro lado que la cubeta es en realidad un vestigio de una gran cueva caliza -o un conjunto de cavidades- que existió anteriormente en la zona y que sufrió un derrumbe por efecto de la erosión. Las bajas temperaturas de la era glacial seguramente acentuaron este proceso -añade el geológo-, ya que el agua fría disuelve con más intensidad la roca calcárea que el agua templada.

La laguna de Lucenza es la única de carácter glaciar de la sierra de O Courel, pero no la única de Galicia, ya que en las montañas ourensanas de Cabeza de Manzaneda y Pena Trevinca hay otras que tienen un origen análogo y unas dimensiones similares. Pero estas otras lagunas -apunta por otra parte Vidal Romaní- se encuentran en terrenos graníticos. La de Lucenza está en una zona kárstica, lo que constituye otra de sus singularidades.

Un terreno de sedimentos espesos que tiembla al saltar sobre él

En otros tiempos, la laguna de Lucenza fue bastante más profunda que en la época moderna, incluso antes de que fuese parcialmente desecada por el canal de drenaje. El geólogo Juan Ramón Vidal Romaní indica a este respecto que el terreno en el que se encuentra es una turbera, un depósito de sedimentos -en su mayor parte de origen orgánico- que tiene un espesor de en torno a diecisiete metros. Antes de que dicho depósito sedimentario se formase, esa fue la profundidad que tuvo la laguna.

Vidal Romaní explica por otro lado que el terreno encierra una gran cantidad de agua, incluso en las zonas donde no aflora a la superficie y cuando la laguna se queda totalmente seca. «Si se hundiese en el suelo una tubería con un grifo en un extremo saldría un chorro de agua constante», dice.

Una sencilla experiencia

La presencia de toda esa agua que empapa subsuelo, señala por otra parte el geólogo, confiere al terreno un carácter peculiar que se pone de manifiesto realizando una sencilla experiencia. «Si se junta a orillas de la laguna un cierto número de personas, por ejemplo una decena, y se ponen a saltar todas a la vez en el mismo sitio, se nota cómo el suelo se pone a temblar». Este fenómeno -agrega- se produce en otros terrenos de tipo similar que se encuentran en diversas partes de Galicia. Es el caso de un lugar situado en las cercanías de la localidad ourensana de Lobios, cuyo propio nombre -Lama que Treme- refleja esta peculiar característica.

Congelada en invierno y seca en los veranos poco lluviosos

Dado que está situada en una zona de alta montaña -a unos 1.400 metros- en la que habitualmente se registran nevadas, la laguna suele estar llena en invierno. En esta época del año también es normal que se congele y no es raro que se pueda caminar sobre el hielo.

Cuando el invierno ha sido abundante en nevadas, como ocurrió este año, la laguna suele conservarse llena a lo largo de la primavera incluso si las lluvias no son muy importantes en este período. Si embargo, el volumen de agua acumulada en la superficie del terreno se reduce con rapidez en las épocas de escasas precipitaciones. En los veranos muy secos, la laguna llega a quedarse totalmente vacía, algo que ha llegado a ocurrir en varias ocasiones en tiempos recientes. Con el regreso de las lluvias, sin embargo, no tarda en reaparecer.

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Lucenza, una laguna mermada por la mano del hombre