Homenaje al Piloto a los 49 años de su muerte

Xesús Alonso Montero: «A guerrilla venceu, porque senón moitos de nós nin sequera estaríamos aquí»


chantada / la voz

José Castro Veiga murió de un disparo el 10 de marzo de 1965 cerca de un embalse de Belesar entonces en construcción. Nacía así el mito del último maquis, el que tardó más en caer bajo las balas de la Guardia Civil. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de la parroquia chantadina de San Fiz, en una tumba que no tuvo nombre hasta 1986, el año que se celebró allí el primer homenaje público al Piloto. Desde entonces ha habido otros, la mayoría sin la firma de ninguna organización, pero todos con la reivindicación de la república y la memoria de los que la defendieron incluso con las armas. De todos ellos, el de ayer fue el que reunió a más personalidades conocidas y el primero con respaldo institucional, porque la Diputación envió en su nombre a Pilar García Porto.

Un centenar de personas esperaban en lo lato del pueblo de San Fiz hasta que a las doce los músicos Mini y Mero comenzaron a tocar bombo y guitarra y a caminar hacia la puerta del cementerio, acompañados por un gaiteiro. Tras ellos fueron desfilando todos, entre banderas republicanas y alguna roja con la hoz y el martillo y las siglas del PCG.

Ya centro del cementerio, los chantadinos Xosé Figueroa y Dositeo Moure y el exguerrillero Camilo de Dios, destaparon una escultura de Luís Loureira instalada al lado de la tumba del Piloto. A continuación, leyeron leyeron poemas María Fariña y Xesús Redondo Abuín, y el escritor chantadino Xosé Lois García mostró el carné del ejército guerrillero perteneciente a José Castro que en su día le entregó Mireya, su viuda.

«Decidimos seguir»

Tras ellos, intervino Camilo de Dios, que contó cómo había coincidido dos veces con José Castro en otras tantas reuniones clandestinas. «Na segunda abordamos o abandono da loita armada, pero decidimos seguir», recordó. Camilo de Dios recordó como los que quisieron continuar lo hicieron para «ir caendo todos, menos uns poucos que quedaron aillados», como le ocurrió al Piloto. «Fracasamos», concluyó.

Xesús Alonso Montero lo rebatiría cuando llegó el momento de cerrar el acto. El presidente de la Real Academia Galega -que puntualizó que estaba en San Fiz a título personal, «como comunista e como cidadán galego»- negó que la de la guerrilla antifranquista fuese una historia de fracaso. Tras repasar el contexto histórico en el que a finales de los años cuarenta el PCE decidió cambiar de estrategia y retirar el soporte político a los maquis que quedaban en España, Alonso Montero recalcó que lo que sí habría sido un fracaso es que cuando triunfó el golpe militar de 1936, en Galicia «non houbese unha soa voz contra a barbarie». La guerrilla no fue derrotada, añadió, «porque senón moitos de nós nin sequera estaríamos aquí».

Esta semana se cumplieron 49 años de la muerte de José Castro Veiga. Ninguno de los homenajes celebrados hasta ahora ante la tumba de José Castro coincidieron con aniversarios redondos de su fallecimiento, pero el año que viene hará cincuenta años que cayó el último maquis. Los organizadores del acto de ayer no confirmaron nada al respecto, pero Alonso Montero animó a Camilo de Dios a ponerse a escribir para que pueda presentar sus memorias el año que viene en San Fiz.

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