Una devoción del siglo XVIII

Numerosos fieles acudían a las misas para pedir la curación de enfermedades


Además de los actos profanos, uno de los verdaderos reclamos de estas fiestas de Rubián son las celebraciones religiosas. Durante los próximos tres días, la pequeña capilla del Divino Ecce Homo de la localidad será el escenario numerosas misas, que empezarán a primera hora de la mañana y se prolongarán hasta la una de la tarde, hora en la que se celebra una misa cantada.

Como viene siendo habitual cada año, los numerosos fieles que acuden a estos oficios religiosos sacarán en procesión a todas las imágenes de santos que están en la capilla, que son las de Santiago Apóstol, Sagrado Corazón de Jesús, Ecce Homo, una Virgen y San Antón. En esta procesión también van exvotos de fieles -son partes del cuerpo humano de cera-que dieron su correspondiente limosna.

Una tradición longeva

La tradición del Divino Ecce Homo en Rubián se remonta al siglo XVIII, época en la que cientos de fieles de toda la zona sur de la provincia acudían a los oficios religiosos. Tal era la devoción que existía que incluso muchos de ellos iban de rodillas hasta la capilla.

Estos festejos estuvieron estrechamente ligados a una romería que se celebraba en los alrededores del templo, y en la que participaban miles de personas. Se organizaban muchas comidas campestres, e incluso algunos romeros prolongaban su estancia en Rubián durante los días que duraban los festejos. Cuentan las personas máyores del municipio que los vecinos de Rubián les ofrecían a los romeros y a los devotos sus casas para que pudieran pernoctar en ellas.

Con el paso de los años se fue perdiendo esta tradición de la romería, que dio paso a la fiesta. Eso sí, se mantuvieron los actos religiosos

Curar enfermedades

Los fieles, que padecían alguna enfermedad, o que tenían un

familiar con una dolencia reproducían en cera la parte enferma del cuerpo enferma y, después colocaban el exvoto en la imagen del Ecce Homo. Existía la creencia de que tras estas ofrendas los convalecientes se curaban gracias a su fe. La capilla de Ecce Homo cuenta con el privilegio de conceder indulgencias al orar los días de las fiestas. Esta concesión, otorgada por un cardenal, aparece reflejada en un escrito que se encuentra en el santuario.

Los devotos participan cada año en la procesión del Ecce Homo FOTo a. lópez

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