Arcoia posee el yacimiento de oso cavernario más alto de Galicia

Los científicos analizan fósiles hallados en O Courel el pasado abril


quiroga / la voz

Los científicos del Instituto Universitario de Xeoloxía de A Coruña estudian una serie de restos fósiles de oso cavernario descubiertos en abril en la cueva de Arcoia -en O Courel- que presentan un carácter singular por varios motivos. Por una parte, tras el hallazgo, esta gruta se ha convertido en uno de los escasísimos yacimientos en los que se encontraron a la vez fósiles de oso cavernario y oso pardo. Estos últimos fueron localizados en dicho lugar hace ya varios años. La paleontóloga Aurora Grandal -que estudia estos restos- solo conoce otros dos casos análogos, ubicados ambos en Alemania, en la cordillera del Jura.

Pero para los investigadores reviste aún más interés el hecho de que estos restos apareciesen en un lugar tan elevado. La cueva de Arcoia está a unos 1.200 metros de altura, cerca de la aldea de Céramo. Se trata de una ubicación muy poco común para el oso de las cavernas (Ursus spelaeus), que normalmente vivía en zonas bajas, más aptas para su alimentación herbívora. El yacimiento es el situado a mayor altura de los hallados en Galicia. «En las épocas de clima más frío, las zonas altas casi no tenían vegetación -explica Grandal- y no eran adecuadas para esta especie, que solo se alimentaba de vegetales, pero podían ser más favorables para el oso pardo, que tiene una dieta omnívora».

El hallazgo indica, por lo tanto, que en algún momento del Pleistoceno se registró un período de clima suficientemente benigno como para que las zonas más altas de la sierra de ofreciesen un entorno adecuado para servir de hábitat a esta especie. Hasta ahora no se había localizado ningún rastro de ese período templado en cualquier otro yacimiento de la montaña gallega, por lo que el descubrimiento puede ser de gran ayuda para reconstruir la evolución del clima de este territorio.

El problema es que los investigadores no saben con certeza cuándo vivieron los osos cavernarios de Arcoia -dos ejemplares subadultos y un ejemplar infantil-, puesto que la datación con carbono 14, ya realizada con estos huesos, tiene un límite temporal de 40.000 años. «Lo único que podemos afirmar con seguridad es que estos fósiles tienen más de 40.000 años, pero la morfología de los dientes indica que podrían ser bastante más antiguos, incluso de hasta 80.000 años», señala Grandal.

Análisis de estalagmitas

En un arco de tiempo tan grande, la información que proporcionan los huesos no basta para determinar en qué momento de la última era glacial se registró ese intervalo templado que permitió que los osos cavernarios llegasen a vivir en Arcoia. Pero la solución al problema puede estar en la misma cueva. La misma institución que estudia los fósiles realiza desde hace tiempo una investigación sobre el clima antiguo de Galicia en la que se utilizan estalagmitas de esta gruta. Analizando los isótopos de carbono y oxígeno y los minerales radiactivos de estas formaciones calizas, los científicos han obtenido una secuencia completa de la evolución del clima del noroeste durante los últimos 14.000 años.

El instituto universitario analiza ahora otras estalagmitas más antiguas, de las que se espera obtener datos climáticos muy anteriores, que podrían remontarse a unos 100.000 años. «Si estos análisis tienen éxito, las estalagmitas podrían servir para datar con seguridad la etapa cálida en la que vivieron los osos», apunta la paleontóloga.

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