Del árbol caído todo el mundo hace leñaLa muralla de Lugo entre postes


Carta a mi amigo Jorge Dorribo: ¡Qué razón tenía Hobbes cuando afirmaba que «el hombre es un lobo para el hombre»!

Yo no necesito tiempo para saber qué tipo de persona eres.

La generosidad que te sobra se la repartieron los buitres, ávidos, siempre al acecho, persiguiéndola. Nos debería bastar lo que nos has dado pero, disfrazados de otros, pedimos más y más, y cuando el dar se acaba, nos sacamos la careta y mostramos nuestra fealdad, sin pudor, aprovechando la oscuridad provocada por el ruido ajeno para sacar el puñal y asestar el golpe donde más duele, en la amistad, en la humildad, en el sentimiento de un gran hombre, por su tamaño y por su corazón. Como las cucarachas, escapamos espantados al menor ruido, sin volver la vista atrás, no vaya a ser que nos convirtamos en estatuas de sal.

Tu vida ha sido y es un querer llegar y, volviendo a recordar el ayer que nunca se te olvidó, te pondrás nuevamente en pie mirando al mundo de cara. Te seguirás hacia atrás en lo que has hecho y volverás a empezar, apartando las cucarachas de tu paso, buscando un horizonte nuevo donde tu esfuerzo y tu tesón te vuelvan a colocar.

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