Noche de terror para una madre y sus hijos en su propia casa

X. Francos LUGO / LA VOZ

LEMOS

Fueron maniatados por un grupo que buscaba dinero en la caja fuerte

07 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Terrorífica. No hay otra palabra que describa la noche que les tocó vivir a una madre y a sus dos hijos menores en su propia casa el 30 de abril de 2009. Una peligrosa banda de ladrones, formada por hombres de varias nacionalidades, asaltó la vivienda de esta familia, ubicada cerca de Chantada. Los malhechores pensaban que en la caja fuerte había muchos miles de euros, pero fallaron. Únicamente se encontraron con algunas joyas, y no muchas.

La familia víctima de este robo protagonizó la segunda jornada del juicio que se celebra desde el jueves en la Audiencia Provincial de Lugo. El padre, dedicado al transporte de pescado desde Burela a Vigo, poco pudo aportar porque no se encontraba en la vivienda en el momento en que ocurrieron los hechos. Los ladrones lo tenían todo perfectamente estudiado y planificaron la actuación cuando estaban en casa los más indefensos.

Sería un poco antes de las cuatro de la mañana. El despertador de la mesilla de noche de la habitación se cayó durante el robo y quedó parado en las cuatro y diez. A esa hora, la propietaria de la casa estaba durmiendo tranquilamente en su cama. En otra habitación se hallaban sus hijos de doce años.

«Me desperté escuchando como unos pasos. Pensé que era mi marido, pero ya me enfocaron con una linterna; me dieron unos golpes y, a continuación, me arrojaron al suelo. Arrancaron los cables de la televisión y me ataron con ellos», contó al tribunal la víctima del asalto. Lo peor todavía estaba por venir: la angustia de saber que otros hombres habían entrado en la habitación de sus hijos y los estaban sacando no se sabía con qué fines.

La mujer explicó que a los pequeños también los llevaron a su habitación para atarlos con los cables y también con un jersey de su padre que, previamente, rompieron. La víctima del asalto explicó que no pudo ver con exactitud cuántos hombres había en la casa, pero pudieron ser cuatro o cinco.

En un momento dado, los asaltantes, explicó la testigo, se ocuparon de desatar a uno de los pequeños. «Uno le puso un cuchillo al cuello y lo obligó, bajo amenazas de muerte, a que abriera la caja fuerte. Yo fui quien le tuve que dar el código. Falló en el primer intento, pero no así en el segundo», explicó la mujer.

Después de conseguir abrir la caja, los forajidos se dedicaron a sacar todo lo que había en su interior: especialmente algunas joyas y algunos regalos que habían tenido los niños con motivos que no hacía mucho que habían hecho la primera comunión.

La testigo aseguró que a ella la dejaron tirada en el suelo, boca abajo y con una almohada sobre la cabeza. Tras la apertura de la caja fuerte, ataron de nuevo al chiquillo y, con posterioridad, abandonaron la casa, no sin antes rajarle las cuatro ruedas a un quad que había en un garaje. Pretendían que nadie pudiera perseguirlos o fueran con rapidez a la Guardia Civil para dar cuenta de los sucedido.