La animación pasó a los puestos y a la plaza a mediodía


Hasta pasadas las diez de la mañana la actividad se concentró en las naves del ganado, y el vendedor de ajos, el puesto de paquetes de calcetines y los pulpeiros estaban a dos velas. Pero a partir de esa hora el bazar de los cedés, el bar de la caravana y los chiringuitos comenzaron a cobrar animación. De pie ante las improvisadas barras de los toldos, grupos de tratantes compartían botella de vino y ración de pulpo antes de tomar las de Villadiego. Lo mismo hacían lugareños con la cuerda doblada al hombro como muestra y celebración de una venta satisfactoria, más por haber conseguido colocar el ternero que por el precio alcanzado.

Abajo, con la helada casi disipada de las empinadas calles de Becerreá, la casa consistorial estaba arrodeada y tomada por un mercadillo con Melendi y El Arrebato a todo meter en el hilo musical de la plaza. «Anda, hombre, dales vacaciones a esas botas y llévate estas mu baratillas». «Hoxe aínda non lles toca; outro día será», contestó el «hombre» mientras caminaba retorciéndose y con parsimonia hacia la puerta del bar Correos.

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La animación pasó a los puestos y a la plaza a mediodía