Gómez Besteiro en la corte de los reyes del empresariado en la República Bolivariana


En el país de los ciegos el tuerto es el rey, y los miembros de la Asociación de Empresarios Gallegos de Venezuela forman parte de la corte real en esta República Bolivariana de gran producción bananera, no porque sean tuertos, sino por el nivel que alcanzaron muchos y por el poder económico que tiene la agrupación. En la agenda del presidente de la Diputación figuraba un encuentro con ellos como cierre de la segunda jornada, que tuvo lugar en un ambiente casi de familiaridad, como es moneda común en todas partes desde que el pasado domingo aterrizara en Uruguay.

«La mayoría visten de modo informal y aparentan otra cosa, pero hay gente de altísimo nivel económico» advertía antes de la reunión alguien que los conoce bien. Muchos responden al típico cliché de los hechos a sí mismos por el procedimiento de la hormiga y otros ya son de segunda o tercera generación. Cuando comen juntos o tomando el café tras las reuniones de la asociación hablan, como cualquiera de nosotros, de las prestaciones de los nuevos modelos de vehículos, aunque en su caso tienen problemas técnicos para la homologación de un nuevo helicóptero que compran en Francia.

Como los demás empresarios, también tienen problemas de seguridad física, que las económicas saben bien cómo soslayarlas, hasta el punto de la obsesión. El temor a un secuestro exprés lleva a algunos a encerrarse en sus casas fuertemente protegidas, desde las que incluso dirigen los negocios. La reunión con José Ramón Gómez Besteiro se celebró en la Cámara Hispano-Venezolana de Industria, ubicada en un moderno y alto edificio al que para acceder es necesario un pase que identifica a través del iris.

En el encuentro también participó el consejero laboral de la Embajada de España, Francisco Hierro, y el vicepresidente de la Fundación Craega, Javier Criado, que elogió el convenio alcanzado por la Diputación un día antes en Buenos Aires con el Banco Nacional, que no suele hacerlo con administraciones públicas.

La visita de Besteiro coincidió con la resaca del conflicto de los embajadores y con unas declaraciones del presidente Hugo Chávez más fuertes de lo habitual. Dado que sus intervenciones tienen tanta repercusión financiera como lo pueda tener la bolsa en cualquier otro país, ni los empresarios sabían ayer a cómo se cotizaba en el mercado negro, que es el que más cuenta, el bolívar, la moneda local.

Con una inflación real que los responsables de una fundación médica vinculada a los españoles cifraron en en 48% en los últimos ocho meses, en productos sanitarios, todo lo que tenga que ver con el dinero es un caos casi tan grande como el de tráfico un día laborable en Caracas. El bolívar nuevo equivale a 1.000 bolívares antiguos, que estaban en vigor hasta el pasado mes de enero, pero mucha gente todavía habla con cantidades antiguas. Por si eso no fuese suficiente, el Gobierno tiene establecido un cambio oficial que en euros equivale a unos dos bolívares, pero en el mercado negro oscila casi a diario y ayer hablaban de que los cambistas pagaban a cinco bolívares por euro y se había aproximado a los seis tras el discurso de Chávez.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos

Gómez Besteiro en la corte de los reyes del empresariado en la República Bolivariana