LA TRIBUNA | O |
13 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.ASÍ SE llamaba entre los judíos a los miembros de una secta que aparentaban rigor en el cumplimiento de la ley y de las reglas morales, pero que con su comportamiento contradecían el espírutu de tales normas. Por este motivo la palabra fariseo ha pasado a ser sinónimo de hipócrita. Esta reflexión surge de la lectura del artículo publicado el pasado día 30 de diciembre por Miguel Ángel Fernández, secretario del PSOE en Sarria, que rezuma «espíritu navideño» por los cuatro costados. Aparentemente es una parábola moralizadora, pero en el fondo es un manifiesto de incitación al odio contra una persona. Puedo entender que alguien odie, porque el odio es un sentimiento que se instala en el corazón humano, con independencia de la voluntad del sujeto, y cuya superación requiere cualidades morales que no todas las personas poseen, pero no puedo entender que una persona que recientemente hizo ostentación pública de sus creencias religiosas, trate de extender el odio entre sus conciudadanos, porque ésta sí es una cuestión voluntaria y consciente. No soy afiliado del PSOE, aunque lo he votado en alguna ocasión, y por eso no me considero legitimado para pedirle cuentas desde el punto de vista político, ni me importa si en su partido consienten o no ese tipo de actitudes. Pero soy católico y, como tal, me atrevo a pedirle, señor Fernández, que si no puede superar su odio, al menos no trate de extenderlo entre las demás personas.