Simón Pardiñas, odontólogo: «Más del 80 % del mal aliento viene de la boca»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Además de su actividad clínica e investigadora, Simón Pardiñas desarrolla divulgación sobre salud bucodental en sus redes sociales.
Además de su actividad clínica e investigadora, Simón Pardiñas desarrolla divulgación sobre salud bucodental en sus redes sociales.

El especialista proporciona consejos para cuidar la boca y remarca la conexión que existe entre esta y la salud del resto del cuerpo

30 sep 2026 . Actualizado a las 12:00 h.

Cuidar la boca es cuidar del resto del cuerpo. Cada vez son más los estudios científicos que demuestran que la salud oral está profundamente conectada con todo nuestro organismo. «La periodontitis, la inflamación de las encías, incluso se está relacionando con problemas cognitivos. Se han encontrado bacterias típicas de la boca en cerebros de pacientes con alzhéimer. También en personas con cáncer de colon se han detectado este tipo de microorganismos en el tumor», ejemplifica Simón Pardiñas, odontólogo, cirujano oral, periodoncista, doctor en Ciencias de la Salud y director de la Clínica Médico Dental Pardiñas. Además, es divulgador científico, tanto en redes sociales como, ahora, a través de su nuevo libro Cuida tu boca. Descubre la conexión entre la salud oral, la prevención de enfermedades y el bienestar de tu cuerpo (Zenith). 

—¿Qué hay exactamente, más allá de lo que pensamos, en nuestra boca? 

—Siempre digo que además de tratar pacientes, una parte importante es divulgar y enseñar la prevención: lo que le ocurre al paciente, cómo se puede tratar y cómo se puede mantener. Entonces, partiendo de la boca, la boca es el primer contacto que tenemos con el mundo, la primera bocanada es a través de ella y también el último suspiro cuando morimos. 

—¿Qué relación existe entre nuestra boca y algunas enfermedades?

—Por ejemplo, con el corazón, con la diabetes, con tumores, con la salud sexual, con la salud mental, con enfermedades inflamatorias que a día de hoy cada vez están surgiendo más como endometriosis, artritis reumatoide y enfermedad de Crohn. Es decir, existe una relación muy amplia de la boca con el resto del cuerpo de la que cada vez hay más estudios que están saliendo.

—¿Puede la boca ser signo precoz de algunas enfermedades?

—Sí, por la boca se pueden detectar muchas infecciones. Por ejemplo, las de transmisión sexual, un herpes, una gonorrea, la clamidia, un papiloma, que pueden tener sintomatología en la boca y mucha gente no lo sabe. Además, se pueden contagiar a través de ella. Otra enfermedad sistémica que también puede tener repercusión en la boca es la diabetes. Cuando no está controlada puede provocar un mayor sangrado de encías, una periodontitis y agravar problemas, porque influye en la cicatrización de los tejidos y en el aporte de los nutrientes. Hay muchas cosas que podemos detectar los dentistas en la boca que nos dan una pista, una relación de otros problemas que puedan aparecer en el resto del cuerpo, y viceversa.

—¿Nos cepillamos los dientes correctamente?

—Para empezar, ni los cepillamos. Habría que partir de ahí. Mucha gente no se lava los dientes a día de hoy y siempre le digo a mis pacientes que igual que nos duchamos todos los días, o las manos cada poco tiempo, la boca hay que hacerlo con más motivo porque está funcionando las 24 horas del día, en un ambiente de humedad, de cambios de temperatura, presión y acidez. Comemos, nos relacionamos, nos besamos, intimamos… En un beso de 10 segundos se transmiten 80 millones de bacterias. No todas malas, pero sí que hay que tener en cuenta que en la boca tenemos un ecosistema, un microbioma. Es la segunda parte del cuerpo con más bacterias que hay, después de los intestinos, más que en los genitales. Y no tener una buena higiene en la boca no solo afecta a uno mismo, también a las personas que rodean a esa persona. 

—¿Cómo es la forma correcta de lavarse los dientes?

—Lo más sencillo es un cepillo y seda. Más del 90% de los problemas de la boca se pueden controlar con una buena higiene. ¿Cómo hay que hacerlo? Con un cepillo, ya sea manual o eléctrico, pero siempre con una buena técnica, barriendo desde las encías hacia el diente, limpiando uno por uno. La lengua también es importante, que es la parte de la boca donde más bacterias se acumulan. Luego, el uso de seda dental para evitar que se acumulen restos de comida y bacterias entre los dientes y que puedan aparecer caries.

—¿Si sangramos al cepillarnos, debemos preocuparnos?

—Igual que un sangrado en cualquier otra parte del cuerpo nos puede asustar o es llamativo, en la boca no debemos normalizarlo. Si es puntual, porque a lo mejor nos hemos hecho daño o hemos presionado mucho en un momento, no pasa nada. Pero si es continuo, si al cepillarnos siempre sangran los dientes, si incluso hay sangrados espontáneos, eso es un signo de que puede haber una gingivitis o una periodontitis, que ya es más grave. Siempre debe de consultarse con un dentista, acudir a una revisión y ver qué puede estar pasando ahí. Otros signos como el mal aliento, mal sabor de boca, movilidad de los dientes, ya indican que hay algo más grave. Incluso, la aparición de lesiones o llagas que no curen en un plazo de dos o tres semanas, también conviene revisarlas. 

—¿De dónde viene o qué causas puede haber detrás de un mal aliento? 

—Mucha gente piensa que es por problemas de estómago, pero en realidad más del 80 % del mal aliento viene de la boca. Principalmente de una mala higiene, que se acumula en placa restos de alimentos y bacterias entre los dientes, en los recovecos, en prótesis o gente con bráquets. Esos restos se degradan y las bacterias generan compuestos sulfurosos, que son los causantes principales del mal aliento. Sí que es cierto que hay otras causas, de problemas de estómago, sinusitis y demás, pero esos son los que menos vemos. Es un problema que causa mucha estigma entre los pacientes, vienen con mucha vergüenza, incluso empujados por sus parejas, y es uno de los problemas más frecuentes que atendemos en consulta. 

—En el libro también mencionas que a veces se tiene la percepción de que tenemos mal aliento, pero que no es así. 

—Sí, también es una pseudohalitosis. Gente que percibe gestos en otras personas que se tapan la boca, se alejan cuando hablan y cuando en realidad luego no tienen mal aliento. Para eso disponemos de aparatos con las que tomamos una muestra del aliento del paciente, la analizamos y ahí vemos si existe realmente algún compuesto sulfuroso que causa mal aliento o no. Es una forma científica y real de hacerle ver al paciente si tiene o no tiene realmente ese problema.

—¿Es normal que apretemos los dientes?

—Normal no es, pero el bruxismo no es una enfermedad en sí misma. Hay diversos estudios que lo relacionan con una liberación de estrés, un cierto efecto protector y demás. También está relacionado con microdespertares durante la fase REM del sueño. Podemos decir que es un proceso natural de nuestro cuerpo. El problema es cuando se aumenta la frecuencia y cuando acarrea problemas: desgaste de dientes, dolores de articulación, migrañas, contracturas o dolor de mandíbula. Ahí ya es cuando debe de tratarse y eliminar los factores desencadenantes. Es multifactorial, y algunos de los más importantes son el estrés, consumir ciertos estimulantes, bebidas como ciertas drogas. También la forma de la mordida, si no es correcta pues tampoco ayuda a que ese bruxismo se pueda controlar de una forma más natural.

—¿Dirías que su incidencia ha aumentado en los últimos años?

—Sí, sobre todo a raíz de la pandemia del covid, hubo un pico de aumento de bruxismo, gente que nos consulta por ello. En los últimos años, seguramente ha aumentado por el estilo de vida. No solo el estrés, también influye cómo dormimos, cómo nos alimentamos, si hacemos deporte, es decir, todos esos estilos de vida nos van a influir en que podamos tener más o menos bruxismo.

—¿Cuándo debemos preocuparnos por los ronquidos?

—Es otro de los temas por los que nos consultan y también es muy tabú. Vienen, sobre todo, por sus parejas, que no duermen. Roncar por sí solo no es malo, es decir, por hacerlo no tienes un problema. Sí que es cierto que si se asocia a problemas de apneas del sueño, sí lo es. Las apneas del sueño son pausas respiratorias que hacemos inconscientemente durante la noche, nos quedamos sin respirar. Hay gente que está hasta tres minutos con una de ellas. Disminuye nuestra saturación de oxígeno, nos levantamos cansados, somnolientos, con falta de concentración y aumentan los accidentes de tráfico por este motivo. Está relacionado con accidentes cerebrovasculares y problemas cardíacos porque, obviamente, el cuerpo no está oxigenándose durante las horas de sueño. 

—¿Es posible detectar el problema correctamente?

—Sí, a día de hoy, los dentistas también podemos detectar estos problemas. Tenemos aparatos que se pueden llevar el paciente a casa, que miden la saturación de oxígeno, el número de ronquidos, si tiene apneas, de cuánta duración son, en qué posición durante la noche ocurren, si es de lado, boca arriba o boca abajo, y con eso podemos realizar distintos tratamientos, como férulas para dormir de noche, para evitar que la mandíbula durante la noche se relaje, vaya hacia atrás y cierre esa vía aérea. Existen distintas estrategias y herramientas en función obviamente de la gravedad del caso, y también trabajamos en conjunción con neumólogos y unidades del sueño.

—Me imagino que una pregunta repetida en estos casos es si tiene solución. 

—Sí, se puede disminuir. Normalmente, solemos reducir de media un 50 %, lo cual es bastante. Tanto el propio paciente como las parejas quedan satisfechas y mejora mucho su calidad de vida. Los hay en los que incluso alcanzamos reducir los ronquidos un 70 %. 

—¿Debo cepillarme los dientes justo después de cada comida, o debo esperar unos minutos? 

—Esta es una pregunta típica. Siempre digo que, si por esperar esa media hora, que en teoría si tomamos ácido sobre todo, la superficie del esmalte va a estar más expuesta a posibles agresiones, no te lo vas a cepillar, es mejor que lo hagas ya. Lo más importante es un barrido mecánico, que no haya sarro, ni suciedad, ni placa, ni restos de alimentos, eso es lo más importante. Luego, esperar más o menos... Si puedes hacerlo perfecto, si no, no va a pasar nada tampoco. 

—¿Las pastas blanqueadoras blanquean?

—No blanquean, no. Podemos decir que son una estafa y que están mal anunciadas. Tanto en España como en la Unión Europea no está permitido comercializar productos de venta al público con una concentración mayor de peróxidos del 0,1 %. Los peróxidos son los elementos capaces de blanquear el diente, que básicamente es cambiar el color interno. No tiene nada que ver con las manchas superficiales, que mucha gente confunde esto. Las de café, vino tinto, de tabaco, que son superficiales, se eliminan con una limpieza en el dentista.

¿Qué pueden hacer estas pastas? Ayudar a eliminar esas manchas superficiales. Habría que llamarlas antimanchas, si acaso. Pero blanqueadoras en ningún caso, porque no tienen más del 0,1 % de peróxidos, y ese 0,1 % es incapaz de hacer un efecto que se vaya a notar. No así fuera de Europa, que por eso existe mucha confusión, porque vemos en redes mucha gente, por ejemplo, de Estados Unidos, donde no existe esa regulación, y sí que hay pastas con un 10, un 15, un 20 % de peróxido. Eso sí, he estado allí trabajando y he visto quemaduras y problemas graves en los dientes por personas que las usan sin control. 

—Por último, le voy a pedir un consejo que repita mucho en consulta. 

—Coger un cepillo. Es lo más simple que pueda haber para mantener una buena salud. Con un cepillo, incluso ya sin pasta si quieres, pero el poder barrer toda esa suciedad que hay en los dientes, enjuagar y escupir, con eso se pueden prevenir muchísimas cosas. Y una revisión al año con el dentista. Incluso recordar que existe el dentista de la Seguridad Social para hacer una revisión, que a lo mejor mucha gente no lo sabe. No es tan costoso poder mantener una buena salud. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.