Belén Segarra, instructora de yoga: «No sabemos respirar, lo hacemos fatal»

VIDA SALUDABLE

Belén Segarra es instructora de yoga.
Belén Segarra es instructora de yoga. Darya Baikova

En un momento de crisis personal, la ilustradora descubrió una disciplina que le acabó por cambiar; ahora publica su primer libro en el que destaca la importancia de una buena respiración

18 sep 2026 . Actualizado a las 18:23 h.

Belén Segarra se encontraba en un momento de gran tristeza cuya razón no sabía explicar, cuando se topó por primera vez con el yoga. «Sentía mucha ansiedad, fue un momento que me obligó a detenerme y preguntarme qué estaba pasando. Creo que soy una persona que, a priori, lo tiene todo, una privilegiada; por eso me costó asumir que algo en mí no estaba bien», relata. La experiencia, confiesa, no empezó del todo bien, pero le acabó gustando tanto que, a día de hoy, además de una larga trayectoria como ilustradora, también es instructora de yoga. Dos disciplinas que se funden en su primera obra literaria: Mi libro de yoga (Lumen, 2026). «La práctica del yoga trabaja directamente sobre el cerebro, mejorando su plasticidad y regulando las áreas más involucradas en la salud física y mental. Este libro ameno, amable y riguroso nos acompaña a practicarlo», escribe sobre él la neurocientífica Nazareth Castellanos. 

—¿Cómo recuerda su primera vez practicando yoga?

—Para mí esa primera vez no fue una súper conexión ni una gran relación. Hay mucha gente que, cuando se encuentra con el yoga, siente desde desde el primer momento una conexión muy fuerte. Para mí no fue así. Era un poco escéptica. Llegar a una sala, que se cantaran mantras, que era algo que yo no entendía; que se hiciera tanto hincapié en la respiración, como que me parecía; me sentía un poco desubicada. Pero decidí continuar. Decidí que había apostado por eso y que había que seguir. Y acabé entendiendo que todo tenía un porqué. Al cantar mantras, la repetición me hacía enfocarme y la vibración, calmarme. La respiración era una herramienta súper poderosa y moverme hacía que conectase con mi cuerpo. Cuando empecé a entender todo esto, empecé a entrar de lleno en el universo del yoga. 

—De entrada, se puede llegar a relacionar el yoga con algo místico. ¿Qué les diría a esas personas?

—Les diría que se den la oportunidad de descubrirlo. Es un proceso muy interesante y transformador. Siempre digo que el yoga es un espejo que nos obliga a mirarnos y nos enseña a vernos. Cuando comprendes esto, es muy poderoso. Por eso les animaría a que sigan un poco más y se encuentren con ellos mismos, con ese momento de calma, con su ser, que es algo de lo que estamos completamente desconectados en una época en la que vamos por inercia a toda velocidad, sin tiempo de respirar, de detenernos y de volver a nosotros.

—Cuenta que empezó en el yoga en un momento en el que no estaba bien, ¿cómo fue el proceso de encontrarse mejor?

—Como decía, empezar en yoga me obligaba a verme, entender qué me estaba pasando. Volver a tomar conciencia de mi cuerpo, darme cuenta de que estaba rígida y de que vivía en tensión. Me di cuenta de que mi respiración era superficial, todo mi cuerpo le estaba mandando un mensaje a mi cerebro de que estaba alerta. Tener ese contacto con el yoga me hizo obligarme a detenerme, a reconocerme, a tener un momento de pausa y a encontrar esas herramientas que te decía, en las que aprendes a ir soltando el cuerpo. Aprendes a respirar con calma y le puedes ir mandando el mensaje a tu cerebro de que todo está bien. Al final, si respiras lento y profundo, se activa el nervio vago, se estimula el sistema nervioso parasimpático y tu cerebro recibe la señal de que no hay por qué huir, de que todo está en calma. Todo eso son herramientas muy potentes. 

—¿Cuánto tiempo pasó hasta que empezó a notar los beneficios del yoga?

—Lo fui notando con el tiempo, a los pocos meses me di cuenta de que omenzaba a ganar fuerza, flexibilidad y que no era algo solo a nivel físico, sino también a nivel mental. 

—¿Cree que a día de hoy nos cuesta respirar, que hemos olvidado cómo hacerlo de forma correcta?

—Nos cuesta mucho porque estamos desconectados completamente y la respiración nos hace volver a nosotros. Vivimos en piloto automático, todo es muy veloz y no sabemos respirar, lo hacemos fatal. Esto es algo que he aprendido a través del yoga. Respiramos de manera superficial porque vamos tan deprisa que nuestro cerebro entiende que estamos en alerta. Por eso es importante retomar contigo el momento de pausa y una respiración más tranquila, que lo cambia todo. 

—¿Cree que podría asociarse esa respiración no solo a las clases de yoga, sino a pequeños momentos del día para que también sea más fácil conectar con la respiración?

—Sí, esto lo he aprendido a través del yoga, pero es algo que utilizo en mi día a día. También decir que para mí el yoga ha sido esa motivación donde he encontrado ese espacio, pero creo que cualquiera puede encontrarlo en su pequeña pasión que le haga reconectar, volver a un momento meditativo. Quiero decir, hay quien lo encuentra haciendo escalada, ganchillo o en la lectura. No tiene por qué ser algo tan físico. Conectar con algo que nos hace sentir bien, volver a nosotros, pausarnos. Eso, inevitablemente, va a pausar nuestra respiración. 

—¿Diría que todo el mundo puede practicar yoga?

—Todo el mundo puede practicar yoga, esto lo digo siempre. Independientemente del sexo, la edad y tu condición física. Menos quien no quiere encontrarse consigo mismo, con sus demonios, como digo en el libro. Creo que hay una parte profunda en mirar hacia adentro, en la observación y en la honestidad. Es una parte importante para conectar con esta práctica. A nivel físico es algo que cualquiera puede hacer. El yoga es muy respetuoso, no hay juicios. Se va a respetar tu propio ritmo, puedes ir a la velocidad que quieras, hay muchas variantes y soportes para facilitar tu práctica o, en caso necesario, incluso hacerla más compleja. 

—¿Cuál diría que es la postura más compleja?

—Cada postura tiene su cosa. A mí, por ejemplo, me costaban mucho las flexiones hacia adelante, algo tan simple como eso. Una flexión del cuerpo hacia adelante, porque son muy introspectivas, me hacía estar mucho conmigo misma, me costaban. También es curioso porque me costaban mucho las extensiones hacia atrás, en las que también tenía que abrirme demasiado, exponerme para abrir mucho el pecho. Al final estamos acostumbrado 

—¿Es más ilustradora o amante del yoga?

—La pregunta es complicada. Para mí, mi gran pasión siempre ha sido la ilustración y eso me emociona porque ha sido mi modo de vida. Pensaba que esta conexión tan profunda que tengo con la creatividad, con la ilustración, no la iba a tener con nada más hasta que apareció el yoga. Por eso me parece tan potente. Creo que ambas están muy relacionadas porque requieren de un ejercicio de observación, de honestidad. Necesitas mirar hacia adentro para sacar hacia afuera. Pueden parecer muy diferentes, pero comparten muchas cosas. No sé si vale responder que las coloco en el mismo lugar, pero las veo muy equilibradas en mi vida (ríe). 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.