Roser Gort, experta en sueño: «Las personas que duermen mal tienen más tendencia a tener cuerpos con más grasa»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Roser Gort es psicóloga experta en sueño.
Roser Gort es psicóloga experta en sueño.

La especialista habla de los sueños y las teorías que explican su función, de cómo regular el reloj biológico y de la medicación que favorece el descanso

10 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Dormir bien empieza muchas horas antes de acostarnos. El estrés, la hiperconectividad, las pantallas, los horarios irregulares y la dificultad para desconectar están alterando nuestro descanso. Pero dormir no es únicamente descansar. El sueño interviene en funciones esenciales y condiciona la memoria, el aprendizaje, el sistema inmunitario, la regulación emocional, el rendimiento físico y la salud mental. Roser Gort, graduada en Psicología entre la Universidad Autónoma de Barcelona y la Arctic University of Norway, explica por qué El sueño lo cura todo. No sorprende, por tanto, que justo ese sea el título de su nuevo libro, editado por Brugera, que empezó a gestarse en territorio noruego por el insomnio que, paradójicamente, sufrió esta experta en sueño, a consecuencia del sol de medianoche.  

—¿Qué tiene que ver este libro con Noruega?

—Cuando estaba estudiando la carrera, fui a Noruega. Allí existe esa dualidad en la que, durante unos cuantos meses, tienen luz natural durante prácticamente las 24 horas del día y una puesta de sol infinita. Después, en otro momento del año, llega la oscuridad total. Me sorprendió que, al llegar allí, en la propia universidad nos dieron charlas sobre cómo sobrevivir a esta experiencia sin enloquecer (ríe). Nos enseñaron cómo estar sincronizados con nuestro propio reloj biológico a pesar de vivir en un sitio que no nos ayudaba a diferenciar lo que era el día de la noche. A medida que pasaban las semanas, la gente empezaba a sentirse incómoda al no tener una rutina porque dependía totalmente de sus hábitos. Al volver y terminar la carrera, ya me empecé a especializar en sueño y a hacer investigaciones al respecto, así como a compartir contenido en redes sociales.

—Puede que la pregunta resulte un poco absurda pero, ¿se sabe exactamente por qué dormimos?

—Sí, parece una cuestión muy obvia porque es una función vital, pero si empiezas a mirar un poco el porqué aparecen tantas teorías para explicarlo que a mí me da la sensación de que, te dé la respuesta que te dé, siempre me voy a quedar corta.

—Me gustaría que me comentase algunas de esas teorías. 

—Sí, las hay que dicen que no podemos gastar energía durante tantas horas al día así que, como estamos sincronizados con la naturaleza, en el momento en el que quizás tenemos más riesgo de que aparezcan depredadores y nosotros no estar ágiles porque quizás no hay luz, ahí nos dedicamos a conservar energía y a estar un poco más protegidos. Después hay otras opiniones que nos dicen que quizás nuestras células producen mucho desgaste a lo largo del día y hay un momento en el que deberíamos repararlo. Otras, que quizás dormimos para dar espacio de reparación a nuestras emociones y a poder colocar un poco todo lo que hemos vivido a lo largo del día. 

—¿Pero cuál le convence más a usted como investigadora?

—Me quedo con que durante el día producimos mucho desgaste y tenemos una vida que requiere mucha atención. A la vez, eso nos hace acumular información y realmente necesitamos que exista un taller de reparación de todo el desgaste que hay durante el día. Y no solo hablo de nuestro propio cuerpo, también de nuestra inteligencia y emociones, porque estas y los pensamientos también deberían de repararse o, como mínimo, encontrar su sitio para poder almacenarse con tranquilidad sin que les entre información nueva. 

—¿Es posible que una persona duerma las horas recomendadas, entre siete y nueve, y que aun así sienta que no son suficientes?

—Sí. A veces se nos pide dar una cantidad de horas necesarias y yo no soy muy partidaria de dar un número exacto. Creo que en lugar de ponernos a medir cuánto tiempo dormimos, deberíamos de fijarnos más en si nos sentimos sin sueño durante el día, con energía. Si te sientes feliz y motivado por lo que viene, ahí es cuando te das cuenta de que estás durmiendo las horas que necesitas. Hay quien requiere solo siete y otros, nueve. Uno de los grandes medidores es si en ese momento serías capaz de despertarte sin alarma. Eso quiere decir que tu cuerpo ha completado un ciclo y que, por el mismo, se despertaría. Además, no debemos ser rígidos: las horas que necesitas hoy pueden ser distintas a las que necesitabas hace cinco años o a las que precisarás dentro de veinte. 

—¿Es posible poner en hora nuestro reloj biológico?

—Sí, esto justo es lo que nos pasaba en Noruega. El reloj lo llevábamos dentro, pero no tenía la capacidad de sincronizarse con el exterior mediante la luz, por eso es muy importante ser inteligentes sobre cómo la utilizamos. No es lo mismo una persona que se despierta a las ocho de la mañana con la luz natural de la calle, a haber pasado las primeras horas levantados con alguna de tipo artificial. Desde el momento en el que tenemos ese primer contacto le estamos diciendo a nuestro cuerpo que dentro de 16 o 18 horas tiene que volver a dormir. Por eso, si nos exponemos tarde, también vamos a tener una reacción hormonal que nos induce al sueño más tarde. 

—¿Qué relación existe entre cómo dormimos y lo que comemos?

—Una noche privada de sueño va a repercutir en tus elecciones en cuanto a comida y esto, la lógica que hay detrás, va más allá de que crea un desajuste hormonal que nos hace tener una tendencia de más hambre, también tiene que ver con la impulsividad. Un cerebro que funciona bien es capaz de frenarla, pero para ello, se necesita un sueño de calidad. Si he estado privado de sueño, me sale de dentro la impulsividad y no tengo la capacidad para frenarla. Termino tomando decisiones que están mucho más basadas en la gratificación inmediata que en el refuerzo a corto plazo, no tanto a largo. Eso quiere decir que voy a elegir un producto u otro por el gusto. Cuando estoy privado de sueño, elijo alimentos más grasos, calóricos, palatables. En cambio, cuando tengo un sueño equilibrado, las decisiones que tomo son más responsables y tienen la capacidad de no guiarse por el impulso. Al final, incluso termina reflejándose en la composición corporal de las personas: las que duermen mal tienen más tendencia a tener cuerpos con más grasa y eso no es solo porque hagan menos deporte, sino porque eligen opciones de comida más grasas. 

—¿Entonces se podría decir que dormir mal reduce nuestra inteligencia emocional?

—Cien por cien. Por ejemplo, si estoy preparando unos exámenes y a las dos semanas antes me pongo a estudiar a tope, de una forma tan exigente que provoca una reducción de las horas de sueño —seis o incluso menos—, es más probable que el día de la prueba no tenga la misma inteligencia ni capacidad de utilizar los conocimientos que si hubiera existido una planificación en la que se incluyesen ocho horas de sueño diario. Esto sucede porque, cuando estoy integrando información en un examen, hay que hacer dos cosas: recordar información y, a la vez, utilizarla del modo que me la piden. De modo que, seguramente, tengo que hacer combinaciones de lo que ya sé. Para retener esa información necesito que, cuando la estudio, pase a la memoria a largo plazo. Esto sucede mientras estoy durmiendo. Si voy corto de sueño, estoy impidiendo que se terminen de hacer esos procesos de transfusión de la información. Y no solo eso, sino que llego al examen y tengo que hacer combinaciones de esa información, mi memoria de trabajo también se ve afectada, soy más lento. Esto también lo vemos, por ejemplo, con la conducción. La capacidad de reacción rápida la pierdo cuando voy privado de sueño. Y en en plano emocional, los sueños suelen tener mucho de este contenido.

—¿Por qué soñamos?

—Una de las teorías que respalda el porqué soñamos nos dice que es un espacio en el que tenemos los niveles de hormonas activadoras, como la adrenalina o el cortisol, muy bajas, eso nos da algo de miedo, ansiedad y respeto. Podemos ser los actores de esos escenarios sin llegar a sentir el pánico que sentiríamos al hacerlo despiertos. Eso quiere decir que si en mis sueños estoy recordando algo de mi pasado, puedo reconfigurar mi memoria de lo sucedido para que no me duela tanto. Si estoy soñando con algo que preveo que pueda pasar en el futuro, estoy intentando encontrar soluciones, planteamientos o modos de reaccionar sin tener realmente un peligro que supone vivirlo en el día. Estoy intentando suavizar las emociones del pasado y prepararme para mi futuro. Y esto nos pasa no solo con las emociones negativas, también con las positivas. De hecho, nos pase algo bueno o malo, con el tiempo, ni es tan malo ni es tan bueno, se da un equilibrio. Esa es la parte de reparación emocional que hacemos durante el sueño. 

—¿Entonces los sueños tienen significados?

—Tenemos que ser honestos y, cuando llegamos a nuestro límite de conocimiento, decirlo. A día de hoy la interpretación de los sueños, con certeza detrás, no existe. Esto quiere decir que podemos intuir que si una persona tiene pesadillas quiere decir que a nivel emocional está sintiendo ansiedad, tensión y miedo. Posiblemente en esas pesadillas podemos encontrar algún elemento reconocido. Quizás encontramos alguna persona que identifica alguna situación que le ha generado ese estrés. Imaginemos que tienen que ver con un coche y ha sufrido un accidente. Pero de ahí a hacer suposiciones de que esto tenga una lectura de futuro o de más información de la que la persona tiene cuando está en vigilia es simplemente una confabulación, no hay rasgo clínico o científico detrás. Los sueños son un espacio donde mi cerebro tiene una baja carga de neurotransmisores que nos inducen a estrés, activación y alerta. Nos permite practicar escenarios que nos contaría mucho hacerlo durante el día. Gestionar el pasado y preparar el futuro. 

—En el libro menciona que no es lo mismo dormir bien de verdad que hacerlo sedado. ¿Qué alternativas a la medicación existen para poder dormir?

—La medicación no es buena o mala, sino que está bien o mal dada. Quizás el mayor problema es que, cuando una persona va al médico porque no puede dormir, no se le escucha ni se le pregunta lo suficiente. No sabemos cómo es su vida, pero ya le estamos emitiendo una receta con un fármaco para dormir. Hay casos en los que sí puedes ayudar a la persona con ese tratamiento, pero sabiendo que hay tantos motivos por los que no se duerme, porque hay más de cincuenta, parece muy impulsivo intentar solucionarlos todos con un fármaco. En muchos casos, el motivo por el que la persona no duerme tiene más que ver con el día que con la noche. Con su día me refiero a que quizás no está tomando las decisiones que necesita para dormir. Un exceso de productividad genera tanta cantidad de cortisol y adrenalina que nos impide frenar cuando llega la noche. Es como ir en sexta con el coche e intentar frenar cuando quedan menos de 10 metros. Necesitamos hacerlo mucho antes. 

—¿Cómo de fácil es dejar después la medicación?

—Siempre tiene que ser con el respaldo de un médico. Las dosis deben disminuirse progresivamente. Cuando hablamos de retirada de la medicación no solemos hacerlo de manera brusca. Tien que haber unas semanas de margen en las que se va ajustando la dosis. Y así, a modo de transición, se va cambiando de un escenario farmacológico a otro que no lo es. El problema que se suele dar con la medicación es que la intervención farmacológica no suele ir acompañada de herramientas psicológicas. El insomnio tiene solución psicológica sin necesidad de recurrir obligatoriamente al fármaco. Hay que enseñar a dormir o a cambiar la vida para que se pueda dormir y eso se consigue con psicología. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.