Ana Belén Crujeiras, investigadora: «El gran reto en el manejo de la obesidad es, y ha sido siempre, la recuperación del peso perdido»
VIDA SALUDABLE
La científica gallega, a través de una iniciativa pionera de la que es cocordinadora, busca un nuevo enfoque para trasladar los últimos hallazgos en obesidad a la práctica clínica de estos pacientes crónicos
05 sep 2026 . Actualizado a las 17:34 h.Ribeira acoge, hoy y mañana, el primer «Curso de Investigación Traslacional en Obesidad: del laboratorio a la práctica clínica». Una jornada informativa innovadora de la Sociedad Española de Obesidad (Seedo) con la que se pretende acercar los avances más recientes en investigación de la obesidad a la práctica clínica diaria, reuniendo a un amplio, variado y reputado grupo de expertos en obesidad. Entre ellos, Ana Belén Crujeiras (Santa Uxía de Ribeira, 1979) directora del grupo de investigación Epigenómica en Endocrinología y Nutrición del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS) y una de las organizadoras locales de esta iniciativa.
—¿Cuál es el porqué de este curso?
—Es una iniciativa que nace a partir del Grupo de Trabajo de Investigación Traslacional de la Seedo. Nuestra idea es juntar a los profesionales de la salud interesados en el manejo de la obesidad, con los que estamos trabajando en investigación al pie del laboratorio, para dar a conocer el trabajo que estamos haciendo actualmente para mejorar el manejo de la obesidad, así como dar a conocer cómo se llegó a las estrategias terapéuticas que tenemos actualmente disponibles para el tratamiento de esta enfermedad, tanto a nivel de fármacos como de estrategias nutricionales.
—¿En qué situación se encuentra la investigación en obesidad?
—Ahora mismo estamos viviendo una era muy importante en el manejo de la obesidad. Hasta hace muy poco, la única estrategia terapéutica que teníamos disponible era la cirugía bariátrica, que solo era prescrita a aquellas personas que ya padecían una obesidad severa. Sin embargo, ahora tenemos ya herramientas en clínica con bastante eficacia para poder tratar esta enfermedad. Todavía nos queda mucho por conocer porque es compleja y multifactorial, influenciada por numerosos factores: ambientales, genéticos y moleculares propios de cada persona; además de los sociales y conductuales. Se necesita un abordaje multidisciplinar y necesitamos una investigación desde muchos campos.
—¿En qué ámbitos se centran los esfuerzos?
—Hay una dirección bastante definida. Hasta hace unos años, la investigación se centraba en el sistema de regulación del apetito y la homeostasis energética a nivel del sistema nervioso central, que fue lo nos ha llevado a poder identificar las dianas terapéuticas que ahora mismo se están utilizando con los análogos de GLP-1. Actualmente se está haciendo mucho esfuerzo en enfocar también los trabajos de investigación en otros órganos periféricos, como el tejido adiposo, que se está viendo que juega un papel muy relevante. También a nivel del hígado y en las moléculas que se secretan en el intestino, en comunicación con el sistema nervioso central, con el cerebro.
—Su ponencia se titula: «Descifrando la interacción molecular entre dieta y obesidad, el papel de la nutriepigenómica». ¿Qué es la nutriepigenómica?
—Es una palabra complicada y poco conocida, pero muy fácil de explicar. En mi grupo de investigación nos dedicamos a estudiar unas marcas químicas que se añaden al ADN, que actúan como si fueran unos interruptores que encienden y apagan los genes. La ciencia que estudia estas marcas químicas, epigenéticas, es la epigenómica. En mi charla abordaré la evidencia científica que existe ahora mismo en cuanto a la regulación de estas marcas epigenéticas procedente del ADN inducida por los nutrientes, porque esto es un factor importante.
Ahora mismo nos hemos alejado de lo que es la dieta saludable, hacia otras más occidentalizadas, ricas en ultraprocesados, que regulan nuestros genes y van a modificar nuestro estado de salud. Una dieta con nutrientes saludables, como pueden ser los ácidos grasos omega 3 y antioxidantes como puede ser el resveratrol, por poner algún ejemplo, son capaces de regular estas marcas epigenéticas y ya nos influyen desde los primeros días de nuestra vida, incluso durante el embarazo. Nos van a ir influyendo a lo largo de nuestra vida y condicionar al final nuestro envejecimiento.
—En un paciente con obesidad, ¿esta relación se ve alterada?
—Sí, por medio de estos mecanismos moleculares nosotros sabemos, por evidencia de trabajos científicos que hemos desarrollado en mi grupo, que las personas con obesidad tienen estas marcas epigenéticas diferentes a las de una persona que tiene un peso saludable. Hemos puesto de manifiesto que esa sensibilidad a volver a ganar el peso perdido, en personas que están en tratamiento para la obesidad, puede que se esconda estas marcas epigenéticas. Sabemos que con una estrategia terapéutica nutricional se pueden revertir estas marcas epigenéticas y mejorar esa respuesta.
—¿Cómo de reversible son estas marcas epigenéticas?
—Son reversibles. No todas, pero parte de ellas se pueden modular. Cuando adquirimos marcas epigenéticas específicas, debido a hábitos, el consumo de tabaco, una dieta poco saludable, la falta de actividad física o incluso el estrés psicológico, modifican estas marcas epigenéticas, pero no quedan para siempre. Si adquirimos hábitos saludables, sí se pueden revertir gran parte de ellas. A diferencia de la genética, que nacemos con ella y se mantiene hasta el final de nuestros días.
—¿Existen estudios concretos en los que se ponga de manifiesto ese poder de la nutrición?
—Sí, nosotros tenemos un estudio muy bonito donde hemos tratado personas con obesidad con una dieta cetogénica baja en calorías. Las personas perdieron peso, mejoraron su situación clínica y cuando quisimos ir un poco más allá, saber lo que estaba pasando, hemos visto que estas personas presentaban un estado de inflamación y de estrés oxidativo más bajo que en sus niveles iniciales, antes del tratamiento. También vimos que esto se relacionaba con cambios en estas marcas epigenéticas que, al perder peso con esta estrategia terapéutica, se parecían mucho a las marcas epigenéticas que tenían las personas con peso saludable. Más allá de la pérdida de peso, vimos que los cuerpos cetónicos inducidos por esta estrategia terapéutica podrían jugar un papel relevante en esta modulación.
—Me comentaba que estamos abandonando las dietas saludables y que nos dirigimos a otras más occidentales. ¿Estamos abandonando la atlántica?
—Justo estamos llevando a cabo un estudio para revisar si nos estamos alejando de este patrón de alimentación, pero en rasgos generales, diría que sí. Nos estamos alejando bastante. Este patrón atlántico se caracteriza por un consumo de alimentos de temporada, de cercanía. Hay también una presencia de pescado notable, que cada vez se consume menos. Pero es que va más allá de la parte gastronómica: la costumbre de comer en familia, cada vez la tenemos menos y aporta un estado de salud importante, porque somos animales sociales; necesitamos de esa relación entre las personas. Comer en familia te aporta una situación psicológica que también está modulando nuevamente estas marcas epigenéticas, beneficia a la salud. El estilo de vida que tenemos se está apartando bastante de ese patrón de dieta atlántica que seguían nuestros abuelos.
—¿Qué retos siguen presentes a la hora de abordar la obesidad?
—A pesar de que ahora mismo tenemos disponibles estrategias terapéuticas que están siendo bastante eficaces, todavía tenemos que afinar mejor a nivel de precisión y de medicina personalizada. Es decir, se está observando que no todas las personas responden de la misma manera. Además, desde siempre el gran reto en el manejo de la obesidad es esa recuperación de peso una vez tratada la enfermedad. Todavía no sabemos muy bien cómo atajarla y sigue siendo un reto a nivel asistencial.