Malena García, gastroenteróloga: «La hidratación es mejor hacerla a lo largo del día, fuera de las comidas»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Malena García Arredondo es especialista en aparato digestivo.
Malena García Arredondo es especialista en aparato digestivo.

La experta subraya que «como regla general, lo que son bebidas carbonatadas con azúcares y gas añadido, empeoran los síntomas digestivos», desmontando la idea de que ayudan con las molestias de este tipo

02 sep 2026 . Actualizado a las 13:05 h.

A la hora de hablar de una buena digestión, importa lo que comemos, pero también cómo lo hacemos: la cantidad, si se trata de una ingesta que no solemos incluir en nuestra rutina y la bebida con la que se acompaña. Malena García Arredondo, especialista en Aparato Digestivo y experta en trastornos del eje intestino-cerebro, explica cómo influye «el contexto» en nuestras digestiones y en qué momento resulta necesario consultar a un especialista. 

—¿Los problemas digestivos son más frecuentes en verano?

—Realmente, no es que sean más frecuentes en verano, sino que la pérdida de rutina y horarios al salir más a comer fuera, influyen. También se comen más frituras, se beben más bebidas gaseosas y alcohol. Por todo esto, sí que podemos tener padecer ciertos síntomas digestivos que no tenemos a lo largo del año, pero en general, no es que las personas sufran más patología digestiva como tal. La hay a lo largo de todo el año. 

—¿Qué es el reflujo?

—El reflujo gastroesofágico se da cuando parte del contenido gástrico asciende al esófago. Es decir, el vaciamiento. Lo normal es que el alimento pase del esófago al estómago duodeno. El reflujo es esa subida que puede ser un escape simplemente ácido, puede haber algún contenido líquido, incluso algo de alimento.

—¿Y el ardor?

—El ardor como tal es un síntoma, que puede ser consecuencia de ese reflujo por el escape ácido, el escape de líquido o alimento o, a veces, hay una sensación de ardor en un contexto de mala digestión sin que haya un reflujo. Lo que llamamos dispepsia.

—¿A la gente le cuesta explicar sus síntomas digestivos?

—Efectivamente, muchas veces a los pacientes pues les cuesta expresar la sintomatología. Creo que es importante diferenciar lo que es el reflujo y cómo lo suele percibir el paciente, como un ardor retroesternal en la zona del tórax o el pecho. Cuando la molestia es justo en boca del estómago, no en la zona torácica y más después de comer, ahí podría ser reflujo. Pero, generalmente, suele ser dispepsia, una mala digestión.

—¿Cuándo debemos acudir a un especialista?

—Lo importante es distinguir los síntomas. Cuando son puntuales, en un contexto de una transgresión de alimentos, dietética o de alcohol, en unos días donde se dan unos horarios más alterados con mucha comida, es normal. Otra cosa es cuando se van cronificando y haciendo frecuentes. Siempre digo a los pacientes que normalizar los síntomas digestivos es un error, cuando se dan con frecuencia hay que consultar con un especialista. 

—Cuando se dan este tipo de molestias digestivas, ¿se suele recurrir a la automedicación, como los prazoles?

—Sí, suele haber mucha automedicación. Existe un alto consumo de prazoles —el omeprazol es el único de venta libre en farmacias— y estos, por su propio mecanismo de acción, no tienen un efecto inmediato en el síntoma, sino que tardan unas horas. Es más, la inhibición de la secreción ácida se consigue a partir de las 12 a las 24 horas. Por lo tanto, no es lo idóneo recurrir a ellos. 

—Cuando se sufren problemas digestivos, ¿se suele dar más importancia a lo que comemos en comparación con lo que bebemos?

—En consulta, las personas sí suelen centrarse más en los alimentos, pero yo siempre digo que hay que evaluar el contexto: no solo lo que comemos, sino también el líquido que lo acompaña, las cantidades y cómo lo tomo. Para evitar el reflujo y mejorar las digestiones la primera regla siempre es la cantidad: cuando la presión gástrica supera la esofágica. En cuanto a los líquidos, el alcohol y las bebidas gaseosas relaja el esfínter esofágico inferior y eso también está induciendo. Además, sabemos que es bueno acompañar el alimento de una pequeña cantidad de líquido, pero si durante la comida bebo un litro de agua porque tengo sed, eso me va a generar una distensión grande y facilitar el reflujo, enlenteciendo la digestión. Por eso, la hidratación es mejor hacerla a lo largo del día, fuera de las comidas, y con ellas solo una pequeña cantidad. 

—¿Influye lo que hacemos después de comer?

—Sí, si después de comer me tumbo completamente, eso va a favorecer una peor digestión que si doy un paseo, camino o simplemente estoy incorporado. Asimismo, si en ese momento sufro estrés, como en el tubo digestivo está nuestro segundo cerebro, la digestión empeora. Siempre le digo a los pacientes que el sistema digestivo funciona bien en modo parasimpático, el de la calma, y no en el de alerta. Con lo cual, podemos decir que no solo influye el alimento, sino también todos estos factores que estamos mencionando. 

—¿Las bebidas gaseosas ayudan en el proceso digestivo?

—Las bebidas gaseosas tienen una doble acción. Por un lado, el gas produce distensión y puede inducir aumento de eructo o cierto reflujo, aunque es cierto que para lo que es la mala digestión, hay ciertos pacientes a los que les alivia. Depende mucho de la sensibilidad individual de cada paciente, con lo cual, aquí no podríamos dar una norma para todos, porque depende mucho. En principio, como regla general, lo que son bebidas carbonatadas con azúcares y gas añadido, empeoran los síntomas digestivos.

—¿Puede una copa de vino sentarme bien un día y otro provocar cierta acidez?

—Efectivamente, el vino puede provocar acidez, pero como hemos hablado, hay que analizar bien el contexto, si realmente es el vino el culpable. Porque si siempre que tomo una copita, con independencia de si como más o como menos, me genera ardor, pues efectivamente podemos identificarlo. Pero muchas veces no es esa copa de vino, sino una comida copiosa, luego me acuesto... Muchas veces suele ser más en relación con la cena, por eso una copa de vino al mediodía no nos da ninguna sintomatología y por la noche sí.

—¿Existen diferencias entre el tinto y el blanco a la hora de producir más o menos ardor?

—Realmente lo más importante es entender que el alcohol no es un digestivo. Cualquier bebida que lo contenga nos puede inducir reflujo, irritar la mucosa y alterar la barrera intestinal. Sin embargo, es cierto que tiene otros componentes, como antioxidantes o polifenoles, que son beneficiosos. En cuanto a si es mejor el blanco o el tinto, realmente esto es muy consumidor dependiente, es decir, hay una sensibilidad individual, hay a quien el blanco les induce más ardor y no así el vino tinto. Pero no hay ningún dato científico ni está demostrado que uno de los dos induzca más reflujo o síntomas digestivos.

—Hablamos de vino, ¿todo esto que me comenta también es aplicable a la cerveza?

—Generalmente la cerveza puede producir un poquito más de distensión por el gas, pero suele producir menos irritación en la mucosa por su propia composición. El reflujo y la irritación mucosa está más asociado al vino por la composición que a la cerveza.

—Habrá a quien le resulte sorprendente que una gastroenteróloga mencione algunos beneficios del alcohol. 

—El alcohol, como gastroenteróloga, no lo podemos recomendar como una estrategia de salud, pero tampoco creo que haya que demonizarlo ni convertir una copa de vino en un motivo de alarma porque pertenece a nuestro ámbito de gastronomía y a nuestro disfrute. Todos conocemos el efecto nocivo del consumo de alcohol para salud, con lo cual, lo mejor, es el mínimo. Lo cual no significa que, en un contexto de una comida y una cena, consumir una buena copa de vino no se asocie a un disfrute.

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.