Sergio Álvarez Blanco, el gallego que busca en nuestro intestino la causa del párkinson: «El futuro está en la microbiota»
VIDA SALUDABLE
El joven vigués, licenciado en medicina por la Universidade de Santiago, abordó en su Trabajo de Final de Grado la relación que existe entre la microbiota y las enfermedades neurodegenerativas
29 ago 2026 . Actualizado a las 19:21 h.«El intestino gallego que cuida tu cerebro». Ese era el título de la carta remitida a la redacción de La Voz de Galicia por Sergio Álvarez Blanco (Vigo, 2002). Tras ese llamativo cebo, estaba un trabajo realizado por un joven de 24 años, recién licenciado en medicina, que parece tener claro que dentro de las tripas de la comunidad hay, como mínimo, parte de las respuestas que aún nos faltan sobre el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento. «El intestino gallego que cuida tu cerebro» es una foto con dos protagonistas. Uno, la enfermedad de Parkinson; la otra es una bacteria llamada Akkermansia muciniphila. Quizás no les suene, pero este entusiasta médico, que todavía debe decidir hacia qué especialidad orientará su futuro, tiene razones para sospechar de la existencia de una relación estrecha entre este germen intestinal —beneficioso y fundamental para nuestra salud metabólica y digestiva— y la patología. A estudiar esas conexiones se ha dedicado en los últimos meses, exprimiendo todo conocido y descrito en la literatura científica para coronar su formación académica, trasladando todo ello a su Trabajo de Final de Grado, indispensable para salir de la facultad compostelana —y de cualquier otra— con el título bajo el brazo.
Y como una cosa suele llevar a la otra, también se ha centrado en el estudio de la longevidad y en cómo esta se relaciona con la dieta.Porque aunque Japón suela ser el referente más habitual, con su célebre apuesta dietética en algas, pescado azul y verduras, Galicia también dispone de «su propia despensa de la longevidad». Son, de nuevo, las algas, pero también otros productos del mar como sardinas, xoubas o caballas, tan ricas en omega-3 como el salmón, y mucho más accesibles. Sergio, que pese a ser tan joven sabe ya dar titulares, asegura que «la longevidad japonesa tiene, después de todo, acento gallego».
El eje intestino-cerebro-microbiota
Para Sergio, la relación entre la alimentación, la microbiota y el cerebro es fundamental. Asegura que todavía queda mucho por descubrir, aunque poco a poco se le vaya otorgando la importancia que realmente se merece. La alimentación y el ambiente influyen en las cepas que la componen. En ellas conviven todo tipo de bacterias; tanto las beneficiosas como las menos favorables. «El futuro está en la microbiota», sostiene el joven médico, que destaca que las investigaciones ya han encontrado una asociación estadísticamente significativa entre las alteraciones de determinadas bacterias y enfermedades neurodegenerativas como el párkinson. A pesar de esto, recalca que de momento no se puede hablar de una relación de causa y efecto. Todavía.
Explica además, que a pesar de que la evidencia científica aún no ha afirmado que las alteraciones de la Akkermansia muciniphila, sean la causa o el determinante de la enfermedad de párkinson. «Existe una relación muy estrecha, por lo que podría, en algún momento, llegar a ser la clave que convierta la microbiota en una herramienta que permita hacer un diagnóstico temprano de este tipo de enfermedades», señala.
La conexión entre la microbiota intestinal y una enfermedad neurodegenerativa se explicaría, entre otros mecanismos, a través del denominado eje intestino-cerebro-microbiota. Según Álvarez Blanco, la microbiota interviene en la regulación de diferentes sustancias que pueden pasar a la sangre a través del intestino. Además, comenta que existe una extensa red neuronal en el aparato digestivo que se conecta con el cerebro.
De esta forma, las distintas moléculas pueden participar en esa comunicación a través de diversos sistemas como el nervio vago y estar implicadas en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.
¿El párkinson comienza en el intestino?
Al preguntarle a Sergio Álvarez sobre si las enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson comienzan a manifestarse antes en el intestino que a nivel neurológico, aclara: «Es una de las hipótesis que estamos estudiando en pacientes que todavía no han recibido tratamiento con levodopa (L-Dopa), tratamiento habitual de la enfermedad de Parkinson, los llamados pacientes L-Dopa naïve, en los que hemos observado diferencias importantes en su microbiota. Son estudios en los que también encontramos diferencias relacionadas con el estilo de vida y la alimentación, por lo que todo ello podría estar asociado con la enfermedad. Pero todavía necesitamos más evidencia para determinar qué ocurre primero y establecer una relación causal».
Álvarez Blanco habla también sobre la permeabilidad intestinal, y explica que también podría desempeñar un importante papel en este proceso. Una alteración de la Akkermansia muciniphila favorecería la acumulación de sustancias como endotoxinas o lipopolisacáridos, que a su vez podrían participar en procesos relacionados con la acumulación de alfa-sinucleína, una proteína estrechamente vinculada al párkinson.
«Por eso, mantener una microbiota intestinal saludable parece especialmente relevante, aunque todavía estamos investigando exactamente hasta dónde llega su influencia», señala.
El intestino como vía de diagnóstico precoz
El creciente interés de los investigadores por el intestino está modificando la forma de estudiar enfermedades que tradicionalmente se han considerado exclusivamente neurológicas. Según Álvarez Blanco, los neurocientíficos prestan cada vez más atención al intestino porque muchos de los procesos que afectan a nuestra salud están relacionados con los hábitos diarios y, especialmente, con la alimentación.
En este sentido, considera que el análisis de la microbiota podría llegar a utilizarse en el futuro para predecir el riesgo de determinadas enfermedades. «Identificar la relación que existe entre determinadas bacterias y determinadas enfermedades podría llegar a convertirse en una de las claves para desarrollar un diagnóstico precoz en enfermedades como el párkinson», afirma Sergio.
Los beneficios de la dieta gallega
Al preguntarle sobre la relación entre la dieta gallega y un menor riesgo de padecer párkinson, Álvarez matizó: «Hoy por hoy, no se puede afirmar». La evidencia científica confirma una asociación entre la microbiota y el sistema nervioso, pero todavía es insuficiente para hablar de una relación de causa y efecto directo. «Ni una bacteria causa por sí sola una enfermedad, ni un alimento la cura», recuerda.
Sí que considera, que algunos productos tradicionales de la dieta gallega y atlántica pueden resultar interesantes desde el punto de vista de la salud cerebral. Entre ellos, destaca los frutos secos, las verduras o los pescados azules, que aportan ácidos grasos y omega-3, componentes esenciales para las neuronas. Una alimentación rica en estos nutrientes puede contribuir, según explica, a proteger frente al deterioro cognitivo.
Por el lado contrario, recomienda limitar el consumo de alimentos ultraprocesados y aquellos con un elevado contenido en grasas saturadas, como la bollería industrial. Su consumo excesivo se relaciona con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, enfermedades cardiovasculares y obesidad. «Todo ello acaba dañando la salud cerebral porque puede perjudicar el funcionamiento del sistema vascular y el aporte adecuado de oxígeno al cerebro», afirma.
«Hay que volver a la comida real»
Sergio Álvarez asegura que envejecer de forma saludable no requiere recurrir a soluciones complicadas. La alimentación y el ejercicio continúan siendo las principales herramientas para mantener una buena salud y favorecer la longevidad. «No se necesita gastar grandes cantidades de dinero en suplementos de moda», explica. Se centra en cuidar lo que denomina «nuestro segundo cerebro», el intestino, mediante una alimentación basada en productos reales y de proximidad.
«Tenemos que cuidar nuestro segundo cerebro, el intestino, es tan sencillo como volver a la comida real y de proximidad como la fibra, las legumbres, la verdura de la huerta, el fruto del monte o el pescado de la ría. Al final la longevidad y la salud intestinal están estrechamente relacionadas y se construyen día a día en el plato», sentencia Sergio.