¿Cada cuánto hay que lavar sábanas y toallas? ¿Puede ser el sofá un foco de microorganismos?
VIDA SALUDABLE
Los expertos proponen medidas de higiene para los textiles del hogar
06 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Las sábanas, los sofás, los pomos, las manillas, los interruptores de la luz, un móvil o las baldosas del suelo son, en palabras de los microbiólogos, «fómites». Cualquier objeto sin vida o material inerte que, al contaminarse con microbios como virus, bacterias, hongos o parásitos, pueden transmitir una enfermedad de una persona a otra. Es decir, funcionan como un transporte pasivo de gérmenes. «El problema no es tocar un fómite contaminado, sino que luego te llevas la mano a la boca, la nariz o los ojos, y es ahí cuando ese patógeno entra en nuestro organismo», indican desde la Sociedad Española de Microbiología (SEM). «En la película Contagio (Steven Soderbergh, 2011) hay una serie de secuencias que nos muestran cómo la gente se va infectando con un virus gracias a que va tocando una serie de cosas cotidianas como una copa de vino o una tarjeta de crédito, y pasado unos momentos se tocan inadvertidamente la nariz o los labios. En realidad, esa es una forma que tiene el virus de la gripe de transmitirse entre los humanos», ejemplifican.
Toallas
Los tejidos pueden albergar microorganismos que provienen de nuestra microbiota —los que conviven con nosotros y son necesarios para nuestra supervivencia— cuando nos secamos el cuerpo. Pero estas se quedan húmedas y esto puede favorecer la proliferación de hongos. Por eso se recomienda cambiar las toallas cada cuatro o cinco usos; o una semana en el caso de que no se utilicen con frecuencia. También es importante que cada miembro del hogar tenga una propia para su aseo personal, desaconsejándose totalmente su uso compartido, así como evitar emplear la misma para el rostro y el cuerpo. Para evitar que estas se queden húmedas tras su uso se puede optar por exponerlas un poco al sol.
Sábanas
«Las sábanas, al igual que las toallas, albergan microorganismos de nuestra microbiota. Además, también pueden albergar ácaros, algunos de ellos muy molestos, como la sarna o los piojos. Los ácaros de la sarna residen en la piel y los piojos, en el pelo», indican desde la SEM.
Estos dos tipos de animales se dejan caer en la ropa de cama y pueden durar algunos días sin comer nada. «Pero en el momento que otra persona duerma en este sitio con las mimas sábanas de alguien portador, esos animales pueden subir al nuevo cuerpo. De hecho, con respecto a la sarna se conoce el término de ''cama caliente'' cuando nos referimos a aquellas que nunca están frías porque siempre hay gente durmiendo a turnos. Por ejemplo en casos de personal militar marino o en turnos de determinados trabajos con camas compartidas todo el tiempo», añaden.
Por lo tanto, los profesionales apuntan que el recambio de ropa de cama en ambientes familiares dependerá del uso que se haga, pero que es aconsejable, en un entorno familiar, cambiar las sábanas cada semana. Si es necesario, hacerlo con más frecuencia en el caso de las fundas de las almohadas, ya que estas se quedan impregnadas del sudor de la cabeza, donde tenemos muchas glándulas sudoríparas.
Además, los colchones también necesitan ciertos cuidados: lavar la funda del mismo, aspirarlo, utilizar algún tipo de producto de limpieza en seco o darles la vuelta.
Sofás
Aunque pasan más desapercibidos, los microbiólogos alertan de que «en los sofás ocurre algo similar a lo de las sábanas; lo malo es que aquí, la tapicería no se lava». Puede acumular más de 500.000 bacterias por cada 100 centímetros cuadrados. Entre los microorganismos «ocultos», los ácaros del polvo y bacterias fecales y cutáneas como Escherichia coli y estafilococos, que llegan por el contacto diario de la ropa, las manos, las mascotas o pequeños derrames. Actos como comer en el sofá o dejar que las mascotas suban sin fundas lavables, así como la falta de ventilación de los mismos favorecen la acumulación de los mismos. Por ello, la SEM propone aspirar la tapicería una vez a la semana o, en caso de resultar necesario, «poner una funda y lavarla».