Esto es lo que debes hacer si vas a leer en la playa: «La luz ultravioleta acelera la aparición de las cataratas»

VIDA SALUDABLE

Leer en la playa es una práctica habitual.
Leer en la playa es una práctica habitual. Xoan Carlos Gil

Los expertos advierten que la exposición a los rayos del sol pueden causar problemas oculares incluso a corto plazo

03 ago 2026 . Actualizado a las 17:53 h.

El verano es la mejor época para ponerse al día con la lectura. Muchas personas acumulan libros a lo largo del año, con la intención de leerlos cuando tengan tiempo, y las vacaciones ofrecen esa oportunidad. En un verano marcado por el crecimiento del sector editorial, que ha aumentado sus ventas en un 3,3 % con respecto al año anterior, es habitual ver a personas leyendo en la playa. Pero este hábito podría costar caro para la salud de nuestros ojos si no los protegemos de manera adecuada. Analizamos los riesgos de leer al sol y cómo protegerse para disfrutar de la lectura sin provocar daño ocular.

Reflejos

Cada vez que visitamos una playa sin utilizar gafas de sol nos exponemos a niveles de radiación ultravioleta que causan daños acumulativos en los tejidos de nuestros ojos. «Nunca nos desintoxicamos de esa radiación, la que recibe nuestro cuerpo se va sumando y permanece durante toda la vida», señala Alex Dubra, directivo del Colegio de Ópticos Optometristas de Galicia. Lola Álvarez, jefa de Oftalmología del Área Sanitaria de Ferrol, explica que «en la playa, igual que en la nieve, la luz viene desde arriba y también desde abajo, porque rebota en los cristales de la arena. Esto no lo solemos tener en cuenta, pero hace que la intensidad de la radiación recibida sea mayor».

A la luz que llega del sol se suman sus reflejos, esos destellos que podemos reconocer fácilmente en la superficie del océano o en el suelo. La arena clara refleja hasta un 80 %, mientras que el agua refleja cerca del 10 % de los rayos, dejando pasar un 60 % de la radiación hacia dentro del mar. Estos reflejos amplifican los efectos negativos de la radiación solar y pueden llevar a que las personas desarrollen problemas incluso en el corto plazo. «Lo que ocurre es que esa radiación va a provocar más daños a nivel ocular. Puede llegar a ocasionar una queratitis, que es una inflamación de la córnea que provoca un dolor agudo, sensación de cuerpo extraño y lagrimeo», explica Dubra.

«Lo más frecuente que vemos es una queratoconjuntivitis actínica, que es una alteración de la superficie de la córnea como consecuencia de la exposición solar. En este caso, ocurre con la córnea lo mismo que con la piel cuando se descama: se forman pequeñas heridas que causan dolor y disminución de la agudeza visual», detalla el doctor José María Martínez de la Casa, catedrático de Oftalmología de la Universidad Complutense de Madrid.

También puede producirse el pterigión ocular, un crecimiento benigno de tejido carnoso en la conjuntiva que se extiende hacia la córnea. Sus causas principales son la exposición prolongada al sol y al viento, y sus síntomas más comunes incluyen enrojecimiento, ardor y la sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo. «Este puede llegar a comprometer la visión. La ventaja es que progresa muy lentamente y una vez que se detecta, se puede tenerlo controlado para eliminarlo mediante cirugía si se sospecha que puede llegar al centro de visión del ojo», explica Dubra.

A largo plazo, la exposición excesiva a la luz solar provoca cataratas, una afección que vuelve opaco el cristalino, que funciona como la lente del ojo. «La luz ultravioleta acelera su desarrollo. Aparecen antes en personas que están más tiempo expuestas al sol que en personas que no lo están», señala el óptico.

Protección

La manera más eficaz y sencilla de cuidar la visión en la playa es el uso de gafas de sol homologadas. «Las que se utilizan son las de categoría 3 para el uso general y categoría 4 para una exposición muy intensa, como podría ser el caso de una exposición a la nieve, que refleja mucho más la luz, pero no en la playa», explica Martínez. Eso sí: el experto advierte que está desaconsejado el uso de gafas que no cumplan con las normas ISO, «porque podrían provocar más daño que protección» al dejar pasar radiación sin dejar que las pupilas se contraigan. «Ponerse una gorra también puede ayudar», propone Dubra.

No hace falta que las gafas sean polarizadas, pero si lo son, pueden proporcionar incluso mayor confort. «La gafa polarizada elimina la luz horizontal y resulta más cómoda para ver», asegura Dubra. Lo ideal, señalan los expertos, es que cuenten también con protección lateral para evitar que los rayos lleguen al ojo desde todos los ángulos posibles. Álvarez señala que tanto niños como adultos deben utilizarlas. «No es adecuado ponerse gafas de sol para todo, porque el ojo también tiene que acostumbrarse a vivir en condiciones de luminosidad elevada, pero si vas a estar muchas horas al sol, es importante utilizarlas porque de lo contrario puede acabar doliendo la cabeza por cerrar continuamente el iris, que actúa como un diafragma para dejar pasar menos luz».

Con estas precauciones, podemos relajarnos y disfrutar de una buena lectura veraniega. Pero ¿qué pasa con aquellos que necesitan gafas para leer? En ese caso, Dubra recomienda algunas opciones. «Si no tienen gafas de sol graduadas para leer, hay unos clips que se pueden adaptar a la gafa, que se colocan por encima y protegen del sol. También recomendamos hacerlo a la sombra, estar debajo de una sombrilla o usar sombrero, para no recibir tanta radiación directa en los ojos».

Las lentillas, si bien se pueden utilizar en la playa, requieren cuidados especiales. «Una lentilla actúa como una barrera para la hidratación del ojo, por lo que puede acentuar el daño a nivel de la superficie de la córnea. Además, no protegen de la radiación ultravioleta, es decir, no eximen de la necesidad de utilizar gafas de sol. Y las lentillas pueden convertirse en un reservorio de posibles infecciones si una persona se baña con ellas en aguas no tratadas», advierte Martínez. 

El riesgo se incrementa en aguas estancadas. «El mayor problema son las infecciones por protozoos, que son muy dañinas, como la acanthamoeba. Pero en el mar podemos contraer conjuntivitis. Hay que prestar atención a síntomas como lagrimeo, fotofobia, ojos rojos, que indican una posible conjuntivitis, o, en el caso de una queratitis, visión borrosa», detalla Álvarez.

Para minimizar los riesgos, Dubra propone utilizar lentillas desechables diarias. «En la playa, las lentes de contacto se pueden contaminar con cualquier bacteria presente en la arena o en el agua», subraya, por lo que recambiarlas al final del día es una manera fácil de evitar su propagación. Asimismo, Álvarez señala que no está de más proteger los párpados con crema de sol, «porque es una piel muy sensible y es más fina que el resto del cuerpo».

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.