¿El aire acondicionado nos enferma? «Perdemos la capacidad de humidificar nuestras mucosas»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

La temperatura del aire acondicionado debe rondar los 26 grados.
La temperatura del aire acondicionado debe rondar los 26 grados.

Aunque esta tecnología resulta sea una aliada para los días de calor, debe utilizarse con algunas precauciones para que no repercuta en nuestra salud

31 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Pasar del horno al congelador. Esa es la sensación que muchos tienen en el momento en que, en los días de altas temperaturas, pasan de dar un paseo por la calle a entrar en un establecimiento donde está puesto el aire acondicionado. O incluso a diario, entrando en el trabajo. Dar con el punto en el que todo el mundo está a gusto es complicado, si bien es cierto que la evidencia científica sí ha encontrado cuáles deberían ser las oscilaciones ideales. «La diferencia entre el entorno exterior y el nuestro propio debe encontrarse entre unos ocho y diez grados, aproximadamente», indica Asensio López, médico de familia y coordinador del Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (Papps) de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC). Esto significa que si nuestra temperatura corporal se encuentra cerca de los 36 grados, la exterior debería estar entre los 24 y los 26. Bajar de esos valores óptimos (y subir) conlleva consecuencias para nuestra salud. 

Si la diferencia entre la temperatura exterior y nuestra interior supera ese rango, «el cuerpo empieza a tener problemas de regulación de su propia temperatura y, por tanto, se genera un proceso de malestar e incomodidad». A lo mejor, al principio, nos sentimos a gusto, «pero de manera mantenida se pueden llegar a sufrir contracturas musculares, desajustes de nuestra propia temperatura, alteración de la mucosa, sequedad en la nariz y la garganta», avanza López. 

Sequedad e irritación de las mucosas 

El aire acondicionado rebaja la humedad del ambiente: «Esa bajada provoca que perdamos la capacidad de humidificar nuestras mucosas», expone el médico de familia. Serafín Sánchez, presidente de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (Seorl-CCC), sostiene que «las cuerdas vocales necesitan una adecuada hidratación para funcionar correctamente. Cuando se combinan deshidratación, aire seco y esfuerzo vocal prolongado, aumenta la probabilidad de sufrir afonías o molestias persistentes en la garganta». Eso, en el mejor de los casos, porque las exposiciones continuas pueden favorecer los procesos inflamatorios como faringitis, laringitis o disfonías.

Además, las vacaciones suelen ir acompañadas de una mayor actividad social en terrazas, festivales o espacios de ocio donde las personas tienden a elevar la voz para comunicarse, incrementando el riesgo de sobrecarga vocal. Por no hablar de la euforia —y los gritos— que ha supuesto, el ya pasado, mundial de fútbol. 

Todos estos síntomas serán sufridos en mayor medida si la persona tiene una patología o antecedente previo. «Las que padecen faringitis crónica, que han sido operadas de anginas o que tengan una tendencia a producir una respuesta respiratoria, automáticamente, notarán que su garganta se empieza a quejar, entre comillas», indica López.

El aire acondicionado no nos pone enfermos de por sí, pero puede aumentar el riesgo. «En nuestra garganta solemos tener microbios de los que nuestro propio sistema inmunitario nos está defendiendo automáticamente. Cuando se produce un cambio extremo de temperatura, se debilita y podemos coger una infección». Puede que lo hayan dicho o escuchado alguna vez: «Es que hacía mucho frío en aquel sitio y cogí un constipado». López confirma que «tiene todo el sentido»: «Ese contraste de temperatura hace que nuestro sistema inmunitario deje de ser eficaz, sencillamente porque se ha dado un cambio muy brusco de temperatura y esos microbios que no eran capaces de infectarnos, ahora sí pueden hacerlo». 

López menciona otra posible consecuencia del aire acondicionado. «Cuando llega una temperatura muy fría, por debajo de nuestra temperatura corporal, nuestros músculos se contraen y puede generar dolores musculares. De ahí que mucha gente también asocie una exposición al aire acondicionado con la aparición de una contractura». 

Asimismo, justo en ese cambio brusco de temperatura pueden darse algunos síntomas leves. «Ese shock térmico sí que puede provocar signos como mareo y pérdida de confort», subraya Rafael Fernández, médico adjunto al servicio de Urgencias del Hospital Teresa Herrera de A Coruña. 

Mayores, niños y el ciclo menstrual de las mujeres

La temperatura corporal promedio de las personas mayores tiende a ser ligeramente más baja que la de los adultos jóvenes, oscilando entre los 33,5 y 35,5 grados, ya que, a medida que envejecemos, el cuerpo pierde eficacia para regular su termómetro, aumentando el riesgo de sufrir hipotermia. «Les cuesta adaptarse y son mucho más vulnerables al frío. Son personas que rara vez los ves sin una chaquetita encima. Tiene todo el sentido fisiológico», remarca López. 

Con los niños sucede algo parecido. Los más pequeños son muy vulnerables al calor porque su cuerpo se calienta hasta cinco veces más rápido que el de un adulto. «Ellos no lo perciben como tal, no son capaces de expresarlo, pero obviamente su capacidad de termorregulación es distinta», aclara el médico de familia. 

Como curiosidad, la capacidad de termorregulación de las mujeres también puede variar con el ciclo. «Ellas tienen una temperatura basal ligeramente más baja en comparación con los hombres. Por eso ellas, a temperaturas más altas, se pueden adaptar un poco mejor —a no ser que se encuentren en una etapa como la menopausia—. Eso sí, cuando hablamos de extremos, como llegar a 40 grados, la diferencia basal se disipa. Diría que todos estamos incómodos». Por su parte, López, indica que «el hombre suele tener mayor masa muscular, tiene más capacidad de respuesta y genera más calor; mientras que la mujer, también depende mucho de la etapa en la que se encuentre, porque cuando llega la menopausia, pasan a tener muchos sofocos. Pero sí, en general, existe una diferencia de un grado a un grado y medio de confort entre el sexo femenino y el masculino». 

Consejos para sobrellevar el calor más allá de aire acondicionado

El entorno tiene mucho que decir sobre el calor que se sufre en las viviendas. «Si el domicilio está lo suficientemente aislado, evita la entrada de este. Por ejemplo, ¿qué tipo de ventana tengo? Puede pasar de dos a tres grados de diferencia. Otra pregunta: ¿en qué tipo de edificio vivimos? Los hay enfermos porque solamente hay cemento en los alrededores, paredes que son oscuras que absorben todo el calor en las fachadas... Todos esos son elementos que condicionan porque una zona verde reduce en uno o dos grados los alrededores del edificio», reflexiona López. 

Más allá de la utilización del aire acondicionado, en el domicilio se pueden tomar una serie de medidas para combatir el calor. «Poder refrescar la temperatura de mi casa durante la noche también es un elemento determinante. En la habitación, los ventiladores son perfectos complementos del aire acondicionado porque tienen la capacidad de mover el aire». Además, en caso de no tener aire acondicionado, refrescar las extremidades y poner un ventilador ayuda a crear una sensación de confort. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.