El desengaño del agua con limón: «No tiene beneficios más allá de que bebamos más porque nos guste su sabor»
VIDA SALUDABLE
Esta fruta ha recibido muchos elogios por supuestas propiedades détox, pero no existen pruebas científicas que lo demuestren
22 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La nutrición es, para desgracia de sus especialistas, un mundo lleno de modas y de opiniones. Tendencias que alimentan mitos e ideas que, lejos de tener a la ciencia detrás, suman oportunismo, confusión y planteamientos incorrectos. Así, cada cierto tiempo, el protagonismo se pasa de alimento en alimento y de beneficio a beneficio. Uno de los que más se repite es el agua con limón. Se vende como un ritual de belleza, desintoxicación, hidratación y chute de vitamina C, cuando nada puede estar más lejos de la realidad. A Laura Faílde, miembro del Colegio de Dietistas y Nutricionistas de Galicia, ya no le sorprenden este tipo de aseveraciones. «No es un alimento milagro, al igual que tampoco lo son el vinagre de manzana, el apio o cualquier otro alimento que se pone de moda», adelanta. En nutrición —dice la experta— «solemos buscar respuestas muy simples a problemas complejos y eso hace que, de forma continua, aparezcan alimentos a los que se les atribuyen efectos casi mágicos». La verdad es mucho menos espectacular: «Nuestra salud no depende de un ingrediente concreto, sino del conjunto de nuestros hábitos, de nuestro contexto y de la relación que construimos con la alimentación», añade. Y en este último punto, el agua con limón puede hacer algo de mella.
Esta bebida se ha vendido, por activa y por pasiva, como la panacea. En este sentido, Faílde traza una línea entre el agua, el limón y el agua con limón. Muchas veces, se mezclan sus propiedades y se atribuyen beneficios que, en realidad, tienen por separado. «Por un lado tenemos el limón, que es una fruta que destaca nutricionalmente por su aporte de vitamina C y su contenido de polifenoles, unos compuestos presentes de forma natural en muchos alimentos de origen vegetal», indica la especialista del Codinugal.
Estas sustancias tienen antioxidantes, que protegen a las células del organismo frente al daño del día a día que se genera cuando uno respira, se mueve o su cuerpo produce energía. A su lista de características, se suma también que su aporte de vitamina C favorece la absorción del hierro no hemo —procedente de alimentos de origen vegetal, como las legumbres—. «Por eso, combinar alimentos ricos en vitamina C con fuentes vegetales de hierro puede ser especialmente interesante en personas vegetarianas o veganas por ser su principal fuente de hierro», aclara la nutricionista. En el otro lado de la ecuación está el agua, cuyo beneficio es de sobra conocido: la hidratación.
Una cosa muy distinta, precisa Laura Faílde, es el agua con limón. «La cantidad de limón que solemos añadir a un vaso de agua suele ser pequeña, por lo que los beneficios de esta fruta es muy probable que no estén en un agua con unas gotas de limón exprimido», explica la especialista, quien descarta que haya evidencia a su favor más allá de ayudar a la hidratación «si hace que bebamos más agua porque su sabor nos parece más atractivo».
Ni détox ni quemagrasas
Por si quedaban dudas, tampoco desintoxica. Este concepto, «que suele utilizarse como argumento de márketing», no tiene una base científica. El organismo ya cuenta con mecanismos de sobra para deshacerse de las sustancias perjudiciales. Es el caso del hígado, los riñones, el aparato digestivo, los pulmones o la piel. El agua resulta fundamental en todos ellos, «pero no porque tenga la capacidad de limpiar el organismo, sino porque una buena hidratación permite que todos estos órganos funcionen correctamente», profundiza la experta.
Es más, últimamente, se habla mucho de toxinas y de la necesidad de eliminarlas. Ahora bien, «si una persona tuviera una acumulación de sustancias tóxicas en el organismo, no necesitaría un vaso de agua con limón ni un zumo détox, necesitaría atención médica», responde Faílde, que no solo critica que los mensajes de este tipo sean incorrectos desde el punto de vista científico, sino el trasfondo que se esconde detrás. «Transmiten la idea de que nuestro cuerpo está “sucio”, y de que necesitamos compensar lo que comemos o empezar el día “limpiándonos”». Ideas que no son ciertas y que lo único que consiguen es generar desconfianza sobre la capacidad del cuerpo «a la hora de hacer aquellos para lo que está perfectamente preparado».
La vitamina C es clave en la dieta —tanto como las otras—, pero unas gotas de zumo de limón diluidas en agua no van a conseguir lo imposible. Lo más probable es que no se pueda, tan siquiera, considerar una fuente importante de este micronutriente. «Está presente en muchas frutas y verduras, así que no necesitamos depender del agua con limón para obtenerla. De hecho, alimentos como el kiwi, las fresas, las naranjas, las mandarinas, el pimiento o el brócoli aportan cantidades mayores», explica la nutricionista. La mayoría de personas, salvo excepciones, presentan una ingesta correcta de vitamina C sin replantearse si lo que consume es suficiente: «Podemos obtenerla tomando fruta entera, en una macedonia, con un yogur, en un smoothie, en un gazpacho o incluso en un zumo si nos apetece. Lo importante es entender que una alimentación variada ya nos ofrece muchas formas de cubrir nuestras necesidades, sin necesidad de buscar un alimento "especial"», aclara.
Y, por si quedaban dudas, tampoco quema la grasa. Este mito parte de un estudio realizado en ratones en el que se emplearon polifenoles extraídos de la cáscara del limón. La investigación observó que los roedores ganaban menos peso cuando seguían una dieta muy rica en grasa y recibían estos extractos. El salto hasta afirmar que el limón puede quemar la grasa es incorrecto. «En primer lugar, el estudio no utilizó agua con limón, sino un extracto concentrado de polifenoles obtenido de la cáscara, que contiene una cantidad muy superior a la que ingerimos al exprimir unas gotas de limón en un vaso de agua», detalla Faílde, que añade: «Los estudios en animales son una herramienta útil para generar hipótesis y entender posibles mecanismos biológicos, pero no permiten asumir que esos efectos vayan a reproducirse en humanos porque el metabolismo de los ratones es diferente, las condiciones experimentales están totalmente controladas y las dosis empleadas suelen ser difíciles de trasladar a la alimentación habitual».
La alimentación saludable es mucho más que un solo alimento
Ahora bien, incluso, si el efecto de este cítrico fuese tan prometedor en una investigación, cabría preguntarse si vale la pena incluirlo día sí y día también en la dieta. «Si para obtener un supuesto beneficio tenemos que empezar a consumir seis limones al día, reorganizar nuestra alimentación alrededor de un alimento o vivir pendientes de si lo hemos tomado, quizá merece la pena preguntarnos si realmente estamos hablando de salud», plantea la miembro del Codinugal. Para la experta, el bienestar también consiste en poder comer con tranquilidad, sin convertir cada decisión alimentaria en un cálculo constante «sobre qué alimento tiene más antioxidantes, más polifenoles o más “beneficios para adelgazar”».
En este punto reside el quid de la cuestión. Como dietista-nutricionista especializada en trastornos de la conducta alimentaria (TCA) observa con frecuencia cómo este tipo de hábitos se normalizan porque, en su origen, parecen una forma de cuidarse. «El problema es que, poco a poco y casi sin darnos cuenta, pueden convertirse en reglas y empezar a sentir que si un día no tomas el agua con limón ya no estás cuidando tu salud igual de bien, que después de una comida diferente necesitas compensar o que un alimento puede arreglar lo que otro ha "estropeado"», comenta. En muchas ocasiones, la sociedad piensa que un TCA empieza con conductas muy extremas, pero no siempre es lo habitual. Muchas veces, «empieza con ideas que socialmente incluso se aplauden, como la necesidad de "comer limpio", eliminar alimentos por miedo o sentir que tenemos que controlar cada vez más lo que comemos para estar sanos», plantea la especialista gallega.
Por eso, para Faílde, el problema no es tomar agua con limón si alguien lo disfruta, sino el papel que ocupan modas como esta bebida. «Cuando una elección deja de ser algo que hacemos porque queremos y se convierte en algo que sentimos que debemos hacer para estar bien, merece la pena preguntarnos qué hay detrás de esa necesidad», añade. Si hay una verdad incontestable es que una alimentación saludable no se basa en alimentos que depuran, sino en hábitos sostenibles y una buena relación con la comida y con el cuerpo de cada uno.