El dolor no es «lo que toca por la edad»: cómo prevenir que aparezca

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Un grupo de personas mayores.
Un grupo de personas mayores. PEPA LOSADA

Los expertos subrayan que se puede preservar la funcionalidad con los años y apuntan a factores que pueden influir en su aparición, como la obesidad y la nutrición

11 jul 2026 . Actualizado a las 09:58 h.

Dolor, obesidad, nutrición y longevidad saludable. Ese fue el título del curso de verano impartido por la Sociedad Española del Dolor (SED) en el Palacio de Fonseca, en Santiago, hace unos días. «Puede uno pensar que son cuatro términos inconexos y que hablamos de cosas diferentes, pero resulta que todo tiene una relación», avanza su director, Xoán Miguéns, coordinador del Grupo de Trabajo de Locomotor de la SED, médico especialista en medicina física y rehabilitación. En él han participado profesionales de diferentes especialidades, estudiantes e incluso pacientes. Una perspectiva global y multidisciplinar que también ha puesto el foco en el abordaje extrahospitalario y la prevención. 

«Las personas que sufren dolor, con frecuencia, también disminuyen su nivel de actividad física porque presuponen que si hacen algo más de reposo les dolerá menos. Esta pérdida de actividad facilita el exceso de adiposidad y que entren en una situación de obesidad. A su vez, la obesidad es una enfermedad compleja, crónica, que genera una inflamación de bajo grado, de carácter crónico, que también favorece que tengamos dolor», explica Miguéns. Así, se da una especie de círculo vicioso entre las dos entidades: una persona con dolor puede progresar a una situación de obesidad y viceversa. Ambas circunstancias se retroalimentan. 

Siguiendo con la conexión entre los diferentes términos, «la nutrición es clave en las personas con obesidad, pero también en las que padecen dolor: una dieta baja en productos que promuevan la inflamación también beneficia al dolor. La propia naturaleza de este, su transmisión, utiliza muchos mediadores que comparte con la inflamación crónica que se genera en la obesidad». 

Además, teniendo en cuenta que Galicia es, en palabras de Miguéns, «potencia mundial en longevidad porque existe un porcentaje de centenarios muy alto», en el curso también se ha incluido un análisis de la relación entre esta y los factores ya mencionados. «Confirmamos que sí, que las personas que viven más años tienen una buena dieta, un nivel de actividad alto, no suelen ser obesos, no suelen padecer estrés y descansan bien. Una serie de circunstancias que nos llevan a pensar que todo puede estar relacionado», expone.

Una longevidad sin dolor 

Pilar Rodríguez Ledo, presidenta de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMG), también participó en las jornadas. Defiende que el envejecimiento saludable no depende de una intervención aislada ni de una tecnología sofisticada. «Es el resultado de múltiples decisiones cotidianas mantenidas durante muchos años, apoyadas por un entorno favorable y por un sistema sanitario orientado a preservar la capacidad funcional de las personas».

En este contexto, el dolor no es una consecuencia inevitable de cumplir años. «Este es uno de los mensajes más importantes que debemos transmitir tanto a la población como a profesionales sanitarios. Existe la falsa creencia de que cumplir años indica necesariamente convivir con dolor. Sin embargo, este no forma parte del envejecimiento fisiológico. Lo que aumenta con la edad es la prevalencia de determinadas enfermedades —como la artrosis, la osteoporosis, las neuropatías o algunas patologías musculoesqueléticas— que pueden producir dolor si no se previenen o tratan adecuadamente», sostiene la doctora. 

Aceptar el dolor como «normal» conduce, en su opinión, «a un problema muy serio», porque muchas personas «dejan de consultar porque consideran que 'es lo que les toca por edad'. Esa resignación retrasa el diagnóstico, limita posibilidades terapéuticas y favorece un círculo vicioso de inmovilidad, pérdida de masa muscular, aislamiento social, depresión, fragilidad y dependencia». 

Además, el dolor crónico no afecta exclusivamente al componente físico. «Sabemos que altera el sueño, modifica el estado de ánimo, disminuye la actividad física, favorece el deterioro cognitivo y condiciona profundamente la calidad de vida. Es decir, acelera muchos procesos que precisamente intentamos prevenir cuando hablamos de envejecimiento saludable», explica Rodríguez. Y aprovecha la oportunidad para subrayar que «tanto la SED como la SEMG entendemos que el objetivo no debe limitarse a tratar el dolor cuando aparece, sino a prevenir causas, mantener la funcionalidad y favorecer el envejecimiento activo». 

«Hasta hace poco se pensaba que si tú tenías una carga genética condicionaba tu vida y estabas, de alguna manera, condenado a tener una vida más o menos buena, o mala. A día de hoy sabemos que, como mucho, tus genes son responsables del 20 % de lo que va a acontecer en tu vida y el resto, que es lo que denominamos epigenética, son factores que nosotros podemos controlar», expone Miguéns.

Prevenir fragilidad y preservar funcionalidad con los años 

«Esta es una de las mayores oportunidades de la medicina del siglo XXI», anuncia Rodríguez. Durante muchos años identificábamos el envejecimiento con la aparición inevitable de dependencia. «Hoy sabemos que esta visión es errónea. La fragilidad no es sinónimo de edad. Es un estado biológico de mayor vulnerabilidad que puede aparecer antes o después, dependiendo de múltiples factores y que puede prevenirse, retrasarse o incluso revertirse si se actúa de forma precoz», amplía. La fragilidad se produce cuando disminuye la reserva funcional de distintos órganos y sistemas. «La persona empieza a perder fuerza, masa muscular, velocidad de marcha, equilibrio y capacidad de adaptación frente a pequeños estresores. En ese momento aumenta el riesgo de caídas, hospitalizaciones, discapacidad y mortalidad». 

La intervención más eficaz en este sentido es el ejercicio físico, «especialmente el entrenamiento de fuerza», remarca Rodríguez. «Sabemos que preservar la masa muscular es uno de los factores más importantes para mantener la autonomía. El músculo no es únicamente un órgano locomotor, también actúa como un órgano endocrino capaz de producir sustancias antiinflamatorias que benefician al conjunto del organismo», amplía la especialista de atención primaria. 

Se suma, en palabras de Miguéns, una dieta equilibrada, un buen sueño reparador, la ausencia de estrés y una vida personal en la que exista un buen soporte familiar y social. «Nuestros centenarios —en Galicia se contabilizan más de 2.000— se caracterizan por cumplir todas estas características. Tienen su actividad, son personas que cuidan su huerta, sus animales o hacen algún tipo de actividad. Todos estos factores, se pueden automanejar». Rodríguez, añade: «El verdadero desafío no es conseguir más años de vida, sino que estos adicionales sean vividos con autonomía, funcionalidad y calidad de vida». 

Renace y Regace

En este contexto nace el Registro Nacional de Centenarios (Renace) y su versión gallega, el Rexistro Galego de Personas Centenarias (Regace). «Tradicionalmente, gran parte de la investigación biomédica se ha centrado en comprender por qué enfermamos. Nosotros proponemos dar un paso más y hacernos una pregunta diferente, pero relevante: ¿por qué algunas personas consiguen llegar a los cien años manteniendo una buena capacidad funcional, autonomía y calidad de vida?», sostiene Rodríguez, que también es una de las principales impulsoras del proyecto de investigación. 

«Queremos comprender cómo interactúan todos esos factores a lo largo de una vida. Nos interesa conocer qué enfermedades han padecido estas personas, pero también cómo han vivido, cuál ha sido su alimentación, actividad física, entorno familiar, nivel de autonomía, capacidad de cognitiva, red social, trayectoria asistencias o incluso determinados biomarcadores relacionados con la inflamación, la inmunidad o el envejecimiento biológico», explica. 

Volviendo a la nutrición, muchos de los centenarios de Galicia «crecieron siguiendo lo que hoy denominamos dieta atlántica, mucho antes de que existiera este concepto científico», indica Rodríguez. Una alimentación basada en productos frescos, locales y de temporada, con un elevado consumo de verduras, hortalizas, legumbres, pescados, mariscos, aceite de oliva y cantidades moderadas de carnes y lácteos. «Poco procesada, rica en fibra, antioxidantes, ácidos grasos omega 3 y numerosos compuestos bioactivos con efectos antiinflamatorios. Pero quizás lo más interesante es que forma parte un modo de vida: alimentos que proceden del propio huerto, del mar o del entorno cercano, cocinados mediante técnicas sencillas. Se compartía en familia. Existía una fuerte estacionalidad y prácticamente no había alimentos procesados». 

A la hora de practicar actividad física, nuestros centenarios no acudían al gimnasio ni utilizaban aplicaciones para contabilizar pasos. Trabajaban en el campo, cuidaban animales, realizaban tareas domésticas físicamente exigentes y mantenían una vida activa. «Por eso, cuando las analizamos encontramos un patrón muy diferente al que a veces se presenta desde determinados discursos sobre la longevidad», amplía. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.