Las bacterias que habitan en tu hogar: «Lo mejor es cambiar el estropajo cada semana»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Los estropajos y las bayetas son focos de microbios en nuesto hogar.
Los estropajos y las bayetas son focos de microbios en nuesto hogar. iStock

Los microbiólogos proporcionan sus consejos de higiene en diferentes estancias de la casa

09 jul 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A las bacterias les encanta nuestra cocina y nuestro baño. Según la Sociedad Española de Microbiología (SEM), en esas dos estancias es donde más se encuentran. «Sobre todo en el estropajo, en el trapo que usamos para limpiar y en la tabla de cortar», indica. Al contrario de lo que se suele pensar «el inodoro no es tan sucio» y ponen el foco en otros dos habituales del baño: las toallas, el cepillo de dientes y el vaso donde se suele poner este. Pero no solo debemos fijarnos en nuestra casa, sino también en aquellos dispositivos que casi no soltamos en todo el día. «En un principio, el móvil tiene unas superficies bastante lisas y con materiales a los que no se suelen pegar los microbios. Sin embargo, lo usamos constantemente y nuestras manos y cara lo van impregnando de grasa corporal, sudor y bacterias que habitan nuestra piel», avanzan. 

Las bacterias en la cocina

«El estropajo es el lugar con más bacterias de la casa», confirma Ignacio López-Goñi, catedrático de Microbiología y divulgador científico. Al utilizarlo para limpiar los restos de comida, estos se van quedando atrapados entre sus fibras. «Eso no significa que estamos inoculando los platos recién fregados con bacterias, porque se aclaran y después se secan. Pero después de su uso, se recomienda enjuagarlo bien y dejarlo secar», explica. En cuanto a la periodicidad de recambio, el experto subraya que «depende de cuanto lo usemos, pero lo mejor es cambiar de estropajo cada semana». 

Con los trapos de cocina y las bayetas, sucede lo mismo. «Pueden albergar microorganismos y restos de comida en sus fibras. Además, mantienen la humedad, por lo que pueden proliferar bacterias y hongos. Lo aconsejable es cambiar los trapos y bayetas usados frecuentemente y luego lavarlos todos juntos en agua caliente», aconsejan desde la SEM. 

En cuanto a las tablas para cortar los alimentos, la entidad nacional recomienda priorizar las de plástico antes que las de madera, al ser más higiénicas. «Son menos porosas y, por lo tanto, se crean menos refugios para los microbios». Pero en ambas vamos a encontrar el mismo problema: al cortar el alimento, también dañamos la superficie, aunque sea a nivel microscópico. «Si viéramos los cortes con una lupa nos recordarían a una especie de “trinchera”. Y en el fondo actúan como tal, ya que son un refugio para los microorganismos. Además, se añaden los restos de la comida que manejamos sobre la tabla, un poco de humedad y ya tenemos un montón de microbios felices que van a comenzar a reproducirse», detalla López-Goñi. 

Las tablas de cortar también deben someterse a una limpieza continua ya que deben lavarse cuando se utilizan para alimentos distintos, como por ejemplo, si se trocea primero la carne y después las verduras. «Deben lavarse cuando se cambia de alimentos para eliminar la contaminación cruzada del anterior. Por eso hay que limpiarlas con la mayor frecuencia posible, con agua caliente, frotando bien y dejándolas secar», añade. 

El baño no es el lugar más contaminado de la casa

Para sorpresa de muchos, el inodoro no es tan sucio como pensamos. «Por dos motivos: el primero es el material. La porcelana de la taza no es un buen sitio para que se puedan adherir los microbios. Lo mismo sucede con los plásticos que se usan para hacer la tapa y el asiento. Y si vemos que algo se ha pegado, lo normal es que, inmediatamente, usemos la escobilla y luego lavemos con agua», amplía la SEM.

El segundo motivo por el que el inodoro no es tan problemático es porque se suele limpiar con frecuencia con productos detergentes de alto poder bactericida. «Un aspecto importante es que, si resulta necesario utilizar la escobilla, hay que bajar la tapa antes de tirar de la cadena. Si no lo hacemos, se forman aerosoles que van llenos de bacterias y que pueden diseminarse por todas partes. Al bajarla, este se depositara en la parte inferior de la misma». 

Los cepillos de dientes, si se dejan secar bien después de su uso, no suponen un peligro. «Es importante cambiarlos cuando las cerdas están desgastadas, pues dejan de tener efectividad. También lo es que el vaso en el que los depositamos tenga la menor humedad posible y lavarlo, al menos, una vez a la semana», recomiendan desde la SEM. «Albergan comunidades microbianas, que provienen tanto de los humanos como del ambiente circundante donde se almacenan que, en general, es el baño. Enjuágalo bien, sécalo al aire y cámbialo con frecuencia», concuerda López-Goñi.  

Por qué no debemos usar el móvil en el baño 

La mayoría de la gente utiliza su teléfono mientras está sentada en el retrete. Así lo desveló una encuesta publicada en el Reino Unido. Por lo tanto, no sorprende que estudios recientes hayan descubierto que nuestros móviles pueden llegar a acumular hasta diez veces más bacterias que la tapa de un inodoro promedio. «En principio, el teléfono móvil también tiene unas superficies bastante lisas y con materiales a los que no se pegan los microbios. Pero lo usamos constantemente y nuestras manos y nuestra cara lo van impregnando de grasa corporal, sudor y bacterias que habitan nuestra piel. Así que, poco a poco, va siendo colonizado por los microbios», comentan desde la SEM.

Además, lo utilizamos y lo apoyamos en varias superficies de la casa —algunas, sucias—, lo cual puede provocar una contaminación cruzada en la funda protectora con bacterias que incluso pueden llegar a ser patógenas. «Es ideal hacerle un repaso con una toallita humedecida cada semana y luego secarlo muy bien», subrayan desde la sociedad.

Textiles: sábanas y toallas

Las toallas, al igual que las sábanas, albergan microorganismos de nuestra microbiota. Pero también pueden estar presentes los ácaros —algunos, muy molestos, como la sarna y los piojos—. «Estos animales se dejan caer en la ropa de la cama y pueden durar algunos días sin comer nada. En el momento que otra persona duerma en ese sitio, pueden subirse a su cuerpo. De hecho, en sarna se conoce el término de “cama caliente” cuando nos referimos a camas que nunca están frías porque siempre hay gente durmiendo a turnos (por ejemplo, en casos de personal militar marino o en turnos de determinados trabajos con camas compartidas todo el tiempo)», explican desde la SEM. Por lo tanto, el recambio de ropa de cama en ambientes familiares dependerá del uso que se haga, si bien aconsejan cambiarla cada semana. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.