La experta defiende que una vez que se consigue salir de la presión «de que tienes que adelgazar para ser feliz», se vive de una forma mucho más tranquila y placentera
25 jun 2026 . Actualizado a las 12:39 h.Julia Fernández-Renau asegura que la industria de las dietas es la única que consigue que el cliente se culpe a sí mismo por el fallo de sus servicios. «A pesar de haber probado todas las dietas habidas y por haber, sigues pensando que eres culpable de que no te funcione», dice. Por tanto, no sorprende que se considere una «nutricionista antidietas». Acompaña a mujeres a dejar los planes estrictos y a relacionarse con la comida y su cuerpo desde un lugar más libre y sin culpa. En esa línea, acaba de publicar A la mierda la dieta (Alfaguara, 2026).
—En su opinión, ¿las dietas funcionan?
—No, obviamente. También tenemos que definir un poco en qué consistiría una dieta. Yo la veo como algo muy restrictivo, que es muy difícil de seguir, que no te permite comer suficiente, no te permite hacer caso a tu hambre y en la que hay muchos alimentos que no puedes comer. Todo eso para mí sería una dieta. Creo que es algo completamente insostenible a largo plazo, pero está a la orden del día. Si vas al médico o al endocrino no tardan absolutamente nada en sacar la fotocopia que le han dado a todo el mundo que ha venido antes de ti. Esa dieta copia-pega es completamente imposible de seguir a largo plazo y por supuesto que no funciona. Lo peor es que te hacen creer que es tu culpa que no te funcione.
—¿Cómo de fácil es salir de la cultura de la dieta?
—Es complicadísimo. Siempre trabajo con mujeres que están dentro de este proceso de salir de la cultura de la dieta y les digo que ellas están haciendo el esfuerzo de salir mientras el resto del mundo no. Al final, vivimos en una sociedad en la que todo te va a impulsar a adelgazar. Va a haber ciertos picos a lo largo del año, como la operación bikini, después de Navidad o Semana Santa, donde tenemos impulsos que nos hacen querer volver a controlar nuestro cuerpo y volver a ponernos a dieta. Por supuesto que es algo súper complicado porque al final es ir a contracorriente de todo el mundo. También sé con certeza que una vez que consigues salir de la cultura de la dieta y quitarte un poco esta presión de que tienes que adelgazar para ser feliz puedes vivir una vida mucho más tranquila, placentera, disfrutando de la comida. Te quitas un peso de encima enorme.
—¿Cómo podemos saber si tenemos una buena relación con la comida?
—Una de las primeras cosas que diría es pensar mucho en comida. Si notas a lo largo del día que estás pensando en ello más de la organización necesaria que todos necesitamos de saber qué voy a comer o cenar, si estás con ella todo el tiempo en tu cabeza suele ser una indicación de que no estás comiendo lo suficiente o de que no te estás permitiendo hacerlo. Por supuesto, también sentir culpa, comer ciertas cosas y sentirte muy mal o que estás haciendo algo que no está bien. Eso afecta bastante a nivel emocional.
—¿Y comer de una forma por la semana y dejar ciertas cosas solo para el finde?
—También. Todos estos comportamientos pueden indicar que te falta flexibilidad y suele ser indicativo de que, a lo mejor, hay que trabajar un poco la relación con la comida.
—¿Existen diferentes tipos de saciedad?
—Sí. La saciedad mecánico-física, la químico-nutritiva y la sensorial o de placer. Las podemos distinguir y ayudan a entender qué es lo que necesitamos incluir en el plato para saciarnos del todo. Tenemos la física, que es la que añade un poco de volumen al plato y nos ayudan a saciarnos, como por ejemplo las verduras que aportan fibra. Pero esa saciedad no va a perdurar en el tiempo. En la nutritiva, ahí ya hablamos de incluir todos los nutrientes que necesitamos en el plato para que esa saciedad perdure en el tiempo: los carbohidratos, las proteínas, las grasas, ser conscientes de que estamos metiendo un poco de todo para que sea un plato completo.
Nos falta la última, la saciedad sensorial de placer, que es el asegurarnos de que estamos disfrutando de ese plato. Puedes hacerte una ensalada muy completa a nivel nutritivo que, si no la estás disfrutando, te vas a quedar con ese runrún de querer comer algún antojo porque no te has terminado de saciar. Es muy importante tocar estas tres partes, porque quedarse saciado no es lo mismo que satisfecho.
—¿Diría que comer de forma emocional no es un problema?
—Está muy demonizado, pero yo no diría que es un problema. Creo que se puede convertir en uno si la persona no tiene una relación sana con la comida, pero la raíz del problema es esa, no el hambre emocional como tal. Esto lo digo porque al final, cuando no estás comiendo suficiente y existen muchos alimentos «prohibidos» para ti, obviamente el día en el que tengas un bajón o estés un poco más triste va a ser cuando te vas a permitir comerlos y probablemente tomes muchos más de los que te gustaría porque al día siguiente vuelve a estar prohibido. Lo problemático es esa dinámica en la que estás metida, no el hambre emocional como tal.
—En el libro dice: «Se empeñan en contarnos qué debemos eliminar de nuestra alimentación, pero es más beneficioso centrarnos en qué podemos añadir». ¿A qué se refiere?
—Creo que los nutricionistas hemos educado un poco desde el miedo: decirte todas las cosas que no deberías incluir en tu dieta, todo lo que es insano, todo lo que va a pasar si comes equis alimentos. Eso, al final, también es una restricción, y actúa aumentando nuestro deseo por ellos. Para mí es mucho más interesante centrarnos, si queremos hacer una alimentación más nutritiva, en preguntarnos cuántos carbohidratos o proteínas estamos añadiendo al plato, o si contiene suficientes fuentes vegetales. Ir añadiendo cosas, en vez de centrarnos tanto en todo lo que deberíamos eliminar. Creo que es un enfoque más sano.
—¿Qué papel tiene el ejercicio físico?
—Me gusta mucho hablar del ejercicio físico porque también es importante tener una relación sana con él. Creo que una persona que no tiene una buena relación con la comida o con su cuerpo va a usar el ejercicio como método de compensación, para quemar calorías.
—Recalca la importancia de aceptar y querer a nuestro cuerpo, pero lo cierto es que la mayoría de referentes del cánon de «guapa» son mujeres delgadas. Incluso algunas que antes tenían un cuerpo alejado de ese estándar, con el tiempo han acabado adelgazando, dando la sensación de que solo hay esa vía. ¿Cómo nos repercute todo esto?
—Nos repercute mucho y para mal. Está claro que hay un ideal de belleza más delgado incluso del que ya estábamos acostumbradas; está volviendo. Personas que antes tenían más peso y ahora han adelgazado. Esto se ha visto pues en muchísimas personas famosas en general, sobre todo ahora que nos encontramos en la «era Ozempic». Por supuesto que esto nos manda un mensaje, como si eso es lo que tuviéramos que hacer con nuestro cuerpo. Creo que es muy importante mantenerse fuerte en decir: «Sé cuál es mi cuerpo, cuál es mi constitución, sé más o menos cuál es el peso que tengo que tener para estar sana, para hacer todo lo que quiero hacer y no tengo por qué modificarlo por modas externas». Las modas siempre van a ir cambiando, pero no podemos ir modificando nuestro cuerpo según las modas que vayan apareciendo. Eso no es ni cuidarlo, ni respetarlo.