Diana López, ginecóloga: «Después de los sofocos, el síntoma que más afecta a la mujer en la perimenopausia es la niebla mental»
VIDA SALUDABLE
La especialista ha sido una de las ponentes de la jornada Asisa WeLife Menopausia organizada por La Voz de Galicia
12 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Diana López Freire es especialista adjunta en el Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Ribera Povisa de Vigo. Posee amplia experiencia clínica en ecografía ginecológica, colposcopia, patología del suelo pélvico y cirugía mínimamente invasiva, con un enfoque destacado en el estudio de la menopausia, siendo referente en salud post reproductiva. Ha visitado A Coruña para participar en la jornada Asisa WeLife Menopausia organizada por La Voz de Galicia, centrando su charla en qué les sucede a las mujeres cuando llega la menopausia y en esa etapa de transición antes de llegar a la última regla. «Lo más importante es no pensar que va a ser una etapa terrible, porque a día de hoy tenemos herramientas para saber qué sucede y abordar los síntomas que aparecen», comenta.
—¿Una mujer puede notar signos que le indiquen que está próxima la menopausia?
—Diría que hay más de uno, hay muchísimos síntomas que están descritos. Lo que puede diferenciar un poco esta etapa de transición que empieza cinco o seis años de la menopausia, a veces incluso más, es que mis reglas empiezan a ser irregulares. Ese es el primer signo que perciben. Muchas mujeres dicen: "Parece que vuelvo otra vez a la pubertad". Y yo les digo que realmente es así, es decir, la transición a la menopausia puede considerarse lo equivalente a las reglas en la adolescencia: pueden ser más desordenadas, duelen más, son más abundantes. Recuerdan a las del inicio de la etapa fértil. Además, otro de los signos que afectan a la calidad de vida son los trastornos anímicos.
—¿Qué tipo de trastornos anímicos?
—Son muy frecuentes las sensaciones de irritabilidad, ansiedad, tristeza o cansancio. Todo esto, junto con la niebla mental: sentir que no recuerdo cómo se llamaban las cosas, me olvido de lo que he planificado, me he dejado el mando de la televisión en la nevera. La niebla, la parte anímica y el trastorno del ciclo es lo que más nos va a identificar que estamos ahí.
—¿Diría que las fluctuaciones anímicas y la niebla mental son signos difíciles de identificar con esta etapa de transición?
—Creo que para las mujeres que se encuentran en esta etapa, no tanto. Es decir, es muy infrecuente que una mujer con 25 o 30 años que viene a la consulta nos diga que tiene niebla mental. Sin embargo, con 40 y tantos años, mujeres que tienen un trabajo que requiere una cierta memoria, notan que les cuesta más retener cosas que antes hacían. De hecho, la última encuesta que se ha publicado, este mes de mayo, de recogida de datos de calidad de vida en la mujer, por la Asociación Española de la Menopausia, después de los sofocos, el síntoma que más afectaba a la mujer en la perimenopausia o transición menopáusica era precisamente la niebla mental.
Sobre el estado del ánimo, es verdad que para muchas mujeres es difícil identificarlo, sobre todo porque en él influyen muchos factores y hay que analizar de dónde vienen esas fluctuaciones. Pero aquellas que notaban la alteración anímica antes de la regla, lo que nosotros llamamos síndrome premenstrual, tienen más riesgo de padecerlo.
—¿Cuándo recomendaría consultar?
—Siempre decimos que hay que consultar cuando tengamos síntomas que te afectan a tu vida y que no se trata solo del sofoco, sino de calidad de vida. ¿Hay que tratar a todo el mundo? Pues a lo mejor no. Si yo me encuentro bien, no tengo reglas dolorosas ni abundantes, o se me va la regla y resulta que me encuentro bien, no hace falta. Sin embargo, hay mujeres que con la sensación de cansancio que tienen piden a su médico de cabecera una analítica y todo sale bien, pero no les apetece levantarse de la silla por las mañanas. Esas mujeres probablemente tengan un componente hormonal y abordarlo puede mejorar mucho sus vidas.
—¿Qué mitos cree que existen sobre esta etapa?
—Diría que el mito supremo, por así decirlo, es que las hormonas dan cáncer. Una de las razones por las que muchas mujeres, teniendo indicación de tratamiento, no se han tratado y «me compro un abanico y ya se irán», era precisamente por el miedo al cáncer.
—¿De dónde viene ese miedo?
—Un estudio americano, publicado hace años y hecho con una determinada dosis hormonal, un preparado que de hecho no tenemos en España, fue el que dieron a mujeres de más de 60, 70, incluso 80 años. En ese estudio hubo una población de mujeres que, igual que hubo beneficios, porque se vio que había menos riesgo de osteoporosis y mortalidad, sí hubo un incremento del riesgo de cáncer de mama en un población de mujeres. Pero lo que se hizo cuando se publicó, en el 2002, fue extrapolarlo a todos los casos y caló que la terapia hormonal produce cáncer de mama y se dejó de utilizar. Sin embargo, aunque no trascendió, aquellas mujeres que utilizaron terapia estrogénica solo, sin ningún otro preparado, tuvieron menos riesgo de cáncer.
Justo este año, la FDA, la Agencia Americana de Medicamentos, incluso ha pedido perdón. Ha reconocido que han tardado mucho en decir que la terapia hormonal y menos la local, no produce cáncer de mama y han retirado lo que se llama como black box warning —alertas de seguridad más estrictas que se habían impuesto hace más de veinte años—. Hoy en día, las terapias que utilizamos con estradiol, con progesterona, que son las hormonas que disponemos, no solo no producen cáncer de mama, sino que van ayudar a estas mujeres a nivel cardiovascular y óseo.
—¿También existen preparados no hormonales que no pueden tomar esa terapia?
—Sí, para mujeres que, por ejemplo, tienen riesgo de padecer cáncer de mama. En este sentido existe un fármaco que actúa directamente en la neurona que produce el sofoco. Es un fármaco muy específico que tiene una actividad muy buena sin composición hormonal.
—¿Qué consejos daría de estilo de vida para esta etapa?
—La primera medida a tener en cuenta es la práctica de ejercicio físico. No solo reducimos el exceso de peso, que es cierto que en la menopausia vamos a tener un incremento de grasa corporal, sino que mantiene el músculo, ayuda a la salud ósea, limita la ganancia de peso, reduce el riesgo de diabetes y de hipertensión; sin olvidarnos de sus beneficios a nivel cognitivo. También hay que comer bien. No se trata de cenar un yogur, sino de seguir la dieta mediterránea y atlántica: proteína, legumbre, fruta y verdura. Un plato colorido. Y lógicamente, evitar los procesados y el consumo en exceso de carne. Además, el tabaco hace mucho daño. Algunas mujeres no son capaces de dejar este hábito y deben hacerlo. Sin olvidarnos del exceso de alcohol, que a veces nos sobrepasamos en su consumo. En cuanto a la toma de complementos alimenticios, es muy variable.
—¿En qué sentido?
—No hace falta tomarnos una veintena de cosas. Si mi alimentación es buena, probablemente no voy a necesitar tomar muchos complementos, en absoluto. Si bien, hay dos cosas que sí recomendamos casi siempre: la vitamina D, que el 90 % de la radiación del sol y solo un 10 %, aproximadamente la podemos obtener de la dieta. Probablemente, también la omega 3, porque sabemos que tiene beneficios claros a nivel cardiovascular. Estos dos complementos sí podrían ser necesarios y los demás, depende la alimentación de cada mujer.