Javier Hurtado, oftalmólogo: «No se ha demostrado que las gafas con cristal rojo mejoren el sueño»
VIDA SALUDABLE
El especialista reconoce que, en ocasiones, es difícil explicar, en redes, cómo funcionan los estudios científicos
19 may 2026 . Actualizado a las 09:28 h.Javier Hurtado (Villanueva de la Serena, Badajoz, 1981) cree que la presencia de médicos en redes sociales es imprescindible. Su labor es la de trasladar a la población general lo que ellos conocen por el estudio continuo y su experiencia clínica. La consulta ya no es suficiente. Este oftalmólogo extremeño, afincado en la capital de España, está especializado en la oftalmología infantil, aunque sus pacientes son de todas las edades. El especialista del Instituto Nacional de la Visión, de Madrid, detalla cómo el estilo de vida influye en la salud ocular, tanto de pequeños como de mayores.
—¿Qué importancia tiene el estilo de vida para la salud ocular?
—Importa mucho. Me centro en los niños porque ahora hacen ahora mucho trabajo de cerca, y no solo hablo del uso del móvil. Puede ser estudiar, leer o cualquier cosa que sea de cerca. Cuando está en plena etapa de crecimiento, el ojo también está en desarrollo, y el hecho de mirar tanto de cerca, le manda un mensaje al ojo. Le dice: «Desarróllate para ver bien de cerca». Este le hace caso y desarrolla genial la vista de cerca, que se llama miope, pero no ve bien de lejos. La naturaleza ha hecho esta adaptación del ojo para que no dependamos de la genética. Si dependiésemos de la genética, tardaríamos tres o cuatro generaciones en adaptarnos a una nueva vida. En cambio el ojo puede hacerlo en una. Es más, esto es ya un problema de salud nacional en Asia. Allí, el 70 % de la población es miope. Y hay que entender que la miopía es una causa de ceguera en el mundo. Así que los dos consejos que doy para los niños son dos: alejarse las cosas que miran y salir al aire libre al menos dos horas al día. Ambas han demostrado retrasar la aparición de la miopía orbital.
—¿Y en los mayores?
—En los mayores la alimentación influye. Hay una enfermedad que aparece con la edad, que se llama degeneración macular asociada a la edad, que es un envejecimiento de la retina. Y en ello se ha visto que los suplementos alimenticios y una buena alimentación tienen impacto. Es, por cierto, causa principal de ceguera en países industrializados como los nuestros. Después, no fumar. Parece increíble que hoy en día tengamos que decirlo, pero envejece todos los tejidos y el ojo también, por supuesto. De hecho, el tabaco se asocia a la degeneración macular y el glaucoma, que es una enfermedad relacionada con la tensión ocular.
—Habla de los niños y esos malos hábitos que desarrollan miopía. En adultos, ¿mirar mucho el móvil hace que esta enfermedad se desarrolle más rápido?
—Aquí hay menos estudios. Un tercio de las miopías aparece después de la edad de crecimiento normal, que son los 16 años. Para estos casos, no tenemos una explicación clara. Por lógica, podemos aplicar la misma regla que en los niños, pero no tenemos estudios de calidad que puedan probarlo. También porque, en parte, es muy difícil desarrollar ese estudio. Aún así, mi recomendación es que se alejen, por lo que pueda pasar. En los adultos, en cambio, sí se ha demostrado más el síndrome visual informático, también conocido como síndrome de fatiga visual.
—¿Qué lo causa?
—El ojo, para ver de cerca, tiene que enfocar más. De lejos no hace ningún esfuerzo, pero cuando miramos algo que está cerca, es como una cámara. Tiene que enfocar y eso representa un esfuerzo que, al final del día, acaba.provocando más cansancio. Para que puueda reposar, hay una regla que me gusta mucho: la del 20, 20, 20. Cada 20 minutos mirando de cerca conviene descansar 20 segundos mirando a una distancia de 20 metros. Es importante que no nos olvidemos de descansar de vez en cuando y parpadear, porque hay mucha gente que, además, nota síntomas de sequedad. Es algo que empeora con las lentillas.
—¿Los colirios son útiles en este caso?
—Es una cuestión de comodidad. No es que médicamente te vaya a venir bien, pero es un alivio para la gente que nota síntomas de esa sequedad ocular.
—¿La miopía llegará a la envergadura de Asia en Europa?
—La tendencia de que las cifras vayan a crecer está muy clara, pero allí hay un condicionante genético. Aquí no vamos a tener un 80 % de miopía, pero con que tengamos un 30 % es suficiente. Ahora vamos por un 25 % aproximadamente, pero crecer solo un 5 % más ya nos lleva a 15 millones de 45. Y si de esos 15, un 1 % puede tener un problema de visión de gravedad, como el glaucoma, cataratas, agujeros en la mácula o desprendimiento de retina ya supone una carga para el sistema público de salud. A veces leemos titulares de que en el 2050, un 50 % de la población tendrá miopía. Pero claro, Asia eleva mucho la media. Además, que eso sucederá siempre que no hagamos nada, porque podemos recomendarle a los niños esas dos cosas y usar tratamientos con gafas, lentillas y gotas para frenar la miopía.
—¿Qué signos dan los niños de un problema ocular?
—Un niño con problemas de visión, el que sea, lo puede manifestar de muchas formas. Se acerca más a la televisión, entrecierra o guiña los ojos para ver bien. Se acerca mucho al libro o lo lee con el dedo de guía continua. Está más distraído en clase, se le ponen los ojos rojos. Dice que tiene dolor de cabeza cuando sale del colegio después de hacer mucha actividad de cerca. Son signos muy sutiles. Por eso, mi consejo es que todos los niños con cuatro años, al menos, pasen por el oftalmólogo en algún momento. Salvo si los padres tienen problemas de miopía, de ojo vago o de estrabismo, que entonces sería conveniente que viniese antes. Pero si no tienen nada, ni antecedentes ni síntomas, con cuatro años me parece una edad muy buena, porque ahí ya puedo decir a los padres cómo va a ser el futuro. Yo lo veo y ya puedo decir lo que pueda tener a los 40 y a los 60, y me voy a equivocar muy poco.
—¿Leer o estudiar con poca luz es malo o es un mito?
—El ojo se cansa más cuando hay más contraste. Es decir, si yo estoy leyendo con el móvil en la cama, el móvil tiene bastante luz y la habitación está oscura. Eso es contraste blanco-negro. Probablemente el ojo se canse más que si tengo la luz de la habitación un poquito encendida, porque el contraste entre la luz del móvil y la de la habitación es menor. Pero eso es una cuestión de cansancio, no vas a perder la vista.
—En la actualidad, las gafas con cristales de colores, con filtros, se venden con supuestos beneficios para la salud. ¿Qué tienen de cierto?
—Todo esto se basa en que la luz que entra en nuestro ojo, que es el arcoíris, desde el violeta hasta el rojo. La luz que está más allá del violeta es la ultravioleta, que es la que resulta dañina de las radiaciones solares. Al otro lado, está la luz infrarroja, que es el calor. Por ejemplo, si piensas en los visores nocturnos sabrás que funcionan detectando el calor, haciendo que con este tipo de visores la gente se vea roja. En un momento, alguien dijo: «Oye, ¿y si quitamos el violeta? Tenemos un filtro y como esa luz tiene más energía porque es vecina del ultravioleta, seguro que beneficia al ojo». Y claro, esto, que suena muy lógico, no tiene evidencia. No se ha demostrado que la luz azul normal, la violeta, la que entra de forma natural en nuestro ojo lo pueda perjudicar. Filtrarla no ayuna ni previene. Después, llegó el filtro rojo, que se utiliza para, supuestamente, quitar luz azul y que nuestro cuerpo vaya notando el paso del día conforme llega la noche. En teoría, mejoran el sueño porque la luz azul lo dificulta. Y esto también suena muy lógico, pero la medicina no lo ha podido demostrar. No ha demostrado que el filtro rojo haga que duermas mejor.
—¿La gente en redes sociales se enfada mucho cuando usted lo dice?
—Sí, pero porque creo que no se entiende que las recomendaciones médicas van por otro lado. Para poder recomendar este filtro, primero necesitas un estudio bien hecho, en el que pongas a gente normal con un filtro rojo, y a otros tantos, con el neutro. Y el resto de condicionantes, como la dieta, tienen que estar igual. Entonces ahí verías si la melatonina les baja a unos, a otros, si duermen mejor o no, y en qué consiste todo esto. Hay gente que me dice que hay estudios, pero hay que entender que no todos tienen la misma calidad. Esto es como si yo tengo un bombo en el que meto canicas, todas ellas de distintas formas. Imaginemos que todas son todos los estudios que hay sobre los filtros de colores de gafas, pero solo cinco están premiados porque son estudios de calidad. Aún así, hay dos que dicen que viene bien, hay dos que dicen que mal y una que no tiene conclusiones claras. Entonces, con esas cinco bolas en la mano, yo digo que no hay evidencia suficiente para recomendarlas. Para ello, se necesitaría una revisión de muchos estudios de calidad que concluyese que, efectivamente, son beneficiosas. Cuando la gente me dice que hay un estudio a su favor, es como si sacase una bola que no está premiada. Puede haber cien bolas, pero no tienen premio. El otro día una chica en la consulta me decía que conocía a gente a la que le iban bien las gafas amarillas. Pues puede ser, porque la luz azul es la que más molesta. Pero la sensación de la gente, los comentarios, no tienen el suficiente grado de evidencia.
—En redes, a veces se escucha más a la persona con más seguidores o relevancia social que a la comunidad médica cuando conviene hacerlo.
—Sí, pero porque pienso que no es fácil de explicar. Primero, no es sencillo que la gente tenga una conciencia de qué son las pruebas en salud, y es cierto que siempre habrá algún negacionista que, aún con todas las pruebas delante, no te cree. Pienso que en salud no somos capaces de transmitir que nosotros funcionamos por pruebas muy lógicas. A veces nos dicen que estamos comprados.