Los dermatólogos alertan sobre los espráis nasales de bronceado: «Son un auténtico riesgo para la salud»

La Voz de la Salud

VIDA SALUDABLE

Algunos espráis nasales contienen melanotan.
Algunos espráis nasales contienen melanotan. iStock

Su contenido en melanotan puede ocasionar efectos adversos como náuseas, cefalea, fatiga, vómitos, hipertensión e incluso cambios en lunares

09 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Si uno hace una búsqueda rápida sobre espráis nasales de bronceado en redes sociales o internet, encontrará la posibilidad de adquirir algunos de estos productos que prometen incrementar la producción de melanina. Parecen inocuos, pero desde el Grupo de Dermatología Estética y Terapéutica (Gedet) de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) alertan de que «son un auténtico riesgo para la salud». Sobre todo, por su contenido en melanotan, un análogo de la melanocortina que induce la producción de melanina y que puede ocasionar efectos adversos como náuseas, cefalea, fatiga, vómitos, hipertensión e incluso cambios en lunares. «Estimula la melanina actuando sobre el sistema melanocortínico y pueden producir hiperpigmentación o bronceado excesivo. Es decir, hay una base biológica para que aumente el pigmento, pero eso no significa que cualquier producto comercializado por internet sea seguro, adecuado o controlado», indica Trinidad Montero, dermatóloga del GEDET. 

El melatonan es una sustancia sintética no autorizada que estimula la pigmentación de forma sistémica cuya seguridad no está garantizada. «A nivel de piel se han descrito cambios en los lunares, oscurecimiento de nevus previos, aparición eruptiva de nuevos lunares e incluso cambios atípicos tras su uso», añade la dermatóloga. Aunque se ha llegado a decir que estos espráis pueden causar melanoma, Montero prefiere ser cauta. «A día de hoy no disponemos de grandes estudios que demuestren de forma definitiva que estos espráis causen melanoma, pero sí existen casos clínicos y señales de alarma suficientes como para ser muy prudentes. Se han publicado casos de melanoma coincidiendo con el uso de melanotan II y, más recientemente, un caso que plantea el espray nasal de melanotan II como posible factor de riesgo para melanoma oral», explica. 

Aceleradores de bronceado

Los dermatólogos no solo ponen el foco en los espráis nasales, también en otras «locuras solares» —es el término exacto que ellos utilizan—, como los aceleradores de bronceado. En los ochenta, playas y piscinas se llenaban de trucos imposibles para ponerse moreno con urgencia. Mencionan el refresco de cola, que actuaba exfoliando agresivamente la barrera cutánea por su alta acidez, y por tanto permitiendo a los rayos solares penetrar más profundamente; aceite de zanahoria rico en betacarotenos para estimular la producción de melanina, gelatinas bronceadoras que buscaban potenciar el color e hidratar a la vez; o cabinas de bronceado artificial.

«No existía el conocimiento actual sobre el papel carcinógeno de la radiación ultravioleta. Hoy sabemos que la exposición solar excesiva y los dispositivos de bronceado artificial causan daño cutáneo, y que la fotoprotección debe orientarse a reducir la dosis UV, no a facilitar exposiciones más largas», expresa Montero.

Callo solar

La tendencia viral del momento, es, sin duda, el callo solar: exponerse al sol sin protección para crear una supuesta «tolerancia» o capa protectora en la piel. «Desde el punto de vista biológico, el bronceado es una respuesta adaptativa al daño por radiación ultravioleta, no una protección saludable. La piel sí puede ponerse más morena, pero eso no significa que esté protegida de forma segura», alerta Montero.

Así, el bronceado aparece porque la radiación ultravioleta ha provocado una respuesta de defensa en la piel. «Dicho de forma sencilla: el bronceado no es salud, es señal de daño. Además, en las pieles claras muchas veces el bronceado aparece después de haberse sobrepasado el umbral de quemadura. El problema es que, aunque uno se queme menos con el tiempo, sigue acumulando daño que favorece envejecimiento prematuro de la piel y cáncer cutáneo», añade la especialista. 

En definitiva, no existe un bronceado saludable. «La recomendación dermatológica sigue siendo buscar sombra, evitar el sol fuerte del mediodía, usar ropa, gafas y sombrero, y aplicar un fotoprotector de amplio espectro SPF 30 o superior, reaplicándolo cada dos horas. Si alguien quiere color, la alternativa más razonable son los autobronceadores, que tiñen la capa más superficial de la piel sin necesidad de tomar el sol, aunque no sustituyen al protector solar», aconseja la doctora.