Sergio Gómez, nutricionista clínico: «La patata, si la dejas enfriar 24 horas, es maravillosa para tus bacterias»
VIDA SALUDABLE
El experto señala que comer a deshora, demasiadas veces al día o en una cantidad excesiva será perjudicial por mucho que se siga un patrón de alimentos adecuado
18 mar 2026 . Actualizado a las 14:00 h.¿Por qué cada vez hay más fatiga, ansiedad, intolerancias alimentarias o enfermedades autoinmunes? Sergio Gómez, nutricionista clínico, asegura que la causa es el deterioro de nuestras mitocondrias. «Estas pequeñas fábricas de energía mantienen en marcha cada una de tus células. Cuando ellas se debilitan por la mala alimentación, el estrés, la falta de sueño o el exceso de tóxicos, tu organismo entero empieza a fallar», sostiene. Su nuevo libro las tiene como protagonistas. Titulado Cuida tus mitocondrias y vive más años (Zenith, 2026); pretende que el lector recupere energía, evite enfermedades y gane en salud.
—¿Qué son las mitocondrias y cuál es su importancia?
—Las mitocondrias son como las pequeñas fábricas que tenemos dentro de nuestras células. Se encargan no solo de darle energía, sino de otras muchas funciones, como el control celular. Cómo nace una célula, cómo evoluciona y cómo tiene que morir cuando nos puede hacer daño o ha mutado y nuestro propio sistema la erradica para que no nos dé problemas. Así que las mitocondrias son como nuestras pequeñas fábricas de energía que nos permiten pensar, procesar información, realizar un movimiento o cualquier tipo de acción para que podamos vivir.
—¿Qué es la disfunción mitocondrial?
—La disfunción se da cuando las funciones propias de la mitocondria no pueden realizarse bien. Por ejemplo, por una falta de nutrientes o simplemente porque ciertas moléculas o sustancias hacen que nuestras mitocondrias no funcionen correctamente. Microplásticos, metales pesados o ciertos tóxicos que existen en el día a día pueden hacer que nuestras mitocondrias funcionen mal o simplemente, por ejemplo, el estrés o el sedentarismo, que son cosas más cotidianas.
—¿La disfunción mitocondrial da síntomas que podamos percibir nosotros?
—Sí, pueden producirse efectos como, por ejemplo, el cansancio, la fatiga crónica y la neblina mental. Toda la falta de capacidad cognitiva son signos que se pueden producir en la disfunción mitocondrial. Las patologías funcionales crónicas, no transmisibles, como por ejemplo, la diabetes tipo 2, la resistencia a la insulina, la hipertensión, patologías neurodegenerativas como el párkinson o el alzhéimer, e incluso patologías inflamatorias intestinales. Estos serían los signos más importantes y se pueden incluso medir, en algunos casos.
—¿Y podríamos hacer algo para que se creen nuevas mitocondrias?
—Las mitocondrias son muy agradecidas, pero también muy desagradecidas. Existe una prueba que sirve para medir un término que se llama zona 2. Las mitocondrias son como fábricas de energía y aquí voy a introducir varios términos. Por un lado, la flexibilidad metabólica. Esta significa que, en reposo o en trabajos de baja demanda, tus mitocondrias sean capaces de oxidar mayor cantidad de grasa para obtener energía y preservar el hidrato de carbono para momentos de alto impacto y de fuerza. En resumen, utilizar la grasa bajo demanda, en el bajo impacto, para poder preservar el hidrato de carbono en el alto impacto. Además, en esta zona 2 en donde se oxida más grasa pasa una cosa curiosa.
—¿Cuál?
—Que cuanto más volumen de trabajo le des, mayor número de mitocondrias vas a fabricar. Porque tu cuerpo, en un intento de ser más eficiente, va a crear más mitocondrias. Esto se llama biogénesis mitocondrial.
—¿Todos los déficits nutricionales se deben a una mala alimentación?
—No. Puede ser porque la persona, por ejemplo, esté sometida a mucho estrés que genere una inflamación de la mucosa del intestino, y esa inflamación del intestino genera otra circunstancia que se llama hipermeabilidad intestinal, en la cual hay una mala absorción de nutrientes. En esa mucosa, que es muy selectiva para poder absorber nutrientes en el torrente sanguíneo, parece ser que lo que se genera también es una absorción de sustancias tóxicas, que van a hacer que se sobreexprese tu sistema inmune y pueda generar problemas de autoinmunidad que te hagan caer en una inflamación de bajo grado.
—Comenta en el libro que la dieta mediterránea es una de las más equilibradas por su aporte en hidratos, proteínas y grasas saludables, pero que hay que matizar. ¿Qué hay que matizar exactamente?
—Al final, la dieta mediterránea es la mejor que hay. Pero unas de las patologías más actuales que hay son las metabólicas y esto pasa porque se está dando una occidentalización de la alimentación, que se basa más en lo que es una dieta americana, en la que abundan los ultraprocesados y los azúcares. ¿Qué tiene esto que ver con la mediterránea? Pues que por un lado está la gente que come muy mal por esa occidentalización y, además, dentro de la dieta mediterránea existen personas que comen a deshora, demasiadas veces o produce una sobreingesta de alimentos que, a priori, son muy buenos, pero comiéndolos correctamente.
—¿A qué se refiere con comerlos correctamente?
—Por ejemplo, la patata es riquísima y muy buena, pero si la dejas enfriar 24 horas baja el índice glucémico y es maravillosa para tus bacterias. Las legumbres también son buenas, pero hay gente a la que le sientan mal, bien porque la cantidad que está comiendo es demasiada y le está fastidiando o porque ya tenga una mala digestión por una pobre población bacteriana que hace que no se metabolicen bien.
—¿Los alimentos también deberían relacionarse con nuestra actividad física?
—¿Entrenas por la mañana y luego estás sentado todo el día? Comer hidratos por la mañana es maravilloso, pero si vas a estar trabajando toda la mañana y estás sentado, no tiene sentido. Si vas a entrenar por la tarde, puedes hacer una merienda que introduzca los hidratos de carbono de calidad e, incluso si después de entrenar has acabado a las ocho de la tarde y quieres cenarlos, estupendo, pero si vas a ver Netflix y no has entrenado, mejor no.
—¿Qué opina sobre el pan?
—No hay ningún problema en comer pan si vienes de entrenar. Pero puedes comer uno que, en lugar de ser el típico, lo compres de masa madre, trigo sarraceno o quinoa. Así, el índice glucémico es más bajo. Hay alternativas, lo que pasa es que este tipo de productos son carísimos. El problema es que cuando estás sentado todo el día y no haces ejercicio y estás comiendo pan a toda horas, te vas a hacer diabético, ni más ni menos.
—¿Qué importancia tiene dormir para las mitocondrias?
—En el libro hablo sobre cómo vivir más. Además de explicar cómo funcionan las mitocondrias, qué comer para que tengan sus nutrientes y el ejercicio físico, hay otras dos circunstancias relevantes. Una, los biorritmos, la higiene del sueño. Las mitocondrias están muy ligadas a que entre la luz por los ojos, que se activen una serie de mecanismos con los genes reloj que tenemos por toda la periferia del organismo, y se activen una serie de neurotransmisores. Normalmente estamos expuestos a estímulos que engañan a estos genes reloj, a esta información que recibimos a través de la luz. Yo estoy ahora mismo sentado aquí y tengo en mi clínica unas luces blancas, pero esto hasta la noche no es lo idóneo. La luz natural debería ser la que llegue a nuestros ojos para que tengamos la información necesaria para que nuestro cuerpo esté en estado de alerta o que esté en uno de irse a dormir.
—Y quedaría la segunda circunstancia...
—El estrés. Pone en marcha una serie de mecanismos para que exista una desregularización de nuestro sistema simpático y parasimpático. Invito a la gente a tener rutinas, sobre todo, de autocuidado. Al final, esto es una bola: si no haces ejercicio, no estimulas tu sistema nervioso ni tu sistema inmune. Ya no tienes tantas ganas de descansar. Si comes mal, te pegas un picazo de glucosa por la noche y no duermes correctamente. Eso le pasa a mucha gente que come bien y un día sale a cenar, come mal y esa noche duerme fatal. La praxis alimentaria: el cómo lo hagas y que tomes los ingredientes necesarios para que puedas formar las hormonas o neurotransmisores idóneos, como puede ser la melatonina, ya no lo estás haciendo… Si ya comes mal, no haces ejercicio, encima te expones a luz artificial y a factores que fastidian tu higiene del sueño, como algún problema en tus relaciones sociales, normal que no duermas.